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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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01 Septiembre 2019 03:50:00
Pejeblindaje
Ramón, 50 años, cabello estilo militar, zigzaguea con su taxi en medio del endiablado tráfico de viernes de la Ciudad de México, rumbo al aeropuerto. Conduce seguro mientras somete al interrogatorio de rigor al pasajero. Después de averiguar procedencia y destino de este, suelta la pregunta a bocajarro: “¿Usted qué opina del Peje?” Así, “El Peje”, no el presidente ni López Obrador.

Tras escuchar la ambigua respuesta del pasajero, carente de interés en iniciar una discusión, Ramón afirma contundente: “Yo estoy de acuerdo con todo lo que hace, menos con la suspensión del aeropuerto de Texcoco”. Seguramente para no parecer antichairo, explica que vive en Ecatepec, una de las zonas más violentas, y la suspensión de la terminal aérea en Texcoco frenó proyectos beneficiosos para ese lugar, como nuevas vías rápidas.

Además, argumenta, el aeropuerto y sus millares de usuarios obligarían a las autoridades a estrechar la vigilancia en el sector, azotado por la delincuencia. Espera, incluso, que El Peje recapacite al respecto: “Con tantos problemas y amparos, un día de estos anunciará que deja en manos de la iniciativa privada la construcción”.

“Pero, ¿lo de las estancias infantiles?”, se atreve a opinar el pasajero. “Eso estuvo muy bien”, asegura categórico Ramón, quien dice conocer a una vecina que se hizo rica “inflando” el número de niños inscritos en su guardería. “Era pura corrupción”.

Ramón y sus puntos de vista explican de alguna manera la razón por la que el presidente Andrés Manuel López Obrador conserva el apoyo del 71% de los mexicanos, según encuesta dada a conocer por una empresa a la cual es imposible tildar de lopezobradorista.

El Peje es un fenómeno. La comentocracia -y me incluyo- esperaba ver desplomarse su astronómico porcentaje de aprobación debido a diferentes causas: aumento de la violencia y exhibición cada vez más ostentosa de las terroríficas prácticas del crimen organizado, estancamiento de la economía, pérdida en el renglón del empleo, debilidad del peso y parálisis de dos de las tres obras magnas anunciadas con bombo y platillos: Santa Lucía y el Tren Maya.

Sin embargo, estos datos duros, capaces de socavar la popularidad de cualquier jefe de gobierno, no le afectan. Y hay millones de ramones en este país a quienes los indudables negativos de la gestión administrativa parecen no importarles. Su cariño y admiración por El Peje se ocupan de construir a su alrededor un blindaje impenetrable.

¿Dónde está el misterio? Posiblemente, una de las razones sea el hartazgo de los mexicanos cultivado a lo largo de varios sexenios significados por la ineptitud, la frivolidad y, sobre todo, la corrupción. Ni sus más virulentos críticos se atreven a dudar de la honestidad de López Obrador, la cual presume un día sí y otro también.

Está, además y sin duda, el carisma. Su capacidad de acercarse y conectar con la gente por medio de lenguaje salpicado de frases populares. Habría que agregar el enfrentamiento clasista con algunos poderosos, a quienes ciudadanos de pocos y medianos recursos culpan de todos los males que aquejan al país.

Contra los políticos carismáticos no hay datos duros capaces de abollarles el blindaje. Hay ejemplos históricos. Sin afán de establecer comparaciones, Antonio López de Santa Anna, considerado el peor mandatario habido en el país, fue llamado 11 veces a ocupar la Presidencia de la República tanto por liberales como por conservadores. El carisma, señores, el carisma.
26 Enero 2020 04:00:00
El que se atreve a decir no
En un marasmo de uniformidad discursiva de los miembros de Morena convertidos en aburrido coro haciendo eco de las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador, surge, ahora sí que a la mitad del foro lopezvelardiano, la fogosa voz discrepante de Porfirio Muñoz Ledo condenando la actuación del Gobierno federal ante la caravana de migrantes centroamericanos que intentó introducirse al país.

Resulta extraño, pero a la vez alentador, que sea precisamente la voz de un hombre de 86 años la que venga a romper la convenenciera unanimidad de criterios de los funcionarios y legisladores morenistas.

Verdadero fenómeno de la política nacional, su currículum arranca en los lejanos días cuando fue aguerrido presidente de la sociedad de alumnos de la Facultad de Derecho de la UNAM.

El resto es una acumulación apabullante de los más distintos cargos: secretario de Educación Pública y del Trabajo y Previsión Social, candidato a la Presidencia de la República, tres veces diputado federal, senador, en tres ocasiones embajador de México –ante la ONU, la Unesco y la Unión Europea–, presidente de dos partidos políticos, del PRI y del de la Revolución Democrática, ha pertenecido a cuatro: los dos ya citados, el Partido del Trabajo y el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana. Hoy representa a Morena en la Cámara de Diputados y tiene bien ganada fama de temible polemista.

Disminuido físicamente –los años no perdonan– Porfirio Muñoz Ledo conserva sin embargo intacto su espíritu de rebeldía demostrado en 1988, cuando abandonó el PRI, al que pertenecía desde 1954.

Entonces lo hizo al repudiar las formas en que el tricolor designó a su candidato a la Presidencia y formó con Cuauhtémoc Cárdenas lo que se llamó la Corriente Democrática.

Ahora viene a demostrar que la flama sigue encendida y que, como lo dijera Albert Camus, el hombre rebelde es el que se atreve a decir no. Y Muñoz Ledo ha dicho no con toda la fuerza sonora que su desgastada garganta se lo permite.

Una rápida revisión a la biografía del personaje explica su postura contestataria, beligerante, con respecto a la política migratoria del actual Gobierno.

Su voz ha sido la única importante surgida de las filas de Morena en reprobar cómo son tratados los migrantes centroamericanos en nuestra frontera sur, víctimas de lo que llamó “salvaje represión”, mientras el resto de sus compañeros de partido optó por un acomodaticio –¿atemorizado?– silencio cómplice.

Y la condena la ha expresado en forma por demás clara, a pesar de los esfuerzos de la presidenta de la Cámara baja por acallarlo y la borreguil votación de los diputados morenistas al negarle el uso de la palabra.

Esta obsequiosa unanimidad de los legisladores de Morena le mereció una frase lapidaria, al decir que actuaron “como un partido de línea, más eficaz que el PRI”, lo que a su juicio representa “un salto atrás de 20 o 30 años… Yo no sé de dónde llegó la instrucción; fue muy doloroso ver a mis amigos votar tan agresivamente. Lo que aquí hubo fue miedo a la verdad, clausura del pensamiento”.

Y fue más allá en una entrevista concedida a los periodistas: “Morena se sale de mi corazón, de mi ilusión, y eso me da una pena inmensa”.

Personalidad controvertida, pero a la que ni tirios ni troyanos se atreven a negar dos valores: el de la inteligencia y el de la valentía. Porfirio Muñoz Ledo acapara de nuevo los reflectores en un programa político que amenazaba con volverse un monólogo.


23 Enero 2020 04:05:00
Literatura y política
Una pregunta: ¿Qué autor mexicano se atrevería a emular a don Benito Pérez Galdós en acometer la tarea de novelar la historia de México en la época reciente? Si alguien se echara a cuestas esta tarea, seguramente nos ofrecería una gran variedad de novelas: trágicas (2 de octubre y Jueves de Corpus), político-policiacas (usted haga la lista), picarescas (elija los sexenios) y hasta humorísticas (rifemos el avión y ofrezcamos abrazos y no balazos).

La pregunta anterior se vuelve pertinente porque este año se cumplen 100 de la muerte de Pérez Galdós, cuya inacabable obra fue en su tiempo lectura obligada para todo hispanohablante con ínfulas de culto, y al paso del tiempo se volvió diana predilecta de algunos autores de la siguiente generación para lanzar sus dardos más envenenados.

Hace algunos meses, el renovado interés en la novela histórica me llevó a volver a sus Episodios Nacionales, en los que el prolífico don Benito eligió como tema la historia de España por un periodo de 75 años, de 1805 a 1880. En algún rincón de la memoria tenía almacenado un título, Trafalgar, primera de su larga serie de 46 novelas –¡sí, 46!– leída en la juventud. A raíz de esto, por uno de esos milagros que de vez en cuando gusta hacer San Juan Gutenberg encontré el viejo volumen en el caos que me empeño en seguir llamando biblioteca.

Releer Trafalgar fue el gancho para buscar las siguientes novelas de la serie, lo cual fue posible a la maravilla de la Biblioteca Virtual Cervantes. Y como no quien quiere la cosa, el año pasado acabé despachándome las 46 que dedicó Pérez Galdós a la historia de su país. No es ninguna hazaña. Son libros de lectura amena donde se mezclan acertadamente el dato duro de los acontecimientos ocurridos con la ficción.

Por extraña coincidencia, y sin pensar siquiera en el centenario de la muerte de Galdós, luego del reciente reencuentro de quien esto escribe con sus Episodios, Letras Libres le dedicó en su número de este mes dos artículos, uno de Leonardo Romero Tobar, Galdós, Una Pasión Viajera, y el extracto de otro aparecido en 1998 en la revista Vuelta, firmado por Christopher Domínguez Michael.

El extracto del artículo de Domínguez Michael, aborda las rabiosas reacciones de los escritores de la siguiente generación, la llamada del 98, contra la obra e incluso la biografía de don Benito. Reacciones que el autor del artículo explica por motivos políticos y recoge en algunas verdaderas perlas de ese inexplicable odio. “No es cínico como Verlaine, ni satírico como Baudelaire, ególatra como Nietzsche. En Galdós no hay llama”, sentenció Pío Baroja. César González Ruano (¿alguien recuerda quién fue?) pontificaba profetizando que “ni con la mejor voluntad podían respetarlo los jóvenes”, Antonio Espina (otro nombre en el cajón del olvido) aseguró con suficiencia: “Galdós fue una inmensa medianía”.

Sin embargo, sus antes despreciadas obras siguen reeditándose y, suponemos, leyéndose, mientras los libros de sus detractores reposan, quizá para siempre, enterrados bajo el polvo del olvido. Acierta Domínguez Michael: “en los detractores de Galdós influyeron cuestiones políticas. España había transitado de la república a la monarquía”. Hoy quizás sea válido preguntar qué autores del pasado reciente son candidatos al infierno del ninguneo por los intelectuales orgánicos de la 4T. Bueno… ya empezaron con Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze.


19 Enero 2020 04:05:00
Golpe al federalismo
En el afán de fortalecer su proyecto del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (Insabi) arrancado en medio de tropiezos, fuertes críticas y evidentes deficiencias, el presidente Andrés Manuel López Obrador, lanzó el jueves una advertencia –quizá sería mejor calificarla de amenaza– a los gobernadores que se nieguen a adherirse al Instituto. Quienes se muestren renuentes, agregó, “no tendrán recursos de los 40 mil millones de pesos adicionales para el sector salud”.

Así, el primer Mandatario utiliza como arma el presupuesto federal, lo cual, véase desde donde se vea, es una muestra sin máscara y sin velos de una brutal centralización del poder que vulnera seriamente al sistema federal y la soberanía de los estados.

Por principio de cuentas, fue el Ejecutivo nacional que sin consenso de los gobernadores puso en marcha el cuestionado Instituto, que de entrada, requirió una amputación de los presupuestos aplicable al desaparecido Seguro Popular, del cual hasta el 31 de diciembre anterior gozaban las entidades federativas.

Encima de eso, López Obrador dispone del presupuesto federal, proveniente de impuestos recaudados en todas y cada una de las 32 entidades federativas del país, como si se tratara de la caja chica de la Presidencia. Estamos ante un nuevo golpe al ya de por sí endeble sistema federal, que adoptó México para gobernarse desde la Constitución de 1824. Es decir, hace la friolera de 216 años.

Avanzó un tramo más la galopante centralización del país a partir del nuevo Gobierno, cuyo último golpe ha sido la amenaza –él la llamó “advertencia”– presidencial a los gobernadores que no se adhieran al Insabi o, en otras palabras, a los mandamientos presidenciales.

Desde una perspectiva histórica esto resulta más que paradójico: incongruente. Recordemos que en la pugna política que dominó buena parte del siglo 19, fueron los conservadores, a quienes tanto dice odiar el Presidente, los que pugnaron por el restablecimiento de un régimen centralista. Pues bien, esos odiados conservadores lograron temporalmente restablecer el centralismo durante la presidencia de Antonio López de Santa Anna.

Fue él quien abrogó la Constitución y la sustituyó por las llamadas Siete Leyes e instauró el centralismo. Los resultados de la idea de Santa Anna fueron catastróficos: los habitantes de Texas se rebelaron, declarándose defensores del federalismo, y acabaron por amputar a la República ese extenso territorio.

Las subsecuentes tragedias nacionales fueron producto de lo que podríamos llamar un “efecto dominó”. Los tejanos fundaron su República, la de la estrella solitaria, y una década después de la separación de México decidieron unirse a Estados Unidos de Norteamérica, detonante de una guerra que al final de cuentas costó al país miles de muertos y la mitad de su territorio.

La historia no está obligada a repetirse. Es obvio que las condiciones y las circunstancias son hoy muy distintas a las que privaban a la mitad del siglo 19. Sin embargo, el presidente López Obrador, quien tanto gusta de hacer citas históricas, debería dar una releída a los capítulos dedicados a la Presidencia de Santa Anna, la segregación de Texas y la invasión norteamericana, cuando menos para dejar de vituperar a los despreciados conservadores, cuando él copia tan al pie de la letra los métodos que ellos utilizaron con funestísimos resultados.

Bien dicen que en política los extremos se tocan.
16 Enero 2020 04:05:00
Serenidad
La apresurada creación del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar y los graves problemas provocados por la improvisación. La tragedia de Torreón y su secuela. El regreso del avión presidencial al frustrarse su venta en Estados Unidos. En Tegucigalpa, Honduras, se forma otra caravana de migrantes que pronto se convertirá en nueva presión para la frontera de México. La guerra de baja intensidad en Medio Oriente, la cual en cualquier momento puede escalar a conflicto mayor. Más corruptelas del abogado Juan Collado reveladas por el Gobierno federal. Pronósticos desalentadores acerca de la economía de México para este año. La colección de autos del hijo del senador y líder obrero, Napoleón Gómez Urrutia. Cura pederasta confiesa haber abusado “casi todos los días” de menores. La muerte del guitarrista Chamín Correa.

Agregue a lo anterior la fuerte dosis diaria de crímenes violentos perpetrados por el crimen organizado y el desorganizado que nos recetan, con una puntualidad digna de mejor causa, la tele y demás medios de comunicación. La verdad, sobran temas –todos deprimentes– para cualquier analista u opinador.

Sin embargo, hay algo que se llama hartazgo, y este escribidor se declara saturado de malas noticias y tiene la cortesía de invitar a sus hipotéticos lectores deseosos de echarse un clavado en la maloliente y desazonadora realidad, a buscar los comentarios de otros opinadores todavía atentos al acontecer cotidiano. Si abandonan la lectura de este texto, yo lo comprendo, diría Roberto Cantoral.

Lo comprendo, pero no me sangra la herida, como a Cantoral, aunque sí me temo sufriré una sangría de lectores. Ni modo. Me arriesgo. Hago a un lado los tres periódicos que leo, abandono el celular y sus conexiones con órganos informativos nacionales y extranjeros, y tomo un pequeño volumen que descansa sobre mi mesa de trabajo.

Está empastado. Lomo y esquinas en rojo. Un ejemplar raro y viejo: se publicó hace 101 años. Se titula Plenitud, y aunque su autor es Amado Nervo, no es de poesías. Es una colección de pensamientos dirigidos, se supone, a jóvenes estudiantes. También resulta extraña la editorial: Escuela Tipográfica Salesiana. Pero, como se sabe, Nervo estudió en un colegio católico, el de San Luis Gonzaga, en Jacona, Michoacán, del cual era director un tío suyo, el sacerdote José Mora y del Río.

¿Pidió don José Mora a su sobrino escribir esta obra destinada a la elevación espiritual y cívica de los alumnos del Colegio de San Luis Gonzaga? Puede ser, pero lo cierto es que los textos de Nervo en Plenitud respiran esa serenidad que tanto extrañamos hoy.

“Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor. Adolescente, joven, viejo, siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor”, escribió Nervo con frases olorosas a una religiosidad que trasciende hasta su poesía. Pero también le preocupaba la educación cívica de los jóvenes a quienes, suponemos, dedicó el libro. Hay en él consejos, digámosles así, para mejorar la convivencia con los demás: “La vida por breve que sea nos deja siempre tiempo para la cortesía… Huye de las gentes que te dicen: ‘Yo no tengo tiempo para gastarlo en etiquetas’. Su trato te rebajará. Esas gentes están más cerca de la animalidad que las otras. ¡Qué digo! La animalidad se ofendería”.

Me excuso por no abordar hoy temas de la agenda nacional, pero creo –o quisiera creer– que darle un respiro al lector es, dadas las actuales circunstancias, un acto de cortesía.
12 Enero 2020 02:59:00
¿Por qué?
Parecía una mañana cualquiera, excepto por la frialdad con que Dylan se despidió de su madre. “Era un tono plano, de-

sagradable”, recordaría ella después. El muchacho salió de prisa. Debía asistir a una clase de boliche.
Al entrar a la adolescencia le cambió el carácter. Antes, el niño amable, obediente y trabajador que era, se volvió introvertido, hosco, descuidado en lo que se refiere a su aspecto y desordenado en sus horarios. Nada que no fuera imputable a los cambios producidos en la adolescencia.
Dylan salió de su casa. Un hogar normal, donde había recibido cariño y cuidados de su madre que administraba un centro universitario, y de su padre, ingeniero geofísico a quien le diagnosticaron fiebre reumática, lo cual disminuyó su capacidad de trabajo. El chico y su hermano mayor nacieron y crecieron en un hogar estable de clase media, donde nada sobraba, pero nada faltaba. Un hogar como hay decenas de miles

en Estados Unidos.
Aquel 20 de abril de 1999, después de despedirse de su madre, Dylan no asistió, como estaba planeado, a la clase de boliche. Fue a reunirse con su amigo Eric Harris, hijo de un exmilitar. Poco después, los dos muchachos iniciaron un tiroteo en la escuela. Después de matar a 12 alumnos y a un profesor, se suicidaron.
Aquella aberrante e impredecible conducta pasó a la historia de Estados Unidos como “la Masacre de Columbine”, la cual, por desgracia, ha servido de inspiración a otros chicos, muchos de ellos miembros de familias normales, cuyas madres los mandaban a la escuela con el clásico emparedado de mantequilla de cacahuate y mermelada, y en sus cumpleaños apagaban velas en un pastel la más de las veces horneado en casa.
Sue Klebold, madre de Dylan, todavía no acaba de entender qué sucedió. Cómo un niño casi modelo, se convirtió en lo que la revista Time calificó de “monstruo”. ¿Dónde adquirió ese odio contra todos, ese racismo demencial y esa tendencia suicida?
La señora Klebold intenta explicarse el horror de aquel 20 de abril en su libro A Mother’s Reckoning (El Juicio de una Madre). Y la única explicación de lo sucedido que ella encuentra es que su hijo, sin haberse percatado nadie, padecía un grave trastorno mental.
Hoy, estremecidos ante la tragedia, los coahuilenses vivimos una réplica de la masacre de Columbine en el Colegio Cervantes de Torreón. El autor del tiroteo, un niño de 11 años, copiando el atuendo de Eric Harris y su camiseta con la leyenda “Natural Selection” –nombre también de un videojuego extremadamente violento– salió del baño con dos pistolas y disparó contra su maestra, que cayó muerta e hirió a varios alumnos y a un profesor. Luego, al igual que Eric y Dylan, colocó el cañón de una de las pistolas en su cabeza

y se mató.
Podemos intentar explicarnos el hecho hablando de la falta de la madre, quien había muerto, o la ausencia del padre. También es válido culpar a los videojuegos violentos o al clima de violencia que envuelve al país. Es válido. Como lo es también la teoría de la señora Klebold.
Imposible descartar cualquier hipótesis, pero después de la tragedia es pertinente preguntarnos cómo es posible que un alumno de sexto año de primaria pueda introducir dos pistolas a su escuela. Esto sí es evitable con la coordinación de las autoridades educativas, que ya habían propuesto medidas anteriormente, los profesores y los padres de familia.
Nota: The Guardian hizo una larga entrevista a la señora Klebold en la que habla de los puntos fundamentales de su libro.

Disponible en YouTube.


09 Enero 2020 04:06:00
Un boleto en la cartera
Envuelto, como casi todos, en premoniciones apocalípticas debido a la enloquecida decisión de Donald Trump de atacar Bagdad y matar a dos personajes claves del Gobierno de Irán, lo cual, piensan algunos, podría desatar una guerra de consecuencias impredecibles, quien esto escribe asume la responsabilidad ética de no opinar ni hacer predicciones sobre un asunto del que se confiesa totalmente ignorante. ¿Qué puede decir acerca del conflicto y sus repercusiones quien está a varios años luz de entender la enmarañada y siempre explosiva situación del Medio Oriente?

Por ello, por respeto a sus hipotéticos lectores y también por salud mental, estas líneas abordan un tema totalmente ajeno al que hoy desvela a medio mundo: la muerte de un deportista legendario ocurrida el primer día de 2020, año que definitivamente se levantó con el pie izquierdo.

Hace ya mucho tiempo, Ramiro Lozano Valdés, hermano de la madre de este escribidor, abogado, maestro universitario y alto funcionario de Gobierno, cargaba en su cartera, además de su credencial de manejar y tarjetas de visita, dos objetos para él de valor inapreciable: una fotografía de su querida hija María y el boleto para asistir a un partido de beisbol en el mítico y ya desaparecido Yankee Stadium el 8 de octubre de 1956.

Ese día jugaron el tercer partido de la Serie Mundial los Yanquis de Nueva York y los Dodgers de Brooklyn. Las cosas no iban nada bien para los neoyorquinos. Habían perdido los dos primeros juegos de la serie, pero ese 8 de octubre era la fecha señalada para que la disputa por el campeonato diera un viraje histórico.

Un lanzador no muy regular en sus actuaciones llamado Don Larsen, defendía desde la loma de los disparos –como decían antes los cronistas deportivos– el uniforme a rayas de la novena de Nueva York, que todavía no estrenaba el apodo de “La Gran Manzana”.

Detrás del home estaba el folclórico Yogi Berra, cuyas ocurrencias forman parte del sabroso anecdotario del beisbol. Salvatore Maglie, uno de los grandes lanzadores de todos los tiempos, era el encargado de defender los colores de los Dodgers.

Ramiro estaba en las graderías del estadio. Fanático del beisbol, no se perdía una Serie Mundial, mucho menos una que podía seguir en sus dos sedes con solo cruzar el puente de Brooklyn. A medida que avanzaba el juego crecía la tensión en las tribunas. Allá por la quinta entrada, contaba Ramiro, el público empezó a comentar el buen desempeño de Larsen, quien no había permitido a ningún contrincante pisar la primera base. Y así, con dominio absoluto, Larsen transitó la sexta, la séptima y la octava entrada.

Al abrir la novena cayeron dos outs. Faltaba el tercero. Tocaba el turno al poderoso bateador Dale Mitchell. La pizarra marcaba en ese momento una bola y dos strikes. Con los nervios de punta de cuanta gente había en el estadio, Larsen preparó su lanzamiento. Levantó la pierna derecha y lanzó una recta que cruzó el plato ante la mirada atónita de Mitchell, que se ponchó.

El estruendo del público amenazó con hacer caer el techo del Yankee Stadium cuando Larsen completó el único juego perfecto en la historia de las Series Mundiales y Yogi Berra corrió para abrazarlo. El boleto de entrada para el tercer juego de la Serie Mundial de 1956 era para Ramiro una suerte de gran premio por su amor al beisbol.

El pasado 1 de enero murió Don Larsen en Hayden, Idaho. Tenía 90 años. Los periódicos dieron la noticia en dos párrafos.


Descanse en paz.


05 Enero 2020 04:00:00
¿Carranza, héroe fifí?
La equidad histórica de género relegó a un segundo plano el centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el cual habrá de cumplirse el mes de mayo. Cuando todo apuntaba, e incluso se había propuesto, dedicar la conmemoración anual a la desaparición del único Presidente de México asesinado mientras estaba en funciones, el Periódico Oficial de la Federación publicó un decreto declarando al recién arrancado 2020 “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”.

Sin regatear méritos a doña Leona Vicario, heroína de la Independencia y esposa de don Andrés Quintana Roo, era de esperarse que el Gobierno central decidiera honrar a don Venustiano. Más, cuando el año anterior se dedicó a otro revolucionario, Emiliano Zapata, quien también cumplió un siglo de haber dejado este mundo.

A modo de cuña metida a última hora, instancias oficiales del Gobierno federal encajaron en los últimos meses del pasado año otra conmemoración luctuosa centenaria, la del general Felipe Ángeles. Coincidentemente, los dos, Zapata y Ángeles, murieron durante la presidencia de don Venustiano. Como se sabe, Zapata, santón de la 4T, fue asesinado tras caer en una trampa en la hacienda de Chinameca, Morelos, y Ángeles murió fusilado después de capitanear un fracasado movimiento armado contra el Gobierno de Carranza.

¿Por qué preferir a Leona Vicario en lugar de nuestro coterráneo de Cuatro Ciénegas? ¿Pesaría realmente la equidad de género, o se consideró a don Venustiano un personaje histórico ‘fifí’ incompatible con la posición ideológica de la 4T? ¿Acaso se le negó el honor por haber sido indirectamente responsable de la muerte de dos revolucionarios más identificados con esa entelequia tan manoseada que llaman pueblo?

Si la razón fueron las muertes de Zapata y Ángeles, estamos ante una soberana tontería. Hace algunos meses, en la capital del país, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, para ser preciso, tuve la oportunidad de hablar del movimiento Constitucionalista encabezado por don Venustiano.

En esa ocasión recordé que en su calidad de jefe del Ejecutivo federal, Carranza tenía entre sus obligaciones la prioritaria de pacificar al país, y tanto Zapata como Ángeles estaban en pie de guerra contra su Gobierno legalmente constituido.

Además, como es bien sabido, ejercer el poder desgasta. Zapata lo tuvo en el estado de Morelos y algunas de sus decisiones resultan muy cuestionables. Ángeles fue un brillante militar, pero nunca gobernó ni siquiera un municipio.

Por otra parte, el de Cuatro Ciénegas tenía bien aprendida la lección de Madero, cuyo funesto final se inició con la Decena Trágica detonada por dos enemigos de su Gobierno, Bernardo Reyes y Félix Díaz, a quienes don Panchito les perdonó la vida.

Sin desdoro de la memoria de doña Leona Vicario, cuyo nombre llevó un tiempo la ciudad de Saltillo, este desdén federal al máximo héroe coahuilense, constructor del México moderno, debe ser un acicate para que en nuestro estado se conmemore de la manera más digna posible el centenario de la desaparición de un hombre al que México le debe, entre otras cosas, ni más ni menos que su Constitución.

Letras sueltas

Al declararse el 2020 como “Año de Leona Vicario, benemérita Madre de la Patria”, se completó la familia de la Nación, hasta hace poco monoparental, pues solo tenía padre, don Miguel Hidalgo y Costilla. Ahora ya tiene mamá, doña Leona Vicario. ¡Felicidades México Hidalgo Vicario!

29 Diciembre 2019 04:08:00
Corte de caja II
Desesperación de los reporteros con todas las oficinas públicas cerradas, ante la usual carencia de información, los días finales del año ofrecen a quienes escriben en las páginas editoriales de los periódicos la oportunidad a echar la vista atrás en un intento de proceder a una suerte de corte de caja. Sin embargo, 2019 da sus últimas boqueadas de una manera atípica, con el país enzarzado en una disputa diplomática capaz de llegar a punto de ebullición y la dosis cotidiana de noticias sobre hechos violentos.

El barullo noticioso sube de intensidad y no da tregua. Se quebró el puente de respiro que unía al año en fuga y el que asoma sus interrogantes en la siguiente hoja del calendario. En un ambiente tan desapacible como el clima de este 28 de diciembre, cuando escribo estas líneas, no por evasión sino por salud mental resulta aconsejable dar la espalda un rato a la política y a las ocurrencias presidenciales, para recordar, las más de las veces con tristeza, lo ocurrido en la esfera de la cultura los últimos 12 meses.

2019 fue año funesto debido a la pérdida de dos seres humanos de excepción que hicieron trascendentales aportaciones al conocimiento y a la sensibilidad de lo auténticamente mexicano. Es decir, lo mexicano despojado del traje siempre sospechoso del folclorismo.

Francisco Toledo, armado de pinceles y de los instrumentos de grabador, redescubrió nuestras raíces. Armado de una pluma, la pasión del investigador y una inteligencia de luminosa claridad, Miguel León-Portilla buceó también en nuestras raíces y dio nueva vida a una lengua cuya música se escuchaba en el altiplano desde siglos antes de la llegada de los españoles, recobrando con ello la voz de los vencidos en el traumático encuentro de dos mundos.

Homero dijo que como desaparecen las hojas de los árboles, igual pasan las generaciones de los hombres. Sentencia inapelable. Sin embargo, a diferencia de las hojas de los árboles que caen para ser sepultadas bajo el polvo del olvido, hay seres humanos capaces de desafiar esa sentencia creando obras perdurables, como las llama Renato Leduc.

Toledo y León-Portilla pertenecen a esa élite de privilegiados. Ambos cayeron como las hojas de los árboles, pero dejaron en el curso de sus vidas y trabajos obras imperecederas que forman parte de nuestra rica herencia cultural.

Según el coahuilense Julio Torri –me disculpo por el exceso de citas y el peligro de resbalar hacia la pedantería– la historia de un hombre está en su actitud. La frase es traje hecho a la medida para Toledo y León-Portilla, quienes, además de su talento y sabiduría, dieron altas y memorables lecciones de honestidad intelectual y generosidad. Quizá su secreto fue muy simple: amar su trabajo y disfrutarlo intensamente. Las pinturas y grabados de Toledo rezuman ese amor a lo que se hace, e igual ocurría oyendo hablar a Miguel León-Portilla sobre el valor de las lenguas que la modernidad parece obstinada en desaparecer.

Recordarlos es, creo, una buena forma de terminar un año que se significó por la confrontación y la polarización, mientras el crimen campeaba en varias zonas del país. Si en México pueden florecer espíritus como los de Toledo y León-Portilla, existen todavía, por fortuna, ganchos firmes, seguros, donde colgar nuestra esperanza.

Letras sueltas
Mis mejores deseos de armonía y salud para todos, esperando que el año próximo les sorprenda con muchos días de felicidad y realizaciones.
22 Diciembre 2019 04:08:00
2019: recuento/ 1
Con el 2019 a punto de expirar, resulta aconsejable hacer un recuento de los 12 meses que están a días de pasar a la historia. De 2019 puede decirse cualquier cosa, menos que fue aburrido. Hubo de todo. Menudearon las noticias negativas y tristes, mientras las positivas y optimistas el destino decidió proporcionarlas con gotero.

En distintos medios de comunicación, especialmente la televisión, se arman en esta temporada foros para discutir quién fue la figura más destacada del año y cuál el acontecimiento noticioso más relevante tanto en el plano nacional como en el internacional. Dos categorías a las que, en nuestro caso, es necesario agregar lo ocurrido en el ámbito local.

Figura nacional. Controvertido, adorado por unos, duramente criticado por otros, a ratos dando bandazos hechos públicos en sus declaraciones, el hombre del año fue sin duda Andrés Manuel López Obrador. Su estilo personal de gobernar, que a no todos convence, por supuesto, ha marcado profundas diferencias con el pasado.

Este 2019, que ha sido también su primer año de Gobierno, ofrece contrastes, luces y sombras. Incongruente por momentos, sostiene su discurso en el combate a la corrupción y, sin embargo, uno de sus colaboradores más cercanos, Manuel Bartlett, es exonerado por la titular de la Secretaría de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval
Ballesteros.

Esto después de haber salido a la luz pública la faraónica fortuna de Bartlett y sus allegados, que omitió incluir en su declaración patrimonial. ¡Bonito regalo de Navidad envuelto en papel color de impunidad recibió el director de la Comisión Federal de Electricidad!

La decisión de doña Eréndira le ganó en automático el discutible honor de ser comparada con Virgilio Andrade, que en el sexenio pasado no encontró ni sombra de conflicto de intereses en el caso de la siempre recordada casa blanca. Pero, lo que es peor, Sandoval Ballesteros erosionó el pilar principal del discurso presidencial, sembrando la duda sobre si solo se trata de un recurso retórico.

Con la esperanza de que 2020 traiga al Gobierno federal una buena dosis de congruencia, indispensable para la buena marcha del país, López Obrador es el hombre del año.

Noticia nacional. La reciente detención de Genaro García Luna en Estados Unidos y el juicio que se le seguirá en una corte federal de Nueva York ha sido elegida por algunos periodistas y opinadores como la noticia del año. Esperan –incluyendo al presidente López Obrador– que el otrora poderosísimo súper policía haga revelaciones comprometedoras que involucren a importantes políticos del pasado, entre ellos a expresidentes de la República.

Desde mucho antes de su detención, García Luna cargaba ya un negro historial por sus procedimientos poco ortodoxos, como fue el montaje para culpar de secuestro a la francesa Florence Cassez.

A pesar de todo, no debe olvidarse que el detenido enfrenta un juicio en el cual debe primar la presunción de inocencia, ni tampoco que hasta ahora las pruebas en su contra son declaraciones de narcotraficantes. No se trata de defenderlo, sino de poner las cosas en su verdadera dimensión.

En vista de lo anterior, me quedaría con “El Culiacanazo” como la noticia más impactante e importante del año, tanto por lo ocurrido, pero, principalmente, por la alarmante debilidad mostrada por el Gobierno al dejar la capital de un estado en manos de la delincuencia, renunciando a su capacidad –y obligación– de gobernar.
19 Diciembre 2019 04:06:00
Zapata cabalga de nuevo
Escribir libros o artículos destinados a periódicos o revistas es, en cierto modo, un salto al vacío. Equivale a tirar una piedra hacia atrás sin siquiera poder imaginar dónde caerá ni qué efectos causará, si es que alguno causa. “Habent sua fata libelli”, escribió hace ya casi 2 mil años Terentius Magnus, lo cual traducido al castellano significa que los libros tienen su destino. Magnus se refería no al libro en cuanto a objeto, sino a su contenido. Es decir, a las reacciones y sentimientos que es capaz de despertar en cada lector, quien en realidad lo reescribe desde su personal punto de vista o incluso a través de sus prejuicios.

Así, en ocasiones, el escribidor suda redondeando un texto que, piensa, provocará numerosas e importantes reacciones. Pero sucede que no sucede nada. Aquel artículo o libro que demandó tantas horas de trabajo, cuyo pulimiento pudo haber consumido horas, días o quizá hasta meses, pasa desapercibido y se hunde en el pantano de la indiferencia general.

En cambio, también ocurre que un texto hecho de prisa, con los ojos puestos en el reloj, un “maquinazo”, como antes se decía en las salas de redacción de los periódicos, causa algún revuelo, se comenta y, en el mejor de los casos, ayuda a corregir ciertas cosas que a juicio del redactor eran perfectibles. En estas situaciones, a veces el primer sorprendido es el autor del libro o el artículo.

A propósito, sorpresa mayúscula se llevó este escribidor cuando el martes anterior un amigo le llamó por teléfono diciéndole que, según Facebook, el artículo aparecido en este mismo espacio el jueves pasado, había sido compartido ¡65 mil ocasiones! El texto en cuestión es una carta dirigida a la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes reprobando el hecho de que el cuadrito representando a un Zapata feminizado, carente de cualesquier sospecha de poseer un valor estético, se exhibiera en los muros del que todavía nos obstinamos en considerar el máximo recinto cultural del país.

Quien se dedica a llenar hojas –ahora pantallas– de letras, espera, ciertamente, que alguien tenga la curiosidad suficiente y se dé tiempo para saber qué escribió y no abandone el libro o el artículo presa del aburrimiento. Sin embargo, de tener esa esperanza a hablar de 65 mil réplicas, hay una distancia astronómica.

La pregunta surge en automático: ¿Por qué tanto interés en el tema? Naturalmente había el antecedente de las reacciones de descendientes y simpatizantes de la figura de Emiliano Zapata, indignados por la forma en que el pintor representó al caudillo revolucionario. El asunto metió ruido y hasta hubo manifestaciones.

Sin el menor asomo de vanidad, me queda rondando la pregunta sobre el o los motivos de las reacciones de estas 65 mil personas. No hay, creo, más que dos posibles respuestas, y ninguna de las dos tranquilizadoras para la directora de Bellas Artes.

La primera sería lo viva que se mantiene la figura de Zapata en el imaginario colectivo y la admiración de muchos por su lucha en favor de los desposeídos. O los errores de la señora directora de Bellas Artes, que ya antes había ocupado las páginas de los periódicos y los espacios informativos de la radio y la televisión a causa de sus cuestionables decisiones.

Sea cual fuere la respuesta correcta, hay algo podrido en Dinamarca, diría Hamlet. En otras palabras: el Instituto Nacional de Bellas Artes no anda nada bien.
15 Diciembre 2019 04:05:00
Gracias, Mr. Juez
La aprehensión en Texas del secretario de Seguridad Pública en el Gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna, dio, según algunos analistas, un poco de oxígeno a la controvertida política de seguridad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Esto a pesar de que la noticia mandó a un segundo plano la aprobación del nuevo tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá, proclamada como un triunfo de la 4T.

La detención del controvertido exsecretario, a quien se acusa de recibir dinero de cárteles de la droga, tuvo la virtud, por lo pronto, de poner en marcha a una de las instituciones insignias del actual sexenio, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), últimamente muy activa en la tarea de congelar cuentas bancarias.

Casi de inmediato, tras conocerse la noticia de la detención de García Luna, funcionarios de la UIF “detectaron una triangulación de recursos federales entre dependencias federales, varias empresas y cuentas de Genaro García Luna”. Luego de ese descubrimiento, anunció el titular de la Unidad, Santiago Soto, se prepara una denuncia ante la Fiscalía General de la República, y el Gobierno federal analiza solicitar la extradición del exfuncionario.

Por pura vergüenza, el Gobierno federal y sus dependencias deberían evitar cualquier protagonismo en este caso, pues lo que hagan no será sino colgarse de la cola de un cometa legal adornado con la bandera de las barras y las estrellas.

El Gobierno de López Obrador acaba de cumplir un año, durante el cual uno de los villanos favoritos del Jefe del Ejecutivo federal en sus conferencias mañaneras ha sido el expresidente Calderón, iniciador de la guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, en los 12 meses transcurridos García Luna vivió tranquilamente en Miami sin que ninguna autoridad mexicana lo molestara.

Fue un juez norteamericano de la Corte Federal de Nueva York, quien, basado en las declaraciones de uno de los narcotraficantes que testificaron en el juicio del “Chapo” Guzmán, solicitó la aprehensión del antes llamado el superpolicía mexicano.

En otras palabras: las autoridades mexicanas, incluyendo a las de la UFI, tuvieron un largo año para armar el caso y no lo hicieron. Esperaron a que la chamba la hiciera un juez de la Corte Federal de Nueva York. Pero, eso sí, cuando el asunto ya estaba armado, entraron rápidamente en acción repartiendo declaraciones y congelando cuentas.

Desafortunadamente, no es la primera, y difícilmente será la última vez que un presunto delincuente mexicano encare a la justicia gracias al trabajo de funcionarios norteamericanos. De dar pena.


Letras sueltas

Entre las numerosas opiniones recibidas acerca del artículo ¡Es Bellas Artes, señora!, aparecido en este mismo espacio el jueves anterior, transcribo un párrafo de la enviada por el poeta Juan Martínez Tristán, quien se mostró de acuerdo con los puntos de vista sostenidos en ese texto. En su comunicación, el poeta y maestro subraya la pobreza estética del cuadrito de Emiliano Zapata y su irritación de que forme parte de una exposición en el que es –¿era?– el más alto recinto cultural del país. Dice:

“Además (se exhibe) en un sitio donde me tocó ver los dibujos originales de Da Vinci colocados en sala sombría bajo temperatura especial, El Pensador de Rodin o la Maja Desnuda de Goya, y como usted lo expresa, no merece, de ninguna manera que un bodrio de tal especie esté colgado en el máximo templo de la cultura mexicana”.

¿Así, o más clara la comparación?
12 Diciembre 2019 04:05:00
¡Es Bellas Artes, señora!
Señora directora:

Le escribo para hacer patente mi indignación por exponer la pintura de Emiliano Zapata en el que creíamos era el máximo recinto cultural del país, obra del hasta antes desconocido Fabián Cháirez. El cuadro, ya famoso gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación tradicionales, pretende ser una representación del general Emiliano Zapata mostrándolo desnudo con cuerpo de inconfundibles formas femeninas, sombrero rosa y zapatos de tacón alto. Este andrógino personaje, rodeado de una cinta tricolor, monta un amanerado caballo blanco con el miembro erecto.

Mire usted, señora directora, a un servidor lo tiene sin cuidado si don Emiliano era o no bisexual, y si sostuvo o no relaciones con Ignacio de la Torre y Mier, yerno de don Porfirio Díaz, que según opinión generalizada formaba parte de los 41 gays detenidos en una fiesta por la policía en la Ciudad de México. Como se sabe, Zapata fue caballerango de Ignacio, pero si el patrón y el empleado tenían intereses ajenos al cuidado y al entrenamiento de los equinos, sería asunto de ellos.

Tampoco tengo el más mínimo interés en las preferencias sexuales de Manuel Palafox, secretario de Zapata, quien, aseguran, era manifiestamente homosexual. También ni me va ni me viene que Amelio Robles, coronel del Ejército del Sur, fuera o no transgénero, como se rumora. Allá él si le gustaba vestirse de charro o de china poblana. A 100 años de distancia, ¿a quién le puede importar? En lo personal, me parece una forma deleznable de perder el tiempo eso de asomarse debajo de las sábanas de las camas donde se acuesta la gente. Cada quien su vida, diría el maestro Luis G. Basurto.

No, señora directora, mi indignación no nace, como ha ocurrido a otras personas, debido a que el cuadrito de marras pueda denigrar a un luchador revolucionario. Ya ve lo que cuentan de Alejandro de Macedonia, y ni así le quitan su lugar en la historia como exitoso conquistador ni el apodo de Magno.

Mi indignación surge por el poco respeto mostrado por usted y su equipo a los muros de las galerías del Palacio, pues el cuadrito de Cháirez es, desde un punto de vista estético y técnico, una porquería. Resulta inadmisible que esa pinturita relamida se encuentre en el mismo edificio donde están los murales de Diego, Siqueiros y Orozco y que, además, lo eligieran ustedes como imagen para promover la exposición Zapata después de Zapata.

No sé, ni me perderé mi tiempo en averiguar dónde estudió pintura el señor Cháirez, pero por ese cuadro, el único salido suyo que espero llegar a ver, me parece se entrenó en su “arte” copiando las figuras de las cartas de la lotería. Es de una simpleza de concepción y de composición inferiores a la de El Borracho, El Catrín o La Dama.

¡Y el marco, señora! Ese marco garigoleado hasta la náusea, epitome del kitch, es el complemento perfecto de la obra. Tan de mal gusto el uno como la otra. “Está el colote pal’ garrero”, como dicen en Castaños, Coahuila.

Señora, con usted vamos de mal en peor. Antes fue criticada por facilitar la sala principal del Palacio a cierta organización religiosa para realizar un homenaje a su líder, ahora acusado de cuantos crímenes sexuales pueda uno imaginar. De verdad, señora, dígame sinceramente, ¿no se ha dado cuenta de qué institución fue usted nombrada en mala hora directora general?

Es Bellas Artes, señora. ¡El Palacio de Bellas Artes!
08 Diciembre 2019 04:08:00
Hordas cibernéticas
El desaparecido y siempre añorado Umberto Eco es autor de una crítica ya clásica de las redes sociales, las cuales, decía, “le dan derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad.
Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho de hablar de un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”.

Se quedó corto. Las redes sociales no son solamente la invasión de los imbéciles, también, por desgracia, suelen ser palestra a la que los usuarios no suben a discutir, sino a insultarse. La ferocidad campea y se diría que hay una competencia para ver quién es más procaz, más hiriente.

Otra de las características deleznables de estas vías de comunicación es su capacidad de convertir en juez a cualquier hijo de vecino dispuesto a aprobar o a condenar –las más de las veces a condenar– a quien sea y haga lo que haga.

Un fenómeno digno de reflexión es lo ocurrido con Karen Spíndola en la Ciudad de México. Ella, en un mensaje enviado a su familia, les informó haber abordado un taxi cuyo chofer le resultaba sospechoso. Alarmados porque Karen no regresaba a casa, uno de sus hermanos “subió” a las redes el temor de que la mujer hubiera sido secuestrada.

Como en las últimas semanas han menudeado en la capital noticias acerca de mujeres acosadas en autos de alquiler, y una de ellas, Cinthia Moreno Hernández, reportada desaparecida luego de tomar un taxi, después encontrada muerta en la cajuela del vehículo, el desazonador mensaje del hermano de Karen desató una sicosis.

Miles, quizá decenas de miles de usuarios de las redes se mostraban preocupados por el posible secuestro de la supuesta desaparecida. El ciberespacio se llenó de llamados a colaborar en su localización. De inmediato, las autoridades iniciaron una investigación para dar con el paradero de la mujer. Es bien conocido el final de la historia: Karen regresó a su casa y poco después se supo que había desaparecido por encontrarse en un bar cercano a su domicilio.

Al saberse lo anterior, no se hizo esperar la avalancha de mensajes insultándola. Los que unas horas antes rogaban colaborar en su localización, la criticaron hasta por estar pasada de peso. En cosa de minutos, las hordas de Eco pasaron de ser aspirantes detectives, seres humanos solidarios, a enfurecidos ciudadanos dispuestos a lincharla.
La reacción hizo recordar las viejas películas norteamericanas donde el pueblo armado de antorchas va a la cárcel a sacar a un reo –afroamericano, de preferencia– para colgarlo y hacerse justicia por su propia mano.

Lo de Karen fue una estupidez. No obstante, entre la tontería de una mujer atolondrada a la categoría de crimen hay una gran distancia. Distancia que desapareció gracias a las redes sociales, que desde una laptop o un celular, y a veces amparadas en el anonimato, dan derecho a las hordas de Eco a montar un juicio fast track y ejecutar simultáneamente la sentencia condenatoria.

El “caso Karen” es demostración palmaria del poder de las redes sociales a la hora de potenciar la inclinación de los seres humanos a renunciar a la individualidad y sumarse a la masa. Es tiempo de releer a Gustave Le Bon (1841-1931) y su sicología de las masas, que ahora cuentan con un instrumento poderosísimo de enajenación, las redes sociales. Lo de Karen es anécdota, lo que puede venir, no.
05 Diciembre 2019 04:07:00
Villa Unión: lecciones
El sangriento ataque a la cabecera municipal de Villa Unión perpetrado por miembros de un cartel de la droga deja varias lecciones, las cuales se están tomando en cuenta.

1.- El territorio de Coahuila, como es bien sabido, se encuentra en una región del país donde la violencia ha instalado su imperio. Dos entidades colindantes con la nuestra, Chihuahua y Nuevo León, enfrentan muy serios problemas de inseguridad y son, según todo lo indica, campo de batalla de grupos de delincuentes dispuestos a hacerse del control del territorio. En Tamaulipas, separado de Coahuila por la estrecha franja de Colombia, los focos rojos de la seguridad se mantienen encendidos desde hace décadas.

Lo anterior obliga a no bajar la guardia y reforzar, como se está haciendo, los operativos de seguridad, entre los cuales, anunció el gobernador Miguel Riquelme Solís, está la construcción de tres bases para el Ejército y la Guardia Civil en el área de Villa Unión.
2.- La escasa población de la cabecera municipal atacada por los delincuentes, que muchos consideran una “plaza” poco rentable para los negocios ilícitos, como el narcotráfico y otros delitos, indica que ningún lugar está a salvo de los cárteles.

3.- La heroica actuación –no se me ocurre otro adjetivo– de los policías municipales y estatales que repelieron a los agresores, señala la necesidad de reforzar y apoyar a los cuerpos de seguridad de todos los niveles. Los policías de Villa Unión y los estatales son un ejemplo del cumplimiento del deber hasta las últimas consecuencias, y se hacen merecedores de un reconocimiento permanente de parte de todos los coahuilenses, especialmente aquellos que en la larga refriega y en franca desventaja perdieron la vida.

4.- Aunque en un acto de justicia, durante su acostumbrada rueda de prensa de las mañanas el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció el trabajo que en materia de seguridad ha realizado y realiza el gobernador Riquelme Solís, lo ocurrido debe ser tomado en cuenta para el ya urgente rediseño de las estrategias del Gobierno federal en la lucha contra la delincuencia organizada. Los abrazos en lugar de balazos, los guácala y los regaños de las mamás y las abuelitas de los delincuentes han sido, incluso retóricamente, un rotundo fracaso. Las estadísticas lo confirman todos los días. Mientras el presidente insiste en su postura de no combatir –hacer la guerra, según sus palabras– a la delincuencia organizada, lo sucedido en Villa Unión, y antes en Culiacán, demuestra que los delincuentes sí están en pie de guerra, resultando contraproducente mostrar la bandera blanca de la paz cuando los contrarios responden a balazos a esas invitaciones.

5.- Se ha dicho ya, pero no es ocioso insistir en ello. La inmediata reacción del gobernador Riquelme Solís ante la emergencia, trasladándose a Villa Unión apenas terminado el acto de entrega de su segundo informe en el Congreso local, demostró la disposición de las autoridades estatales, con él a la cabeza, de enfrentar las situaciones críticas y de tomar de inmediato las decisiones que se hacen necesarias en esas circunstancias.

La presencia del gobernante en Villa Unión cuando todavía estaba en el ambiente el olor a pólvora, tuvo, sin lugar a dudas, un efecto positivo en el ánimo de la mayoría de los coahuilenses, que sin soslayar la dimensión de la tragedia no se sienten angustiosamente indefensos, como pasó cerca de Villa Unión, en Allende, aquel 18 de marzo de 2011.
01 Diciembre 2019 04:05:00
Ovejas negras
Se diría que estamos empecinados en hacer realidad la breve fábula de Tito Monterroso, La Oveja Negra. Para quien no la conozca o la haya olvidado me permito reproducirla completa, porque, además, es siempre disfrutable:

“En un lejano país existió hace muchos años una Oveja Negra. Fue fusilada.

“Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

“Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura”.

Con la ironía que le caracterizaba y sin proponérselo, Monterroso profetizó en unas cuantas palabras estos tiempos que nos tocó vivir, cuando la exaltación de las ovejas negras se ha vuelto política de Estado y asunto cotidiano.

Gracias a ello, por decreto presidencial, los restos de perseguidos de ayer son exhumados y vueltos a inhumar con todos los honores en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores de la Ciudad de México.

Así, las cenizas de dos luchadores sociales, Valentín Campa Salazar y Arnoldo Martínez Verdugo, en su momento satanizados y perseguidos, hoy ocupan sendos lugares en la Rotonda. (Es de esperarse que hayan tenido el tino de enterrarlos en el extremo izquierdo del lugar).

Campa Salazar, miembro del Partido Comunista, dirigió, junto a Demetrio Vallejo, la huelga de los ferrocarrileros en 1959, la cual puso en jaque al Gobierno de Adolfo López Mateos. En la biografía de Campa se cuentan 12 las veces que fue aprehendido y enviado a prisión.

Su ayer compañero de lucha y hoy compañero de panteón, Arnoldo Martínez Verdugo, militó en cuanto partido de izquierda hubo en el México de aquellos años: Comunista Mexicano, de la Revolución Democrática y Socialista Unificado de México. Ambos, congruentes con su postura ideológica, lucharon hasta el final de sus vidas al lado de obreros y campesinos.

No los fusilaron, pero sufrieron continua persecución del Gobierno. Con quien sí se cumplió al pie de la letra la fórmula de Tito Monterroso fue con el general Felipe Ángeles, hoy elevado a la categoría de héroe con motivo del centenario de su fusilamiento ocurrido en Chihuahua el 26 de noviembre de 1919. Pundonoroso militar y hábil artillero, Ángeles se unió a la Revolución maderista y estuvo preso con don Francisco en Palacio Nacional. Por alguna razón, de los tres prisioneros de Huerta –Madero, Pino Suárez y él–, fue el único que salvó entonces la vida. A Madero y a Pino Suárez los asesinaron cuando supuestamente los trasladaban a la cárcel de Lecumberri.

Durante la Revolución Constitucionalista se unió a Francisco Villa, y según algunos autores, su capacidad de estratega y su buena puntería al disparar cañonazos hicieron posibles algunas de las más famosas victorias de la División del Norte. Derrotado Villa, se exilió un tiempo en Estados Unidos, de donde volvió solo para intentar un levantamiento contra el Gobierno de don Venustiano Carranza. Fracasó, fue hecho prisionero y pasado por las armas.

No faltan quienes afeen a don Venustiano por permitir que lo fusilaran, pero el Varón de Cuatro Ciénegas había aprendido bien la lección de Francisco I. Madero, quien ofreció abrazos, no balazos, a los iniciadores de sendas revueltas, Félix Díaz y Bernardo Reyes, quienes acabaron detonando la Decena Trágica que culminó con la muerte del de Parras.

Tito Monterroso, escritor y profeta.
28 Noviembre 2019 04:05:00
¿Y la cultura, apá?
La colonización de las instituciones autónomas por parte del Ejecutivo federal –Comisión de Derechos Humanos, Instituto Nacional Electoral y las que se acumulen– se amplió ya a tres islas de la televisión: la de la UNAM, la del Instituto Politécnico Nacional y el Canal 22. Estos espacios proporcionaban un respiro cultural en medio de la sofocante mediocridad y vulgaridad de gran parte de la programación de las televisoras comerciales.

Hoy, estos tres canales se han convertido en voceros del presidente Andrés Manuel López Obrador, dando cabida a programas dedicados a alabar sin recato y defender al Ejecutivo federal y a su partido.

La invasión de amlovers históricos y neoamlovers desvirtuó la misión de difundir la cultura que caracterizaba a los tres canales. Politizados en el peor sentido del término, la colonización alcanzó incluso a barras noticiosas a cargo de periodistas antes merecedores de respeto por su profesionalismo, como Javier Solórzano.

Solórzano, a cargo del noticiero estrella del canal Once del Poli, ha hecho de ese programa un eco de las “mañaneras” del Presidente, y, cosa inaudita, superándolas en su capacidad de aburrimiento. Cámaras y micrófonos de este espacio supuestamente informativo están al servicio de López Obrador y sus colaboradores. La noche del martes, zapeando de canal en canal con la ingenua esperanza de encontrar un programa que al menos flotara sobre la insulsez imperante en la pantalla chica, como antes se le decía, me topé con el inicio del noticiero de Solórzano.

El informativo arrancó con tres largas y tediosas entrevistas a igual número de funcionarios del Gobierno federal, quienes establecieron una competencia de quién demostraba mejor que el próximo año, gracias a los programas instrumentados por el presidente López Obrador, nuestro país saldrá de la recesión donde está empantanado. Las tres somníferas entrevistas estuvieron salpicadas con intervenciones de prohombres de la Iniciativa Privada dispuestos, eso dijeron, a invertir.

El segmento fue una nada disimulada respuesta a la última medición del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, según la cual la economía del país entró en recesión durante el año que está por terminar. Pero el mensaje era tan obvio que difícilmente causaría el efecto deseado.

La colonización de los canales incluye la invasión de John D. Ackerman, esposo de una funcionaria del Gobierno, que desperdicia dos programas, uno llamado Diálogos por la Democracia y otro donde comparte catatónicas entrevistas a invitados a modo con la dramaturga Sabina Berman. Al infumable Ackerman súmele usted el programa con el nombre de Me Canso Ganso –¡Oh!, cuánta creatividad– y otro, De Buena Fe, cuyo conductor es un joven pedante de nombre Gibrán Ramírez, también amlover de pura cepa. La lista es larga; los resultados nefastos.

Al abordar el tema, Óscar Constantino Gutiérrez señaló: “Parecieran términos equivalentes, pero televisión de Gobierno y televisión pública son cosas distintas. Mientras una es un aparato de difusión del poder, la otra es un mecanismo garante del derecho a la información veraz y oportuna. Canales como el 11 del IPN no fueron instituidos como medios de Gobierno, sino como vías para comunicar asuntos de interés público”.

Ante esta invasión de encargados de envolver en incienso al tabasqueño, se antoja parafrasear la pregunta de un popular anuncio de una armadora de vehículos: ¿Y la cultura, apá?



24 Noviembre 2019 04:08:00
Uno y dos
Dice la voz popular que las comparaciones son odiosas. Sin embargo, hacer comparaciones resulta en ocasiones ilustrativo e incluso necesario. ¿No es en el fondo establecer comparaciones al marcar el tiempo que les toma a los atletas correr, por decir algo, cien metros planos? Si no fuera así, ¿de qué modo podría dilucidarse quién merece la medalla de primer lugar y el sitio más alto en el podio?

Valga la introducción para comparar lo realizado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en su primer año de Gobierno con los resultados que ofrecerá el Gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís en su segundo informe de Gobierno.

Habrá quienes descalifiquen de entrada mis apreciaciones por colaborar en el Gobierno estatal. Están en todo su derecho, pero, no obstante, intentaré hacer acopio de toda la objetividad posible para evaluar desapasionadamente, de espaldas a filias y fobias, el desempeño de uno y del otro.

Principiemos con el arranque de los dos gobiernos, el federal y el estatal.

Nadie niega que López Obrador llega a la Presidencia de la República gracias a una aplastante victoria electoral. Ni sus más enconados críticos son capaces de negar la legitimidad de su triunfo, aunque este enorme capital político ha empezado a mostrar fisuras. Pese a mantener una indudable popularidad, el baño de sangre que vive el país –especialmente el culiacanazo y el horrendo crimen de mujeres y niños de la familia LeBarón– ha hecho descender de manera significativa el número de ciudadanos satisfechos con su gestión al frente del Gobierno.

La otra cara de la moneda. El gobernador de Coahuila llegó hace dos años al Palacio Rosa tras una larga controversia electoral y una manifestación multitudinaria de inconformes en Saltillo y otras ciudades. Luego de arrancar el sexenio cuesta arriba, el ingeniero Riquelme Solís logró no solo apaciguar las antes revueltas aguas de la política, tendiendo puentes y logrando acuerdos sin mirar colores partidistas. Presidentes municipales y legisladores militantes de partidos distintos al suyo le guardan una relación de respeto, lo cual sienta las bases de la atmósfera de unidad que priva en el estado.

Todo lo contrario al proceder del tabasqueño, obstinado en dividir al país y descalificar a quienes no están de acuerdo con él. Con insultos y acusaciones, muchas de ellas nunca probadas, el Presidente ha transformado a opositores y críticos en enemigos. El estancamiento de la economía es uno de los daños colaterales de la polarización promovida desde la Presidencia.

Otro de los aspectos contrastantes es el protagonismo del Presidente frente a la cuidada discreción del Gobernador. Mientras uno busca los reflectores con un discurso las más de las veces beligerante, el coahuilense dosifica sus apariciones y evita la confrontación, lo cual le ha reportado buenos dividendos.

En un rápido recuento a vuela pluma, como se decía antes, el punto neurálgico de la comparación es la seguridad. Mientras el primer año del lopezobradorismo es ya el más violento desde que se llevan estadísticas, Coahuila es –y esperamos siga siendo– una isla rodeada de entidades ardiendo en aterrorizantes espirales de violencia. Naturalmente ningún lugar en el mundo real es Disneylandia, pero incluso ni los más escépticos serán capaces de negar que nuestra entidad se distingue en el panorama nacional por los bajos índices de criminalidad.

Es cuestión de comparar sin apasionamientos. Nada más.
22 Noviembre 2019 04:06:00
La violencia, en ascenso
Algo se está pudriendo, que lo estamos oliendo y que no queremos admitir la realidad. Pensamos que la violencia está contenida, porque ese es el discurso oficial que lucha retóricamente contra la estadística del crimen, que se mantiene al alza en prácticamente todos los delitos.

Los nuevos datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) dados a conocer esta semana, son más que descorazonadores. La batalla contra el crimen se está perdiendo de manera creciente en el país.

En 18 entidades, el número de homicidios dolosos se elevó, y en 13 de ellos se supera la media nacional. Diariamente se registran 25.8 asesinatos por cada 100 mil habitantes, lo que nos hace estar en peores niveles que Brasil –que en un año redujo su tasa en 10%– y Colombia.

Chile y Bolivia, a quien tanto hemos volteado a ver en las últimas semanas, tienen 2.7 y 6.3 asesinatos, respectivamente, por cada 100 mil habitantes. Los números han dejado de ser fríos y las víctimas, como los menores de la familia Le Barón, ya tienen nombres y caras. El impacto emocional, por tanto, es mayor.

Zonas enteras se volvieron a calentar, como en Nuevo Laredo y la Frontera Chica en Tamaulipas, el norte de Sonora, o surgieron como puntos donde la violencia alcanza niveles de crueldad que nunca se habían visto, como en la Ciudad de México, donde los decapitados dejaron de ser excepción, y las mantas de criminales comienzan a abundar como mensaje a sus rivales o a funcionarios a los que acusan de haberlos traicionado.

Hay colonias o calles en la capital federal que se han convertido en puntos donde la recomendación es no caminarlas a ninguna hora, en lugares céntricos incluso, como cerca de la Embajada de Rusia, donde incluso se tuvieron que instalar botones de pánico públicos. Pequeños negocios en diferentes barrios han tenido que empezar a pagar derecho de piso a criminales, por primera vez desde que iniciaron sus operaciones.

El fenómeno de la violencia no tiene común denominador. Por ejemplo, el SNSP ubica a Sonora como el estado en donde más se elevó el número de homicidios dolosos durante los primeros 10 meses de este año, en comparación con el mismo periodo de 2018 (48.2), resultado de la lucha entre el cártel de Sinaloa y el cártel Jalisco Nueva Generación, que es diferente a lo que sucede en Hidalgo, donde creció también esa tasa (48.1%), pero asociado de manera más clara con el robo de combustible.

El tercer lugar de mayor violencia es Nuevo León (40.4% el incremento), que responde a la lucha entre los grupos antagónicos que nacieron de la división de los Zetas, el cártel del Noreste y la Vieja Escuela, mientras que en Morelos (aumentaron los homicidios dolosos 37.1%), como resultado de la pugna entre Los Rojos, que hasta hace poco dominaban el estado, con el cártel Jalisco Nueva Generación, La Familia Michoacana, y los grupos locales Los Tlahuicas y Los Mayas.

En Tabasco, quinto lugar en incremento de ese tipo de delito (20.8%), disputan al estado los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, además de los remanentes de los Zetas –que antes dominaban la plaza– y el Golfo.

Para nadie hay respuesta federal eficaz. Al contrario, la carta de impunidad a los cárteles de las drogas, oficializada con el discurso oficial de que no los van a combatir porque eso produce más violencia, lo único que ha probado, según las propias estadísticas gubernamentales, es que genera más violencia y más muertes.

Los homicidios dolosos se elevaron 2.44% en los primeros 10 meses del año comparado con el mismo periodo del año pasado, que muestra su gravedad de manera más acentuada cuando se ve el total de víctimas: 28 mil 869 el año pasado, contra 29 mil 571 en los 10 primeros meses de este. La realidad se estrella con las palabras: este año será el más violento en la historia del país, incluidas sus guerras y revoluciones, si no se modifica la estrategia de entregarle el país a los cárteles.

La inacción está resultando tóxica. Desde 2015, cuando colapsó la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto –idéntica a la del presidente Andrés Manuel López Obrador– de no combatir a los cárteles de la droga, y se combinó con la entrada en vigor del nuevo Sistema Penal Acusatorio, que fue la puerta giratoria por donde más de 11 mil delincuentes encarcelados salieron libres, el incremento en homicidios dolosos ha tenido una línea ascendente de 45 grados. Ese año la tasa de homicidios dolosos se situó en 20 mil 762, que subió a 32 mil 79 en 2017, y a 36 mil 685 al cambio de Gobierno.

Los números van a subir. El Gobierno de López Obrador está haciendo algo adicional pernicioso a lo que hizo el de Peña Nieto: redujo el número de carpetas de investigación. El Gobierno de Peña Nieto entregó con 29 mil 100 carpetas de investigación, según un análisis de la consultara GLAC, con base en las estadísticas del SNSP y del Inegi hasta octubre de este año. Hasta hace 22 días, el total de esas carpetas era de 24 mil 483; es decir, cuatro mil 617 carpetas menos.

Este hallazgo es inexplicable, salvo porque se encuentra dentro de la racional de López Obrador de no enfrentar a las organizaciones criminales. A no combatirlos se le ha añadido la variable de que los homicidios tampoco se están investigando.

La procuración y la administración de la justicia está congelada por diseño institucional, que proveyó un coliseo para los cárteles de la droga, en donde luchan por ganar espacios territoriales a costa de sus enemigos, y de manera gratuita del Gobierno.
21 Noviembre 2019 04:08:00
Y dale con Cortés
“Un investigador que no esté resuelto a cambiar sus posiciones 20 veces o cuantas crea necesario, puede ser todo lo que se quiera, menos un crítico”. Carlos Pereyra.

Hace más de medio siglo, Octavio Paz predijo en el Laberinto de la Soledad el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador cuando decide hablar de la Conquista. Paz apunta: “La extraña permanencia de Cortés y de la Malinche en la imaginación y en la sensibilidad de los mexicanos actuales revela que son algo más que figuras históricas: son los símbolos de un conflicto secreto que aún no hemos resuelto”. Todo parece indicar que el tabasqueño sigue entrampado en ese conflicto. De allí su obsesiva insistencia en denostar a Hernán Cortés.

Luego de solicitar a la Corona Española el ofrecimiento de una disculpa por los desmanes cometidos durante la Conquista, solicitud que fue rechazada, el martes anterior, en la reunión mañanera con la prensa, arremetió de nuevo contra Cortés acusándolo de cometer un fraude electoral. El Presidente se refería a la constitución del primer ayuntamiento en Veracruz, a la llegada del conquistador y sus hombres. AMLO afirmó que Cortés carecía de facultades para formar un ayuntamiento y organizar una votación en la cual hizo nombrar a un regidor adicto. Fue, desde su particular punto de vista, iniciador y modelo de los fraudes electorales cometidos en forma reiterada por los gobiernos neoliberales, conservadores y fifís que antecedieron a la 4T.

La controvertida figura del conquistador ha dado lugar a numerosos ensayos, biografías y pinturas, cuyos autores se colocan en automático en uno u otro bando: o lo satanizan o lo revisten de las cualidades de héroe.

Un saltillense, el historiador Carlos Pereyra, nacido en 1871 y muerto en Madrid en 1942, fue de los que se sintió atraído por Cortés, al que dedicó no uno sino dos libros: Hernán Cortés, con prólogo de Martín Quirarte (Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuantos, México, 1971) y Hernán Cortés y la Epopeya del Anáhuac (Editorial - América, sin fecha de edición).

Admirador de la obra de España en América, de estar vivo nuestro paisano, sin negar las barbaridades cometidas en la Conquista relatadas en sus libros, de seguro se hubiera enfrascado en una polémica con el presidente López Obrador a propósito del presunto fraude electoral.

Frente al personaje, Pereyra asume una posición en ese momento novedosa. La cita es larga pero esclarecedora: “En el sentido del elogio, Cortés era el hombre que había ganado territorio para su rey; en el sentido del vituperio era malhechor histórico que había acabado con una civilización”.

Y agrega contundente:
“Ni uno ni los otros veían que Cortés era el fundador de una nueva nacionalidad… Todavía en el siglo 20 (y aún en el 21, podemos añadir) no faltan quienes lamentan los hechos que destruyeron una civilización original americana, susceptible del más vigoroso desarrollo, y la sustituyeron con las sombras de un virreinato español y una república mestiza”. Acierta Pereyra: eso somos, nos guste o no: una república mestiza.

¿Cuánto tiempo más seguirá el Peje atrapado en el conflicto paciano planteado por la dupla Cortés y la Malinche? ¿No será hora de que deje de pelearse por hechos consumados hace 500 años y vuelva el rostro hacia al presente: a Culiacán, al asesinato de los LeBarón, a Laredo, a Michoacán, al cotidiano baño de sangre que sufre este país y a la amenaza de una recesión económica, por ejemplo?
17 Noviembre 2019 04:05:00
Tras los pasos de Evo
De cínica, desfachatada e inaceptable calificó Jorge Castañeda la imposición de Rosario Piedra Ibarra como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Un buen número de analistas ha utilizado los mismos términos y adjetivos usados por Castañeda en una de sus colaboraciones periodísticas. A todo lo anterior habría que agregar las sombras de sospechas que rodearon la elección de Piedra Ibarra, en la cual, aseguran voces atendibles, se manipuló el conteo de los votos de los senadores.

Esta designación es una nueva muestra de los procedimientos del presidente Andrés Manuel López Obrador para hacerse de todos los hilos de control de organismos e instituciones que, eventualmente, pudieran convertirse en contrapeso de su poder.

El programa de colonización, llamémosle así, emprendido por el Ejecutivo federal ha ido acumulando poder en sus manos, lo cual, a primera vista es posible considerar signo de fortaleza. Sin embargo, y la demostración más cercana es Bolivia y la defenestración de nuestro refugiado de lujo Evo Morales, tal concentración de poder es también una bomba de tiempo.

Trataré de explicarme: Cuando el poder central carece de contrapesos y se hace del control de las instituciones, algunas de ellas navegantes con la bandera de autónomas, se cierran todas las vías de gestión a sectores de la sociedad inconformes o agraviados. Entonces, en lugar de encauzar por las vías institucionales sus demandas, salen a la calle a exigir el cumplimiento de estas.

En su afán de reelegirse de nueva cuenta en la presidencia de Bolivia, Evo Morales pasó por encima de las leyes constitucionales y organizó una elección a la que numerosos especialistas, incluyendo los de la Organización de Estados Americanos, consideraron fraudulenta.

Debido al manifiesto control del Presidente sobre las autoridades electorales bolivianas y cerradas las vías institucionales, los contrincantes de Evo y quienes no simpatizaban con su Gobierno se echaron a la calle con las consecuencias de todos conocidas. Ni siquiera los convenció la promesa de Morales de convocar a nuevas elecciones. Las protestas continuaron y subieron de tono hasta alcanzar niveles de violencia.

Con una presidenta de la CNDH cuyo primer compromiso será complacer o al menos no incomodar a quien le obsequió el puesto contra viento y marea, o sea el Presidente de la República y con él la totalidad de la estructura del Gobierno federal, ¿para qué interponer quejas que incomoden a alguno de los miembros de esa élite? De no operarse un cambio de 180 grados, lo cual es altamente improbable, Piedra Ibarra llega al edificio de la CNDH como una empleada más de López Obrador.

El encrespamiento de diversos grupos y sectores: cierre de las vías de acceso al Aeropuerto de la ciudad de México por expolicías federales, estrangulamiento de vías de ferrocarril a cargo de normalistas michoacanos y campesinos cerrando los accesos al edificio de la Cámara de Diputados, no son, de ninguna manera, signos alentadores. ¿No serán acaso señales de lo que puede ocurrir en el futuro, si la desconfianza en las instituciones va en aumento?

Cuidado: en lo inmediato es posible que funcione la concentración de poder, pero, a la larga, puede volverse explosiva si, como ya se decía, la desconfianza en la eficacia y la imparcialidad de las instituciones las vuelve simples membretes. Cuidado: cuando los inconformes encuentran las puertas cerradas, entran violentamente rompiendo las ventanas.

14 Noviembre 2019 04:05:00
Treinta años después…
Uno, pues, uno hace lo que puede, para no usar términos grandilocuentes como “vocación” o “talento”. En ocasiones gana el pan haciendo aquello que le gusta, y así el trabajo deja de ser trabajo, lo cual, por fortuna, es el caso de quien esto escribe. Pero aun disfrutando el quehacer diario, quién sabe dónde se mantiene despierto el personal grillito de Pinocho –le dicen autocrítica– haciéndonos dudar si lo hecho tuvo algún sentido positivo y sirvió para algo o a alguien. Por lo que a este escribidor respecta, al hacer el balance de lo realizado, siempre tiene la satisfacción de no sentirse jamás satisfecho. Los modelos por seguir están muy altos, hasta volverse inalcanzables, y la humildad es un buen escudo para defenderse de la petulancia.

Al tratarse de la autoestima es aconsejable atender la lección de un viejo maestro de esgrima, quien decía a sus alumnos: “Cuando empuñen el florete, recuerden que es como si tuvieran un ave en la mano; si aprietan demasiado, la matan, pero si aflojan de más, vuela y la pierden. Así es el florete: si lo sujetan con exceso lo matan convirtiéndolo en un palo de escoba, pero si no lo sujetan lo suficiente, el contrincante acabará desarmándolos”.

En otras palabras: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre. Los extremos son peligrosos al hablar de autoestima: en uno está la petulancia (no hay nadie como yo), en el otro, la autocastración (no sirvo para nada).

Sin embargo, gracias al afecto y la buena memoria de alguien, se recogen indicios de que no se ha vivido en vano, que se ha sembrado una semilla capaz de germinar y dar frutos. Hace más de 30 años coincidí en el aula con una bella e inteligente mujer, que en estos días recordaba en un texto sus años de universitaria, considerándolos algunos de los más bellos de su vida. En el escrito habla de algunos maestros, pero increíblemente, a tres décadas de distancia recuerda al pie de la letra lo dicho en la última clase que tuve el gusto de dictar a su generación.

“Recuerdo con gran emoción y gratitud que en nuestro último día de clase como universitarios, el profesor Javier Villarreal nos llenó de inspiración al dedicarnos estas palabras:

“‘La vida es un cuento contado por un idiota lleno de sonido y de furia, que no significa nada’. Estas son las palabras de Shakespeare en Macbeth, pero esta visión pesimista del escritor encuentra la respuesta en el arte. Por eso, cuando hay bruma y oscuridad alrededor, hay que levantar nuestro rostro para ver hacia las alturas y admirar esas cumbres de la humanidad que nos han legado obras perdurables: Miguel Ángel, Praxiteles, Leonardo, Rafael, Monet, Manet, Van Gogh.

“Todos ellos nos iluminan la vida porque, como dice el poeta: ‘No se puede vivir como si la belleza no existiera’. Iluminar la vida, iluminarnos interiormente, seremos capaces de iluminar a quienes nos rodean y concluyó: ‘¡Fuego a discreción y a paso de vencedores!’

“Salí de esa cátedra con el corazón ensanchado de pasión, sueños y anhelos para ir en pos de ese llamado a hacer la diferencia en este mundo lleno de retos aparentemente insuperables…”.

Gracias, Mayu Guillén de Martínez. Gracias por enmudecer, así sea unos momentos, a ese grillito de Pinocho que llaman autocrítica y por su buena memoria que me permite la ilusión de no haber arado en la mar y de haber sembrado algo en corazones fértiles como el suyo.


Letras sueltas

Evo Morales es, sin duda, un político valiente… ¡Atreverse a venir a vivir a México!
10 Noviembre 2019 04:08:00
El Vendedor de Silencio
Culto, inteligente, políglota –hablaba con fluidez francés, inglés y alemán– alcohólico, prepotente, golpeador de mujeres, dueño de un estilo envidiable, agudo entrevistador y todo ello aunado a una carencia total de escrúpulos, hicieron de Carlos Denegri una leyenda viviente. A fines de los 50 del siglo pasado, en el mundillo periodístico de la Ciudad de México circulaban anécdotas ciertas o exageradas sobre sus inmoralidades.

Paradigma del periodista corrupto, se contaba que, en cierta ocasión, habiendo recibido órdenes del director de Excélsior de viajar a Brasil a cubrir una información, en lugar de ir al aeropuerto a abordar el avión que lo llevaría a Río de Janeiro, se quedó anclado en un bar aprisionado por su afición al alcohol.

Cuando ya era hora de enviar la información al periódico, tomó el teléfono de la cantina y empezó a dictar a un compañero de la redacción: “Desde la cima del Corcovado, con Río de Janeiro y el mar extendiéndose a nuestros pies…”. Y siguió dictando un reportaje completísimo sobre la situación de Brasil, salpicándolo con datos que guardaba en la memoria. El brillante “reportaje” apareció en primera plana de Excélsior.

No por nada Julio Scherer García, el director del diario, lo consideraba “el mejor y más vil de los reporteros”. Y lo era. Recibía cataratas de dinero de los más encumbrados políticos y debe considerársele el inventor de la industrialización del “chayote”, que entonces no se llamaba así, sino “embute”. Después le decían “el sobre”, que evolucionó gracias a la tecnología en intangibles transferencias bancarias. La misma gata, pero revolcada.

Fue el primer periodista en crear una empresa fantasma, Publicidad Denegri, para cobrar los favores y vender los silencios de sus varias colaboraciones. De la negociación de los embutes se hacía cargo uno de sus operadores. Era cosa del pasado su participación directa, brutal, para exigir dinero a los funcionarios públicos y a los políticos, a quienes se presentaba con dos columnas escritas a máquina, para que eligieran. En una, los alababa. En la otra reseñaba trapacerías y corruptelas de su víctima, dándole a escoger una u otra, tasando en mil pesos –entonces mucho dinero– la que contenía alabanzas.

Enrique Serna, autor de la exitosa biografía de Antonio López de Santa Anna, El Seductor de la Patria, dedicó cinco años a la investigación de la vida, atrocidades y maldades de Carlos Denegri plasmadas en un libro, El Vendedor de Silencio, convertido de inmediato en éxito de librería: más de 10 mil ejemplares vendidos en menos de siete meses.

El libro, una biografía novelada, atrapa desde la primera página gracias a la agilidad del estilo de Serna y a la minuciosísima descripción de lugares, personajes y hechos que avalan lo exhaustivo de la investigación realizada. Retrato de un capítulo de la historia de México del cual, por desgracia, aún quedan rezagos.

Letras sueltas
Linda Denegri, su última esposa, la cuarta, fue acosada brutalmente por el periodista. Aterrorizada, huyó de la Ciudad de México y vino a Saltillo, hospedándose en el desaparecido motel Los Magueyes, donde estuvo el hotel La Torre. De nada le valió. Denegri movió influencias, y la pobre mujer fue localizada y se le hizo regresar a la capital, obligándola a casarse con él. Harta de los malos tratos a los que era sometida, el 1 de enero de 1970 lo mató a tiros. El mejor epitafio lo escribió otro periodista: “A nadie entristeció su muerte”.
07 Noviembre 2019 04:06:00
Serenidad
En un ambiente enrarecido por las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien inopinadamente habló de un golpe de estado, la espiral de violencia se acelera y el lunes costó la vida a tres mujeres y a seis de sus hijos de la familia LeBarón. El crimen conmovió a un país que creíamos inoculado contra el espanto por el ametrallamiento noticioso que día a día incrementa la espantable estadística de compatriotas muertos en forma violenta.

El supuesto temor –después desechado– de un golpe de estado surgió a raíz del discurso que pronunció ante la plana mayor de la Secretaría de la Defensa el general en retiro Carlos Gaytán Ochoa, en el cual no tuvo empacho en manifestar la molestia de los militares por la manera en que han sido tratados en la presente Administración.

Nadie se explica qué movió al Presidente a hablar del golpe de estado, luego calificado de imposible, siguiendo su inveterada costumbre de contradecirse. Algunos analistas creen que el paranoico discurso no fue sino una cortina de humo para hacernos olvidar el ridículo hecho en Culiacán, donde ya fuera por impericia o por razones humanitarias –da lo mismo– el Gobierno dobló la cerviz y dejó a los cárteles de la droga imponer su ley en la capital de Sinaloa.

“El Culiacanazo”, como lo han bautizado los medios, es una herida abierta en el costado del orgullo presidencial. Además, como efecto colateral, desnudó al Gabinete de Seguridad que un día daba una versión de los hechos y al otro día la cambiaba. Palos de ciego, mientras los ciudadanos esperaban una explicación congruente y creíble sobre lo ocurrido. Sin ánimo de sarcasmo: Gobierno desorganizado frente al crimen organizado.

La teoría de la cortina de humo pareció fortalecerse el mismo lunes, cuando en la acostumbrada rueda de prensa mañanera se acusó al hijo del expresidente Calderón, Luis, al exsecretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, y el senador panista Carlos Romero Hicks de operar una granja de robots dedicados a inundar las redes sociales con mensajes contra el presidente.

La acusación no fue respaldada con pruebas, lo cual vuelve aún más sospechosa la intención de hacer público el asunto. Así las cosas, es de temerse que todo quede en un chisme, en “agua de borrajas y plática de barbería”, como dicen en Monclova. En otras palabras: faramalla mediática.

La crisis tuvo eco más allá de nuestras fronteras, cuando el presidente Donald Trump intervino ofreciendo ayuda al Gobierno mexicano para combatir a los cárteles, la cual fue rechazada por el presidente López Obrador, prometiendo que en el caso de la familia LeBarón se hará justicia. ¿Cómo? ¿Cuándo?... ¿Quién sabe?

Enredada en sus propias palabras y estancada en la inactividad, la cúpula del Gobierno federal no ha podido hasta ahora salir de las secuelas del “Culiacanazo”. Por el contrario, conforme pasa el tiempo se empantana más y más empeñada en mantener su política de abrazos y no balazos planteada por el Presidente que, hasta ahora no ha funcionado ni tiene visos de llegar a funcionar en el futuro.

Desde el atropellado final del sexenio de Luis Echeverría (1976), cuando se habló de la posibilidad de un golpe de estado en medio de una crisis amenazando agudizarse y los empresarios en pie de guerra, México no vivía tiempos tan turbulentos como los de hoy. Tiempos que exigen esa serenidad de la que tanto le gusta recomendar al Presidente, y dejarse de buscar enemigos conservadores, fifís o halcones por todas partes.
03 Noviembre 2019 04:00:00
Hombre con proyectos
Mientras un exgobernador coahuilense acapara espacios informativos al ser extraditado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos de lavado de dinero, malversación de fondos, fraude bancario y varios más, otro exmandatario de nuestro estado se hace acreedor a una distinción nacional en reconocimiento a su trayectoria política y académica.

A sus productivos 88 años, el maestro Eliseo Mendoza Berrueto recibió en la Ciudad de México la medalla que lleva el nombre del destacado médico y escritor Mariano Azuela, otorgada por la Asociación de Profesionistas por la Democracia y el Desarrollo, organización apartidista que cada año elige a ciudadanos destacados para recibir la presea, al margen de las posiciones ideológicas de los recipiendarios.

Esto se puso de manifiesto en la edición 2019 de la presea, al honrarse en la misma ceremonia a la escritora Elena Poniatowska, declarada simpatizante de Morena, y de don Eliseo, militante del Partido Revolucionario Institucional desde su juventud.

La biografía de Mendoza Berrueto es una larga lista de éxitos en los dos mundos en que ha transitado, el de la política y el de la academia. Profesor normalista y economista, ha sido subsecretario de Comercio, de Educación Superior y de Energía y Minas del Gobierno federal, senador por Coahuila y presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados.

Su currículum académico incluye cátedras en El Colegio de México, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad de Guadalajara, además de ser investigador del Colegio de la Frontera Norte, institución cuya creación impulsó cuando se desempeñaba como subsecretario de Educación Superior.

Esa doble trayectoria profesional le permitió, al concluir su sexenio en el Gobierno del Estado, retirarse de una manera ejemplar: incorporándose a la planta de investigadores del Colegio de la Frontera Norte en Baja California.

Hace años asistió a una cena que le ofreció el destacado banquero coahuilense Carlos Abedrop Dávila en la capital de la República. Don Eliseo siempre llamó “padrino” a don Carlos, por haber apadrinado la generación de Economistas egresados de la UNAM a la que él perteneció. En aquella ocasión, el entonces Gobernador de Coahuila preguntó a don Carlos qué edad tenía. La respuesta del banquero fue contundente: “Mira, Eliseo, los hombres que tienen proyectos no tienen edad”.

La frase de Abedrop Dávila es aplicable a quien entonces hizo la pregunta, un hombre que a sus 88 años tiene aún muchos proyectos. Pronto publicará otro libro, El Mundo del Comercio y la Competitividad en México, el cual, en la entrevista concedida a Ernesto Acosta y Jesús Jiménez, publicada en Zócalo, consideró “puede resultar muy importante para los economistas y los administradores”.

Esta nueva obra se agregará a su amplia bibliografía que gira en torno a temas torales: la política y la economía, que aborda con penetrante capacidad de análisis y un bagaje impresionante de conocimientos, de alguien que como él no se ha refugiado en la cómoda torre de la teoría, sino ha enfrentado los problemas en la arena de la práctica. Ya lo decía Goethe: “Gris es la teoría y verde esmeralda el árbol de la vida”.

Don Eliseo Mendoza Berrueto debe sentirse justamente orgulloso al recibir la presea Mariano Azuela, que le ha sido concedida a 26 años de haber dejado el Gobierno de Coahuila. Le debe de ser gratificante seguir recogiendo la cosecha nacida de semillas sembradas a lo largo de tantas décadas de trabajo.

31 Octubre 2019 04:06:00
¡Adiós vida privada!
Las benditas redes sociales, como las llama el presidente Andrés Manuel López Obrador, provocaron el martes anterior un miniescándalo de resonancias al menos estatales. Y es que a alguien se le ocurrió videograbar al obispo de Saltillo Raúl Vera bebiendo cerveza en un bar acompañado de varias personas. El alud de comentarios no se hizo esperar. Los malquerientes del Obispo aprovecharon la ocasión para criticar escandalizados la conducta del señor Vera, acusándolo incluso de la emigración de católicos hacia otras iglesias, mientras otros salieron en defensa de su derecho de ir a donde mejor le parezca a beber lo que le plazca.

En realidad, el asunto en sí mismo carece de importancia, pero es revelador del papel que juegan en la sociedad actual las redes sociales. Por un lado, permiten a cualquiera convertirse en juez y censor de los actos de personas que, posiblemente, ni siquiera conozcan, y por el otro diluyen hasta borrar lo que antes se consideraba sagrado ámbito de la vida privada.

El teléfono celular y su capacidad de grabar sonidos e imágenes nos expone eventualmente a ser exhibidos al antojo de quien lo utiliza. Aunque existen leyes al respecto, el anonimato del que proveen las redes sociales a sus usuarios hace difícil, cuando no imposible, descubrir la identidad de quien graba y difunde imágenes o conversaciones.

Teóricamente, los seres humanos somos propietarios de nuestra imagen, la cual no puede ni debe usarse sin su consentimiento. Hace años hubo en México un sonado caso respecto a esto. El escritor Gabriel Zaid es un celoso guardián de su intimidad. No concede entrevistas ni dicta conferencias. Pero su vida privada fue vulnerada por un fotógrafo, quien lo captó durante una reunión. El paparazzi vendió o regaló la fotografía al periodista Miguel Ángel Granados Chapa, a la sazón director de la revista Mira, quien decidió publicarla en la portada.

De inmediato Zaid lo demandó, alegando que, sin su consentimiento se estaba haciendo uso de su imagen con fines comerciales. La controversia levantó fuerte polvareda, pero finalmente Granados Chapa reconoció el abuso que había cometido y ofreció disculpas en su misma revista.

Claro, eran otros tiempos. Hoy, con las cámaras en calles y lugares públicos y abusivos usuarios de celulares, podemos considerar cosa del pasado aquello de que uno es propietario de su imagen. ¡Oh, tiempos gloriosos cuando la ya entonces envejecida Greta Garbo exigía a los fotógrafos a colocarse a cierta distancia de ella, a fin de evitar se hicieran públicos los estragos causados por el tiempo en su bello rostro! Hoy, con los potentes teleobjetivos y los celulares, la hermosa Greta estaría expuesta a que su imagen, esté donde esté y como esté, dé la vuelta al mundo montada en las redes, muchas veces vertedero de inmundicias.


Historiadores del futuro

Es muy triste pensar que en el futuro investigadores interesados en la historia de Coahuila a fines del siglo pasado y principios de este deberán acudir a los archivos de los juzgados, tanto nacionales y extranjeros, para obtener información.

Ahora, de nueva cuenta, a propósito de la extradición a Estados Unidos del exgobernador Jorge Torres López, noticias relacionadas con nuestro estado acapararon espacios en informativos de toda clase.

Esperemos que la extradición y el juicio del señor Torres López en la Unión Americana ponga punto final a este ya largo y bochornoso capítulo de la historia negra de nuestro estado.
27 Octubre 2019 04:08:00
José Santos Valdés
El homenaje del Senado de la República a doña Rosario Ibarra de Piedra, nacida en Saltillo, a quien se le concedió la Medalla Belisario Domínguez, tuvo amplia resonancia en los medios nacionales y locales. Para concederle tan alta condecoración, los senadores tomaron en cuenta la prolongada, aunque infructuosa, lucha de doña Rosario por conocer el paradero de su hijo, un miembro de la Liga 23 de Septiembre aprehendido por la policía y luego desaparecido.

Sin restar méritos a la señora Ibarra de Piedra, sería justo que se diera igual importancia al reconocimiento a la memoria de otro distinguido coahuilense, el profesor José Santos Valdés García, cuyos restos serán depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del panteón de Dolores de la Ciudad de México.

Hasta ahora, quien esto escribe, solamente ha sabido de una noticia extensa y bien informada de la periodista Liliana Yáñez publicada en un diario de la Ciudad de México.

Gracias a la decisión del Consejo Consultivo, a través del Senado de la República y la Comisión de Cultura de rendir este homenaje al profesor Valdés García, serán cuatro los coahuilenses que han sido merecedores de tal honor. Ya están en la Rotonda los restos de don Miguel Ramos Arizpe, los del general Francisco L. Urquizo y los del aviador Emilio Carranza. Don Francisco I. Madero y don Venustiano Carranza reposan en el Monumento de la Revolución. Los de Manuel Acuña fueron exhumados de la Rotonda capitalina para trasladarlos a Saltillo.

Nacido en el rancho Camargo, municipio de Matamoros, Coahuila, en 1905, el profesor Valdés García desarrolló una brillante labor pedagógica, periodística y de investigación histórica. Por nombramiento presidencial se desempeñó como inspector de las escuelas rurales en la República.

Activo participante en el movimiento sindical en beneficio de los profesores, creó las escuelas nocturnas para trabajadores. Como reconocimiento a su trayectoria, en el edificio de la Secretaría de Educación Pública de la Ciudad de México hay un busto suyo en la galería dedicada a los grandes educadores.

Hombre de izquierda, el maestro Valdés García mantuvo hasta sus últimos días una posición congruente con su ideología. Defendió los derechos de tierras y aguas de organizaciones campesinas e intentó hacer de los profesores rurales promotores del mejoramiento de las comunidades. Revivía, por decirlo así, el carácter misional de los maestros preconizado por José Vasconcelos cuando fue secretario de Educación Pública.

Autor de numerosos textos sobre pedagogía, don José Santos era asiduo colaborador de diversas publicaciones, entre ellas la revista Siempre!, donde semana a semana analizaba en lúcidos artículos el acontecer nacional desde su perspectiva de hombre de ideas avanzadas. En aquellos años, Siempre! reunía a las plumas de los literatos y periodistas más brillantes, entre ellas la de don Alfonso Reyes y la de Salvador Novo.

El amor a su terruño llevó al profesor Valdés García a escribir el libro Matamoros, Ciudad Lagunera, que merece hace tiempo una segunda edición y que podría hacerse ahora como una forma de honrar a nuestro ilustre coterráneo.

Sería deseable que nuestro estado y en especial el municipio de Matamoros se unieran al homenaje que se rendirá en la capital de la República al destacado coahuilense, quien tanto hizo por la educación en el país.
24 Octubre 2019 04:06:00
Cifras de espanto
Al pensar en el enfoque que debería tener este artículo semanal privó la intención de abordar cuestiones ajenas a la política y a la nota roja. La idea partió del convencimiento de que los medios masivos de comunicación ofertan ya noticias y opiniones suficientes sobre los dos asuntos.

Sin embargo, parafraseando la antigua frase: “El hombre propone y Dios dispone”, el proyecto propuso, pero la dura realidad y la avasalladora inseguridad son las que ahora disponen, y evadirlas resulta poco menos que imposible.

A propósito de esto, algunos biógrafos del enciclopédico don Alfonso Reyes, uno de los intelectuales insignia del México del siglo anterior, relatan desconcertados cómo el regiomontano se dedicó a escribir en 1911 su libro Cuestiones Estéticas, cuando el país se encontraba en llamas a causa de la revolución. Dos años después, su padre moriría al encabezar un fracasado golpe de estado contra el presidente Madero.

Don Alfonso tendría sus razones para voltear hacia la estética y el mundo griego en momentos tan convulsos, pero hoy, en las condiciones por las que atraviesa el país, y después de los acontecimientos en Culiacán, no referirse a la espiral de violencia sería tanto como imitar a los avestruces, de los que se dice esconden la cabeza en la tierra para no ver lo que ocurre a su alrededor.

Buscando tema para este artículo, en la diaria lectura de Zócalo salta uno de los párrafos de la siempre bien informada columna Palacio Rosa donde se asienta: “Los números no mienten y a menos que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga otros datos, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Baja California, Michoacán, Chihuahua, Guerrero y Puebla fueron los estados más violentos en la semana del 11 al 17 de octubre”. (567 asesinatos antes
del infernal jueves de Culiacán).

Más adelante, la columna hace un recuento estremecedor: Los homicidios registrados esa semana equivalen a 81 cada 24 horas. “Ni más ni menos”. Siguiendo el cálculo aritmético, eso significa 3.37 homicidios cada hora o, lo que es lo mismo, cada 60 minutos tres mexicanos pierden la vida víctimas de la violencia imperante. ¡Espantoso!

Utilizando como promedio los datos de Palacio Rosa, en un año se registrarían 29 mil 565 muertes violentas, es decir, 6 mil 294 más que la totalidad de los habitantes del municipio de Arteaga. El Inegi contabilizó allí 23 mil 271 en 2015.

Los opinadores –conservadores, según el lenguaje presidencial– insisten en las evidentes fallas en el operativo mal montado en Culiacán para la detención del hijo del “Chapo” Guzmán, y la mayor parte de los informativos del mundo consideran la posterior liberación del aprehendido como una muestra de extrema debilidad del Gobierno mexicano. En otras palabras: cargamos con los muertos y con el ridículo internacional en el mismo paquete.

Sería injusto culpar de la violencia imperante a Andrés Manuel López Obrador. Esta se desató desde hace ya casi 13 años, en diciembre de 2006, con la guerra declarada por el expresidente Felipe Calderón. Pero sí debe exigírsele a él y a su Gabinete de Seguridad el diseño de una estrategia clara, viable, porque hasta ahora todo ha sido bandazos y discursos, como quedó lamentablemente demostrado con el torpe operativo para la captura de un capo y las confusas y contradictorias versiones oficiales para tratar de explicar lo inexplicable.

¿O debemos esperar a que en 2020 vuelvan a morir más mexicanos que los que viven en un municipio como el de Arteaga?
20 Octubre 2019 04:09:00
Después de Culiacán
El presidente Andrés Manuel López Obrador enfrentó el jueves anterior la más terrible disyuntiva desde que tomó posesión del cargo, y quizá de todo lo que resta de su mandato. Las circunstancias le colocaron en posición de elegir, no entre lo bueno y lo malo, sino entre lo malo y lo peor o, quizá, lo menos peor.

En el norte, a mil 200 kilómetros de distancia de su oficina, en Culiacán, capital de un estado de la Federación con alrededor de 700 mil habitantes se encontraba prácticamente en manos de la delincuencia organizada, que colocaba retenes a su antojo, se apoderaba del aeropuerto, quemaba vehículos, secuestraba a miembros del Ejército, propiciaba la fuga de reos de la cárcel y recorría las calles disparando ráfagas con sus armas.

Todo ello con una ausencia total de autoridad de los tres órdenes de Gobierno, mientras personas y familias enteras se atrincheraban en sus hogares o se protegían detrás de los vehículos para salvar sus vidas. Y no se trataba de un pueblo perdido en la sierra, como Aguililla, ni de una propiedad rural: es una ciudad –la vigésima en la lista de las más pobladas del país– paralizada por el miedo a lo largo de más de seis horas.

No había más que dos caminos para el Presidente: convertir a Culiacán en zona de guerra o acceder a las exigencias de los temporalmente dueños de Culiacán, dejando en libertad a un delincuente detenido poco antes. Optó por lo segundo, previendo que la noticia daría la vuelta al mundo, como ocurrió, y que de inmediato se desataría una tormenta de críticas.

La decisión presidencial polarizó a la opinión del país. Unos la aprobaron y otros la condenaron, argumentando lo nefasto del sometimiento del Estado frente a organizaciones fuera de la ley, lo cual, aseguran, podría ser el primer paso hacia la aceleración de la espiral de violencia y la admisión de una flagrante impunidad propiciada –oficializada– por el mismo Gobierno.

El viernes, en una declaración ante la prensa, López Obrador reconoció haber avalado la decisión del Gabinete de Seguridad, argumentando que “valen más las vidas que la captura de un capo”. Por su parte, el Gabinete de Seguridad negó haber pactado un arreglo con los delincuentes, pero admitió haber caído en la improvisación.

Ya se esté de acuerdo con la decisión presidencial o en contra de ella, lo cierto es que lo ocurrido el jueves 17 de octubre de 2019 en Culiacán marcará como hito histórico el sexenio de López Obrador, y habrá de ser un dato para juzgarlo.

Lo deseable después de la tormenta es un examen serio, autocrítico, de las autoridades federales sobre las causas que condujeron a lo ocurrido, preguntándose cuáles fueron las fallas –no inmediatas sino de raíz desembocadas en una situación de ese calibre– pues resulta evidente que la estrategia de “abrazos no balazos”, “fuchi, guácala” y la amenaza de hablar con las madres de los delincuentes proclamadas en el discurso presidencial, es un rotundo fracaso. Tampoco es válido enarbolar una imaginaria bandera de la paz en tanto que quienes viven al margen de la ley ya declararon la guerra.

Después del trago amarguísimo del 17 de octubre de 2019, López Obrador y su equipo de seguridad, ya sea el mismo o uno nuevo, reestructurado, están obligados a diseñar una estrategia capaz de impedir la repetición de lo sucedido en la capital del estado de Sinaloa. Ya nadie quiere discursos: urgen acciones concretas y efectivas capaces de devolver un poco de esperanza a los mexicanos.
17 Octubre 2019 04:04:00
Libros contra el olvido
El Consejo Editorial del Estado, dirigido por Javier Fuentes de la Peña, se ha echado a cuestas la plausible tarea de recuperar textos de escritores coahuilenses cuyos libros son hoy inconseguibles. En esta colección han aparecido obras de Julio Torri, Rafael del Río, Felipe Sánchez de la Fuente y José García Rodríguez, todos ellos imprescindibles a la hora de hablar de la historia de la cultura en Coahuila.

El más reciente rescate es precisamente la primera novela de García Rodríguez, Alma Rústica, publicada póstumamente en 1951 –el autor había muerto tres años antes– por la editorial Stylos de la Ciudad de México. La novela conoció una segunda edición en 1983, en las Obras Completas de la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Coahuila, publicadas durante el rectorado del licenciado Óscar Villegas Rico. Ambas ediciones, no es necesario decirlo, están agotadas desde hace muchos años.

Don José García Rodríguez (1872-1948) fue durante décadas un referente imprescindible de la cultura en el estado. Poeta con resonancias othonianas, escribió sabrosos relatos y cuentos, obras de teatro y novelas con trasfondo histórico, como Las Tres Hermanas y Mira lo Que Pasó en la Feria de Saltillo. Profesor desde los 21 años hasta su muerte, por largo tiempo hubo una suerte de simbiosis de su persona y el Ateneo Fuente, del cual fue director en tres ocasiones. A su muerte, uno de sus discípulos, Federico González Náñez, escribió un sentido texto titulado El Aula Vacía.

Mucho se ha escrito sobre la nunca fácil relación de la novela y la historia, y en Alma Rústica es perceptible el vínculo, pues, aunque se trata de una obra de ficción, hay en ella minuciosas descripciones que nos permiten asomarnos a la vida cotidiana en una hacienda coahuilense de hace más de un siglo. Las faenas agrícolas, que bien conoció el autor, pues fue propietario poco afortunado de tierras en el valle de Derramadero, resultan de una precisión admirable, como lo es también la de la casa grande de la hacienda, su disposición y mobiliario.

A través de las páginas de esta novela, vertebrada en una historia de amor, es posible adentrarse en usos y costumbres de nuestros antepasados de la zona rural, su modo de hablar y las relaciones de los hacendados con peones y medieros, así llamados quienes trabajaban tierras de la hacienda y eran refaccionados por el hacendado, con la obligación de entregarle la mitad de la cosecha.

Sin los horrores del México Bárbaro de John Kenneth Turner, García Rodríguez ofrece atisbos de la miseria padecida por algunos campesinos, las duras faenas que debían cumplir y sus esporádicas ocasiones de celebración: bodas, bailes y las infaltables pastorelas.

Escrita en 1902, cuando el autor tenía 30 años, Alma Rústica es, además de su valor literario, un documento en extremo interesante para quienes gusten, así sea por nostalgia, saber cómo vivían campesinos y agricultores antes de que la modernización industrial irrumpiera en la historia de México.

Es de hacerse notar que al describir paisajes y fenómenos naturales, el novelista mojaba su pluma en el tintero del poeta, como puede percibirse en el siguiente párrafo:
“La lluvia, más débil cada vez, iba cediendo: Los truenos resonaban distantes y se oía por todas partes el rumoroso correr del agua. De pronto, los rayos del sol iluminaron el espacio intensamente azul e hicieron brillar las hojas de los árboles que parecían de un verde más jugoso y nuevo”.
13 Octubre 2019 04:08:00
Vulgaridades y tonterías
Paco Ignacio Taibo II en la Feria del Libro de Guadalajara, posiblemente la más importante en países de habla hispana, al celebrar la nueva ley que le permitió, no siendo mexicano por nacimiento, ocupar la dirección del Fondo de Cultura Económica. (11 de noviembre de 2018).

“Me comentan que hay una diputada, que fue senadora, y que está vinculada con este tema (trata de personas) y que es más bocona que la chingada; no sé si sea cierto o no, pero en Tlaxcala siguen los problemas. Pásenme elementos para ponerle una chinga la próxima vez”.
Gerardo Fernández Noroña, diputado federal por el Partido del Trabajo, en una conferencia de prensa, refiriéndose, sin nombrarla, a la diputada panista Adriana Dávila. (8 de octubre de 2019).

“Nos querían extinguir, no podían detenernos y con la ayuda de ustedes ganamos. Así fue como ganamos en muchas partes del estado, todos los que ganamos el 1 de julio de 2018 –porque yo gané, me la robaron, pero los castigó Dios. Angélica Alvarado y yo ganamos y sabe por qué, por Andrés Manuel López Obrador. (9 de octubre de 2019).

Miguel Ángel Barbosa Huerta, gobernador del Estado de Puebla por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), durante una entrevista en Huejotzingo, haciendo referencia a Martha Érika Alonso (su antecesora en el Gobierno) y a Rafael Moreno Valle, muertos al desplomarse el helicóptero en el que viajaban.

Nadie, o muy pocos, se asustan ya de las antes llamadas palabras altisonantes. Maldiciones, vaya. Tampoco sorprende que un político suelte disparates al pronunciar un discurso o durante una entrevista de prensa. Sin embargo, entresacando perlas lingüísticas y declaraciones recientes que ponen nuevas fronteras a la estupidez, es válido suponer que entre los políticos en el candelero hay una marcada tendencia hacia la vulgarización.

Si bien el diputado Fernández Noroña se retractó y hasta pidió disculpas, sus palabras quedaron grabadas y publicadas. Hasta ayer Barbosa no había dado explicaciones sobre el extraño caso de que la divinidad asuma el papel de Tribunal Electoral y castigue de forma tan definitiva a quienes, según él, cometieron un fraude en las elecciones. Al rato, seguramente, nos va a decir que los muchos y graves problemas de Puebla no se resuelven debido a que su ángel de la guarda está de vacaciones.

Decía don Jesús Reyes Heroles que en política la forma es el fondo. Atenidos a ese planteamiento, por las formas que exhiben algunos políticos de hoy, nada bueno puede esperarse de ellos. Hay una incuestionable degradación del lenguaje de la política mexicana, lo cual, por supuesto, ensombrece el horizonte de la vida pública.

En 1995, nuestro paisano de Coahuila y entonces diputado Humberto Roque Villanueva ganó fama nacional por la señal obscena hecha en plena Cámara de Diputados, celebrando el haber conseguido la aprobación de un importante aumento al Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Puede dormir tranquilo, lo suyo fue una chiquillada, un exabrupto de colegio de monjas si se le compara a ciertos representantes populares de hoy y a un gobernador en funciones.

La situación recuerda un viejo programa de televisión estelarizado por Héctor Suárez, ¿Qué nos pasa? Ya, en serio, ¿qué les pasa?

Letras sueltas
¡Qué ingenuos éramos! Antes íbamos al cine a divertirnos. Hoy van a ver El Guasón para esbozar intrincadas teorías sociológicas cuyo tema es la sociedad actual.
10 Octubre 2019 04:06:00
Las dos burocracias
Aunque todavía hay, por desgracia, motivos para mantenerlo vigente, el viejo cliché del tortuguismo en la burocracia gubernamental empieza a palidecer, incluso hasta borrarse, en comparación con los sufrimientos de cualquier cliente en casi cualquier banco. Con más gente que en un mercado, las matrices y sucursales de la banca demandan la paciencia de Job de quien desee hacer algún trámite.

El contraste entre la burocracia gubernamental y la bancaria es tremendo. Mientras la primera, echando mano de las herramientas digitales logra agilizar los trámites —no todos, por supuesto—, se diría que los bancos están aún congelados en los tiempos de la plumilla, el tintero y la visera de mica verde. Tienen computadora, es cierto, pero sirven para maldita la cosa cuando se requiere dar fluidez a la tramitología.

Hace unos días, aquí, en Saltillo, una dama necesitaba renovar su licencia de manejar. Por Internet se enteró de los documentos requeridos: acta de nacimiento, comprobante de domicilio, Curp e identificación oficial, o sea la credencial de elector. Llegó temprano a las oficinas, presentó los documentos e hizo el pago correspondiente. Alrededor de 45 minutos después salió con su nueva credencial en la cartera.

El reverso de la medalla. También recientemente, al tratar de sacar dinero del cajero automático, un empleado se llevó la muy desagradable sorpresa de que la tarjeta en la que le depositan su salario no tenía fondos. Extrañado obtuvo un estado de cuenta, en el cual apareció una decena de cargos hechos el día anterior bajo el misterioso rubro de “Inter”. Tomó el teléfono, y tras teclear números y más números, siguiendo las indicaciones de una grabación, logró hablar con un ser humano. La aclaración del asunto le llevó, sin exagerar, más de una hora pegado al celular, y solo para enterarse de que por tercera ocasión –sí, tercera ocasión– le habían hecho cargos indebidos por el monto de su quincena.

Finalmente, la voz del otro lado de la línea le informó amablemente que la tarjeta quedaba cancelada –también por tercera ocasión– y en cinco o siete días podía pasar a recoger el nuevo plástico en la sucursal correspondiente. Esto, traducido al español significa: sin dinero y sin tarjeta durante una semana.

Nada nuevo. Desde que se cruza la puerta del banco comienza el viacrucis del cuentahabiente. Antes de nada, debe sacar un boletito con un número, después de aclarar al o la recepcionista si va a ventanilla o requiere los servicios de un “ejecutivo de cuenta”. Luego, al contemplar el mercado persa en que está convertido el lugar, no le queda sino cruzar los dedos y encomendarse al santo de su devoción.

La turbamulta de clientes en espera se desahoga a cuentagotas atendida por dos o tres “ejecutivos de cuenta”, quienes debido a los cada vez más complicados sistemas tardan a veces eternidades en solucionar cada caso. ¡Y no hay sillas suficientes!

Presumiendo modernidad, la mayoría de las firmas bancarias anuncian sus servicios por Internet. Habrá que creerles, pero lo cierto es que esa mejora no se refleja en el número de clientes en matrices y sucursales, donde parecen crecer en forma exponencial.

Letras sueltas
Hace años logró gran éxito la telenovela Los Ricos También lloran estelarizada por Verónica Castro. No sé si los ricos también lloran, pero los que por alguna razón se ven en la necesidad de ir a un banco, quizá no lloren, pero hacen muchos corajes y pierden mucho tiempo.
06 Octubre 2019 04:05:00
jMerecida alegría
Ridícula pero necesaria nota autobiográfica, tan ridícula como todas las de este tipo y el exceso del uso de la primera persona del singular en textos periodísticos.

Residí en Monclova 10 años, donde me desempeñé como periodista. Esto ha sido causa de confusiones para buen número de personas, incluyendo a los autores de un diccionario biográfico de Coahuila, quienes en la ficha correspondiente señalan erróneamente a esa ciudad como lugar de mi nacimiento. En el diccionario de mi amigo Arturo Berrueto González y en el compuesto por mi compadre el profesor José María Suárez Sánchez, el dato es correcto: nací en Saltillo. Sin embargo, por muchas y siempre bien recordadas razones, me considero monclovense por adopción, aunque hasta ahora hayan resultado infructuosas mis gestiones de ser nombrado cónsul honorario de Monclova y Castaños en Saltillo.

El aparecer en un diccionario como originario de la Capital del Acero y lo aquerenciado que sigo con esa ciudad, me da derecho a alegrarme como el que más por el campeonato de los Acereros, y también de entrometerme en información correspondiente a la sección de deportes.

Hecha la debida aclaración, prosigamos:

Después de sufrir una larga temporada como fuente proveedora de noticias negativas, los Acereros de Monclova brindaron un ya urgente motivo de júbilo a los monclovenses al conquistar el miércoles por la noche el campeonato de la Liga Mexicana de Beisbol. Fundados hace ya 45 años, los Acereros nunca habían logrado coronarse. Esta vez lo hicieron tras sufrida y agotadora campaña de postemporada de 21 juegos en los que dejaron tendidos en el camino a los tres últimos campeones de la Liga: Sultanes de Monterrey, Toros de Tijuana y la novena yucateca.

El equipo, el único profesional de la ciudad, nació con el sobrenombre de Mineros y jugaba en dos sedes –Monclova y Sabinas–. Cuenta con una fiel y ruidosa fanaticada que lo respalda en las buenas y en las malas. En 45 temporadas han sido muchísimas más las malas (44) y solo una buena, pero muy buena.

Ciudad adicta al beisbol, el anhelo cumplido el miércoles por la noche es más antiguo que 45 años. Desde la instalación de Altos Hornos de México en 1942, motor de la economía regional, el fundador de la acería, Harold R. Pape, dio especial impulso a la práctica de ese deporte. Construyó un parque, después sustituido por otro que diseñó su padre, quien a eso se dedicaba.

El papá del señor Pape era un viejecito muy simpático. Con una pequeña maqueta calculaba la mejor orientación del nuevo estadio, a fin de aprovechar al máximo la sombra protectora del sol monclovense, el cual suele ser furioso.

Don Salvador Benavides, abuelo de Gerardo Benavides Pape, propietario de los Acereros, era quien se dedicaba entonces a promover el beisbol entre los trabajadores de Altos Hornos. Gerardo, también timonel del Grupo Industrial Monclova, heredó la pasión por el Rey de los Deportes y ha hecho hasta lo imposible por armar una escuadra capaz de enfrentarse al tú por tú con cualquier equipo mexicano. Es justo reconocerle el esfuerzo.

Monclova está de fiesta. La compartimos quienes en distintos puntos geográficos del planeta debemos gratitud a esa hospitalaria ciudad.

LETRAS SUELTAS

La calidad humana de los monclovenses se manifestó una vez más cuando, ya ganada la corona, los asistentes al estadio empezaron a corear el grito de “¡Yucatán, Yucatán!” en honor de los contrincantes.
03 Octubre 2019 04:06:00
El último tlamatini
La muerte del historiador, filósofo y humanista Miguel León-Portilla, el último gran tlamatini (hombre sabio, en náhuatl), enluta a la historiografía mexicana, en la que marcó una huella profunda. Continuador de la obra de su maestro, el padre Ángel María Aguilar Kintana, quien, por decirlo así, le inoculó la pasión por las culturas prehispánicas y, especialmente, el idioma náhuatl, León-Portilla profundizó los estudios sobre la literatura y el pensamiento de los habitantes del Altiplano antes de la llegada de los españoles.

Hasta Aguilar Kintana y el recién fallecido, el interés por las culturas prehispánicas había sido eminentemente arqueológico: estudios sobre vestigios arquitectónicos, escultóricos y pictóricos. Ellos se enfocaron en el pensamiento y la literatura, rescatando verdaderas joyas de la poesía azteca, que el padre Aguilar Kintana reunió en tres monumentales volúmenes de Poesía Náhuatl.

Infatigable investigador y erudito lingüista, León-Portilla rescató en La Visión de los Vencidos testimonios de los aztecas sobre el impacto de la Conquista, libro que se convirtió rápidamente en un clásico con traducciones en 15 idiomas y decenas de ediciones.

A contracorriente de la vieja frase según la cual la historia la escriben los vencedores, León-Portilla rescató la voz de los derrotados, pueblo al que los conquistadores, con la cruz y la espada, destruyeron su mundo, sus dioses y su ancestral organización político-social. Antes de él, conocíamos solamente la visión unilateral de los vencedores, los conquistadores. El traumático episodio se refleja en los testimonios recogidos en el libro.

Querido maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México, el respetado último tlamatini fue objeto de incontables reconocimientos, el último de los cuales, la medalla Nezahualcóyotl, otorgada por la Secretaría de Educación Pública por primera vez, la recibió en la cama del hospital rodeado de sus familiares.

Expositor ameno, era capaz de hacer fácil incluso para los legos intrincados temas de lingüística. Fue hombre sencillo, de buen humor. Cuando cumplió 80 años, la UNAM organizó un homenaje en su honor y en el de la inolvidable doctora Clementina Díaz y de Ovando, quien completaba 90. Presidió el acto el entonces rector Juan Ramón de la Fuente.

En su discurso de agradecimiento, León-Portilla dedicó parte de su pieza oratoria al elogio de su casa de estudios. Dijo, palabras más, palabras menos, sentirse privilegiado al pertenecer a la UNAM, donde no solamente gozaba el placer de enseñar a jóvenes, sino también recibir respaldo para sus investigaciones, publicar sus libros y disfrutar cada mañana de la belleza de los jardines de Ciudad Universitaria. Remató el elogio con la frase: “Y encima me pagan”.

Desde el presídium y en alta voz, el rector De la Fuente le replicó: “Lo último tiene remedio”. La carcajada fue general. Horas después, durante la comida, reconvino en broma a De la Fuente: “Señor rector, es preciso considerar arrebatos líricos lo que a veces se dice en la tribuna cuando se pronuncia un discurso, especialmente si se habla de salarios”.

Murió después de una larga vida plena de frutos y realizaciones. La suya fue, como dicen que decía, “una vida feliz y completa, con exceso de juventud a cuestas”. Cumplió al pie de la letra el viejo proverbio chino: “Hay que morir joven… lo más tarde que se pueda”. Nos quedan sus libros y sus recuerdos.
29 Septiembre 2019 04:04:00
Promotora incansable
En un acto de justicia, María Isabel Saldaña Villarreal recibió la Presea de Ciudadana distinguida Magdalena Mondragón, concedida por el Ayuntamiento de Torreón en reconocimiento a su incansable y multifacética labor cultural. Honrar, honra, decía Martí, y en esta ocasión el Ayuntamiento torreonense se ha honrado al distinguir acertadamente a quien tanto bien ha hecho a esa ciudad.

María Isabel, Mary para los muchos que la queremos, ha sido la creadora y promotora de numerosos proyectos culturales que han enriquecido la vida de la Comarca Lagunera. Una de las primeras causas que encabezara fue la creación de Papeles de Familia en la unidad Torreón de la Universidad Iberoamericana.

Este imaginativo proyecto, en el cual participaron centenares de personas, permitió reunir archivos privados, una mayoría de carácter familiar, entre ellos el valiosísimo del general Pedro V. Rodríguez Triana. Ameritado revolucionario, Rodríguez Triana fue gobernador del Estado y decidido impulsor de la reforma agraria emprendida por el presidente Lázaro Cárdenas en La Laguna.

En otra vertiente de su quehacer cultural, María Isabel ha incursionado con éxito en la historia. Es autora del estudio más completo sobre la presencia de personajes provenientes de las provincias vascongadas que desarrollaron diversas empresas –principalmente agrícolas– en la Comarca. Al pasar revista a estos empresarios, la autora centró la atención en el acaudalado Rafael Arocena, el más exitoso de los vascos en la región, cuya extensa red de comercialización internacional de algodón contaba con un muelle propio en el puerto de Nueva York.

La publicación de este libro la puso en contacto con los descendientes de Rafael Arocena, a quienes animó a compartir con el público su valiosa colección de arte en el museo que lleva el nombre del empresario. Cuando se escriba la historia del Museo Arocena de Torreón, a la labor de María Isabel Saldaña para volverlo realidad deberán dedicársele los primeros capítulos.

El prestigio ganado le permitió reunir una rica colección de fotografías antiguas integradas en el libro Torreón: un relato de su historia en postales, que recoge el reflejo arquitectónico de la época de mayor esplendor de la Perla de La Laguna. Amorosa recopiladora de todos los ángulos de su ciudad natal, derivó su interés al rescate del recetario tradicional de las familias laguneras, labor que se concretó en una nueva publicación: Recuerdos y sabores de La Laguna.

Este volumen refleja una de las características de la Comarca: su cosmopolitismo. El boom algodonero de fines del siglo 19 y la mitad del 20 constituyó poderoso imán para gente de prácticamente todos los puntos del planeta, desde franceses y españoles, hasta nativos del Medio Oriente y China. Las cocinas de las familias inmigrantes pueblan el recetario de La Laguna de fórmulas y condimentos de la más distinta procedencia, lo cual lo convierte también en un documento de la vida privada y la diversidad étnica y cultural de la región.

Inquieta y polifacética, la recientemente galardonada escribe en los periódicos y es promotora de la sección de edición de libros de una organización periodística nacional. Conjuntando el talento de decenas de investigadores, ha dado a la estampa monografías sobre estados y ciudades de la República. Sin duda, la presea que lleva el nombre de la brillante periodista y escritora que fue Magdalena Mondragón llegó a las mejores manos.

26 Septiembre 2019 04:06:00
Censura
Es aberrante, con inconfundible tufo a censura, la decisión del Congreso de Nuevo León que declaró a personas non gratas al exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), Pedro Salmerón Sanginés, y al diputado del Partido del Trabajo Gerardo Fernández Noroña.

En apoyo a la medida, el diputado Luis Susarrey declaró: “Este tipo de ciudadanos no son gratos ni en la ciudad ni en todo México”, agregando que “las palabras del exfuncionario (Salmerón) nos ofendieron a todos los nuevoleoneses”.

Los señores legisladores, motivados por un plausible interés de exaltar la figura histórica de uno de sus más admirados coterráneos, don Eugenio Garza Sada, ícono de la industria regiomontana, sin pensarlo ni proponérselo instituyeron una suerte de censura estatal.

Al hacerlo, demolieron de un plumazo uno de los pilares fundamentales de toda democracia: el derecho a la libertad de expresión. Y la censura, bien se sabe, es una de las armas predilectas de los gobiernos autoritarios y de las dictaduras. ¿Cuál sería entonces el siguiente paso? ¿Instituir un gulag a la mexicana y recluir allá a los disidentes para “reeducarlos”? Nada nuevo, Stalin lo inventó hace mucho.

De acuerdo con el diputado Susarrey, todos -subrayo todos- los habitantes de Nuevo León piensan igual que él y todos se sienten ofendidos por las declaraciones de Salmerón y Fernández Noroña. ¿No es llevar demasiado lejos el regionalismo? De ser así, el Congreso podría declarar cualquiera de estos días intocables por la crítica a quienes los legisladores consideren prohombres nuevoleoneses. ¿Quién se atreverá ahora a decir que don Alfonso Reyes era un poeta mediocre, si puede hacerse merecedor a una especie de muerte civil decretada por el Congreso?

Susarrey y demás ocupantes de curules que apoyaron la iniciativa de declarar non gratos a Salmerón y a Fernández Noroña olvidaron o desconocen la célebre frase erróneamente atribuida a Voltaire, la cual sintetiza el respeto irrestricto a la libertad de expresión: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero daría hasta la vida por el derecho que tienes de decirlo”. Con su medida de corte inquisitorial, niegan a cualquiera el derecho de sostener opiniones contrarias a las que ellos consideran las correctas o aceptables.

Aclaremos: si un particular considera erróneas o mal intencionadas las expresiones de alguien, no pasa nada, pero si lo hace uno de los tres poderes del Estado -como se supone es el Legislativo de Nuevo León-, el asunto adquiere una dimensión diferente. Es tanto como oficializar una censura gubernamental, aunque disfrazada. ¡Cuidado!   

La intención no es, por supuesto, defender al historiador Salmerón Sanginés y al diputado Fernández Noroña, quienes aplicaron el calificativo de “valientes” a los miembros de la Liga 23 de Septiembre que perpetraron el condenable asesinato de don Eugenio Garza Sada. Condenable, no solo por tratarse de un destacado industrial y filántropo, sino de un ser humano.

El uso del malhadado adjetivo puede interpretarse -y lo ha hecho un gran número de personas- como una apología de la violencia, lo cual, en el complicado entorno nacional asediado por la inseguridad, resulta inaceptable y, si se quiere, hasta peligroso. Sin embargo, estar en desacuerdo no conlleva satanizar y prácticamente vetar a quienes piensan diferente a nosotros.     

Nadie está obligado a pensar igual que uno y menos válida es la intención de intentar unificar la interpretación del pasado.
22 Septiembre 2019 04:07:00
Conmemoración desvirtuada
La belicosa letra de nuestro Himno Nacional se entiende en el contexto del siglo 19, cuando la debilidad de México alentaba la codicia de otros países, después concretada en invasiones e intervenciones ya fueran norteamericanas o francesas. Por eso, irónico, José Emilio Pacheco decía que en el siglo 19 los únicos que no invadieron a México fueron los marcianos.

De allí la pertinencia de que el Himno haga referencias explícitas a “extraños enemigos” deseosos de “profanar con su planta” el suelo patrio, y también el exhorto a los mexicanos a empuñar las armas en defensa del territorio, confiando a la Patria en tener “un soldado en cada hijo”.

Lo anterior viene a cuento por el mal sabor de boca que dejaran algunos cambios introducidos en los rituales de la reciente conmemoración del inicio de la guerra de Independencia. Se han gastado caudales de tinta para alabar los cambios introducidos en la vieja tradición: la austeridad del festejo en Palacio Nacional, la presencia en el Zócalo capitalino de grupos folclóricos de todos y cada uno de los estados de la República y la ausencia de familiares en el balcón presidencial la noche del Grito, entre otros.

Las voces críticas se enderezaron contra la politización del desfile del 16 de septiembre, en el cual se incluyó un contingente de la Guardia Nacional, carros tanque utilizados durante la etapa más álgida de la lucha contra el robo de combustible y la presencia de grupos beneficiados con los programas asistenciales implementados por la Cuarta Transformación.

Ante la parafernalia tan arraigada en el calendario cívico y en el sentimiento popular, cabe hacer la pregunta: ¿Cuál es la razón del desfile militar el 16 de septiembre? La respuesta obvia nos remite a la letra del Himno Nacional: es, por decirlo así, demostración de ser un país bien pertrechado para enfrentar cualquier eventual intento de otras naciones de invadir nuestro territorio.

Históricamente, está bien. El amargo pasado nos enseñó la necesidad de prepararnos para repeler agresiones de extraños enemigos. Lo desalentador es la forma en que en esta ocasión se compuso el contingente del desfile. Hubo, por supuesto, representación de las Fuerzas Armadas, pero también se incluyeron manifestaciones encaminadas a dejar un mensaje dirigido no a extraños enemigos, sino internos.

La presencia de la Guardia Nacional no tiene ninguna relación con la posibilidad de una invasión del territorio; tampoco el desfile de carros tanque utilizados en la lucha contra la extracción de combustible de los ductos. Ni a los miembros del crimen organizado ni a los huachicoleros es aplicable aquello de extraños enemigos. No son extraños, son protagonistas de un problema interno provocado por compatriotas, aunque nos repugne considerarlos así.

El desfile de la Cuarta Transformación señaló claramente que el peligro para la soberanía del país no se localiza más allá de las fronteras, sino dentro del territorio delimitado por estas. Y eso, véase por donde se vea, no deja de ser desalentador.

Además, asumiendo el peligro de ser tachado de tradicionalista irredento, agregarle ingredientes políticos coyunturales y problemas internos –guerra, le llamó un expresidente– desvirtúa la celebración, convirtiéndola en propaganda y en asunto policiaco, lo cual no tiene ninguna relación con la conmemoración de la lucha iniciada en Dolores por don Miguel Hidalgo y Costilla ni la de los insurgentes que la continuaron.
15 Septiembre 2019 04:06:00
Mis patrias
La noche de hoy, desde el zócalo capitalino hasta la más alejada placita de cualquier cabecera municipal, y aun en el extranjero, se repetirá el grito de ¡Viva México! Henchidos de patriotismo, vitorearemos a nuestros héroes mientras el cielo ve incrementado de manera efímera el número de sus estrellas con el estruendo de los fuegos de artificio, los cuales miraremos aunque no sea del brazo de nuestra novia la galana, como aconsejaba López Velarde.

Nuestro himno de acentos bélicos habrá de ser entonado por millones, muchos de los cuales quizá no sepan bien a bien qué significa eso de “aprestad el bridón”. Otros, con un patriotismo que pinta la raya ante quienes lo duden, lucirán anchos sombreros con la retadora leyenda de “¡Viva México, cabrones!”

Noche de amar a la patria, así en abstracto, lo cual, debo confesarlo, no es sencillo. Sin embargo, al margen de sentirse parte del concepto, en el caso personal hay paisajes, momentos, olores, sabores, sonidos y palabras que hacen constar mi ineludible pertenencia a una nación llamada México. Son, por así decirlo, fragmentos de una patria personal que me han marcado emocional y estéticamente, acabando por formarme como lo que soy.

¿Cuáles son mis patrias?

Escuchar el sonar de la máquina de coser Singer viendo a mi madre terminar no sé qué, una sábana, una blusa o la funda de una almohada. El trac-trac de la Singer y el rostro concentrado de mi madre, quien con ágiles manos movía la tela guiándola por el veloz subir y bajar de la aguja, me hace sentir, todavía decenas de años después, que mi corazón se escrituró para siempre en el lugar donde esto ocurría.

También de tarde, regresar del colegio y al abrir la puerta de la casa y verme envuelto, arropado, por el aroma a tortillas de harina, constituía la certeza de tener un hogar donde vivir alegrías y descargar penas. ¿Y qué es la patria sino un hogar grande, inmenso?

Viejecita, morena, la cabeza cubierta con rebozo gris, Juanita era una lavandera orgullosa de su estirpe de “tlaxcalteca pura”, como ella decía. Hablaba de su abuelo, cosechador de verduras allá por la calle de Moctezuma, que luego vendía casa por casa. Impecablemente pulcra en la sencillez de su atuendo, le irritaba lo descuidado de mi melena, y me reprendía utilizando una palabra náhuatl oída entonces por primera vez: “Ay, niño, tus pelos parecen chimal”. Años después me enteré que chimalli era un escudo prehispánico, cuyos bordes solían adornarse con plumas. Aunque ya no tengo cabello suficiente para asemejarse a un chimal, nunca olvidaré que, gracias a usted, Juanita, me asomé por primera vez al pasado profundo de este país.

A la orilla de la presa del Tulillo, sentados en el suelo, esperando al lado de mi padre el improbable paso de una parvada de patos. El día empezaba a rendirse ante el embate del ocaso. Un sol en llamas pintaba una estela roja en el espejo del agua. Padre encendió su pipa. Entonces pensé en lo bello que sería que el tiempo se detuviera y siguiéramos siempre tan juntos, sin necesidad de hablar.

¿Cómo no amar a México si en un rincón de su territorio mi tío Alfonso intentó inútilmente hacer de mí un segunda base que no diera vergüenza? ¿Cómo no sentirme parte de este país si en su suelo crecían las rosas amarillas cultivadas por mamá? ¿Cómo no sentirme mexicano si aquí aprendí a leer y conocí la zozobra de los primeros enamoramientos juveniles? ¿Cómo no ha de ser mi Patria, si aquí probé por primera vez la cajeta de
membrillo?
12 Septiembre 2019 04:00:00
Prometedor primer paso
Publicar un periódico que sigue a los movimientos de un ejército revolucionario cerca de 3 mil kilómetros, imprimiéndolo en siete ciudades -Hermosillo, Ciudad Juárez, Chihuahua, Torreón, Saltillo, Monterrey y Ciudad de México-, es toda una hazaña. Esto fue un logro del periodista campechano Salvador Martínez Alomía. Hoy, más de un siglo después, ese periódico, El Constitucionalista, constituye una riquísima fuente de información acerca del movimiento encabezado por don Venustiano Carranza.

Seguramente redactores y editores viajaban únicamente con sus máquinas de escribir y lo más indispensable. En cada ciudad debían conseguir dónde imprimirlo. En ocasiones eran los talleres tipográficos del Gobierno del Estado, pero en Hermosillo y Torreón hubieron de contratar imprentas comerciales. Los continuos traslados impidieron a El Constitucionalista ser una publicación trisemanal, como se lo propuso al principio.

En una acertada decisión, a manera de preámbulo de la conmemoración el próximo año del centenario de la muerte de don Venustiano Carranza, el Gobierno del Estado, a través de su Secretaría de Cultura, publicó la edición facsimilar del periódico, presentada hace un par de semanas en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, de la capital del país. En la presentación participaron la secretaria de Cultura, Ana Sofía García Camil, el historiador Javier Garciadiego Dantán y quien esto escribe.

Se trata de una importante aportación al mejor conocimiento de la Revolución Constitucionalista, pues ni siquiera la Hemeroteca Nacional cuenta con una colección completa del periódico. La biblioteca del Centro Cultural Vito Alessio Robles conserva la perteneciente al historiador que lleva su nombre, a la cual faltaba el número 100, cuya copia fue proporcionada generosamente por la Universidad Veracruzana.

Llama la atención que el periódico, cuyo primer número apareció en Hermosillo el 2 de diciembre de 1913, se proclame Órgano del Gobierno Constitucionalista. Por lógica era de esperarse que se considerara órgano del Ejército Constitucionalista -aún faltaban 8 cruentos meses y 11 días para la firma del Tratado de Teoloyucan y la renuncia de Victoriano Huerta-, pero los decretos emitidos durante el periodo, Carranza los firmaba en su calidad de “Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, en uso de las facultades extraordinarias de que me hallo investido”. ¿Exceso de optimismo o reiterada afirmación de la ilegitimidad, y por tanto inexistencia del Gobierno de Huerta? Así lo consideraba el periódico, que el martes 10 de febrero de 1914 insertó el siguiente aviso:

“Se previene al público que todos los contratos, disposiciones y demás actos que, conforme a las leyes respectivas, deben ser publicados en el Diario Oficial de la Federación, no surtirán efecto legal si no se insertan, como está ordenado, en este órgano oficial del Gobierno Constitucionalista”.

Por ser su tierra natal, Coahuila está moral e históricamente obligado a dar especial realce a las conmemoraciones del centenario del asesinato de don Venustiano, el único presidente mexicano muerto estando en funciones. La edición facsimilar de El Constitucionalista constituye un prometedor primer paso y viene a poner a disposición de investigadores e interesados una fuente de noticias que, a 100 años de distancia, es hoy novedosa, dada la extremada rareza de la publicación.
08 Septiembre 2019 04:09:00
¡Maestro!
Siempre igual, fiel a tu espejo diario, como recomendara López Velarde, transitó por su fructífera vida Francisco Toledo, quien la dejó a sus 79 años el jueves anterior. Nunca cambió, ni siquiera de atuendo; mucho menos de ideales y pasiones. De estas tuvo dos enormes, avasalladoras: el arte y Oaxaca, su tierra natal, por la que libró batallas épicas defendiéndola de las agresiones de una supuesta modernidad que sirve de disfraz a la ambición del dinero.

Moreno, delgado, barba y melena borrascosas conquistadas de blanco y ojos que parecían clavarse en el infinito, Francisco Toledo era un genio indiscutible de la pintura, del dibujo y del grabado. Fue, para muchos, el último grande que nos quedaba. No solo puso a Oaxaca en el mapa mundial de las artes plásticas, también hizo de su actitud, de su valentía y de su generosidad, una lección que, sería deseable, aprendiéramos y practicáramos todos.

Los medios de comunicación recuerdan hoy la defensa de su amada Oaxaca y de sus tradiciones. Fundador de instituciones para impulsar a nuevos creadores y evitar la extinción de las lenguas indígenas, deja una huella profunda en la historia cultural de México.

Enfrentó por igual a gobernantes que a particulares cuando creyó ver agredido el patrimonio arquitectónico y geográfico de la capital oaxaqueña. Evitó la instalación de un restaurante de hamburguesas en el Centro Histórico de la ciudad. Luego, como forma poética-nacionalista de celebrar el triunfo de su movimiento, organizó una tamaliza multitudinaria frente al sitio elegido por la cadena de comida rápida. También obligó al entonces gobernador a dar marcha atrás al proyecto de construir un Centro de Convenciones en el Cerro del Fortín.

Su generosidad no conocía límites. En 2015 vendió al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), por él fundado, su colección compuesta por 125 mil obras. Recibió un peso como pago por una colección cuyo valor en el mercado sería de decenas, quizá cientos de miles de dólares. Al explicar la venta explicó que la hacía “para empezar a dejar todo en orden”. Atento a lo grande y a lo pequeño, hizo fuertes donaciones en Juchitán para la reconstrucción de las viviendas dañadas por el sismo de 2017 y ayudó a los fabricantes de totopos a adquirir los enseres que habían perdido.

Admirable era, asimismo, su imaginación poética, que se plasmaba no únicamente en sus pinturas, dibujos y grabados. Unido a las exigencias de la aparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, animó a los alumnos del IAGO a fabricar igual número de papalotes y pintar en cada uno el rostro de un desaparecido. Luego echaron a volar los papalotes en el corredor turístico de Oaxaca en las horas de mayor tránsito.

Interrogado por los periodistas acerca del significado simbólico del acto, respondió: “Si a los estudiantes se les busca en la tierra, también hay que buscarlos en los aires”.

El viernes pasado México amaneció más pobre, y los conejos, coyotes, gatos, sapos, chapulines y demás seres que pueblan su obra, quedan como constancia de la creatividad de un artista que hizo de lo al parecer insignificante seres fantásticos capaces de disparar la sensibilidad de los espectadores.

Pionero de la hoy reconocida Escuela Oaxaqueña de Pintura, en la cual destacan Felipe Morales, Rolando Rojas, Roberto Doniz y media docena más, Francisco Toledo acaba de abandonar sus pinceles y buriles, pero sus sapos, conejos, gatos y chapulines seguirán saltando y asaltando nuestra imaginación.
05 Septiembre 2019 04:06:00
Apocalipsis cibernético
Las 12 de la noche en la Ciudad de México. ¿El celular? Esa fue la primera expresión. La segunda, la misma, pero no entre signos de interrogación sino de admiración: ¡El celular!  Seguramente lo olvidó en la mesa del restaurante, pensó. Y ni modo de intentar hablar para preguntar. A esa hora ya estará cerrado.

En la habitación del hotel, la primera sensación que le produjo la falta del aparatejo resultó muy semejante al pánico. Hasta ese momento se percató de su maldita dependencia del teléfono móvil. Minimalista respecto al atuendo personal -nunca usó anillos ni cadenas, mucho menos esclavas a las que son tan adictas algunas personas-, jubiló hace años el reloj. Lo consideró innecesario pudiendo consultar la hora en el teléfono.

A mayor abundamiento de sus tribulaciones, había que agregar la pereza mental para memorizar números de teléfonos, por ser tan fácil teclear el nombre de la persona a la que se desea llamar. Recordó la añorada era precelular, cuando podía recitar de corrido 12 o 15 números telefónicos. Eso era antes. Ahora su mente estaba en blanco.

Por fortuna, una vieja agenda aparecida en el fondo de la maleta lo salvó del total analfabetismo numérico. Tres o cuatro números apuntados de prisa hicieron el papel de tabla de salvación.

Pero la falta de comunicación desde el móvil era solo parte de la tragedia. Al día siguiente, por la mañana, tomaría el vuelo de regreso… ¡y en la pantalla del celular estaba el pase de abordar y esos garabatos que deben mostrarse a una máquina para obtener el permiso de subir a la aeronave! ¿Qué voy a hacer?

Al despertar, la luz del día empezaba a colarse por la ventana ¿Han sentido ustedes la vergüenza de preguntar la hora a la administración de un hotel? Espero que el destino les evite la pena de explicarle por teléfono a la encargada de la recepción: “Perdón, señorita, perdí mi celular. ¿Sería tan amable de decirme qué hora es?”.

Luego de dos inútiles intentos de teclear los números en el teléfono de la habitación, el infeliz descelularizado preguntó de nuevo. Para llamar a un celular, le informaron, debe comunicarse con la operadora. Allí comenzó a rehacer su vida. Se enteró cómo marchaban las cosas en la oficina y el statu quo de la vida hogareña, y pidió -sería más preciso decir suplicó- que, de ser posible, desde su computadora enviaran al Centro de Negocios del hotel el pase de abordar. Afortunadamente no hubo problema, y en menos de una hora ya tenía el anhelado papel en la mano. Respiró tranquilo al desaparecer la amenaza de quedarse varado (en viernes los vuelos van repletos).

Luego de pagar la impresión del pase de abordar, aún le aguardaba una última sorpresa. Habiendo saldado desde la noche anterior la renta de la habitación y los consumos en el restaurante a fin de no perder tiempo, tuvo que hacer una larga fila frente a la caja para liquidar ocho pesos, cargo de las llamadas hechas por la operadora.
29 Agosto 2019 04:15:00
Acuña y los olvidados
A 140 años de su nacimiento, Manuel Acuña y su más famoso poema, el Nocturno a Rosario, como se ha dado en llamarlo, se mantienen vivos en la memoria popular resistiendo las frecuentes y potentes andanadas de los críticos que tachan su poesía –a veces con razón– de cursi, encontrándole, además, evidentes fallas de carácter técnico. En algunos casos, no en todos, por supuesto, quienes sostienen tales puntos de vista lo hacen por esnobismo, temerosos de ser tachados de ramplones.

Sobre esto hay una anécdota del gobernador don Óscar Flores Tapia, que no escondía su admiración por Acuña, al que levantó una estatua frente al Teatro de la Ciudad y dispuso, porque fue idea de él, que este se estrenara con la representación de su drama El Pasado. En cierta ocasión discutía don Óscar con un individuo que calificaba de melcocha los versos del saltillense. Entonces, Flores Tapia se limitó a preguntarle cuál era su poeta preferido. “Octavio Paz”, respondió firmemente su interlocutor. “A ver”, lo retó, “repíteme la poesía de Paz que más te gusta”. El otro citó dos o tres líneas sueltas del autor de Blanco, mientras, interrumpiéndolo, don Óscar le dijo que hasta los grupos de fara fara sabían el Nocturno y lo cantaban.

Los conocedores, por su parte, consideran que, tratándose de Acuña la biografía del autor, epilogada por el suicidio, añade interés a su obra y la magnifica. Igual ocurre, puede alegarse, con Van Gogh o Frida Kahlo. ¿Resultaría tan conmovedora la figura del pintor de los girasoles sin la leyenda –falsa según algunos de sus biógrafos– de que nunca vendió un cuadro y murió por su propia mano, trastornado mentalmente? ¿Tendría su figura el mismo efecto en el imaginario popular si en lugar de arrastrar una lamentable pobreza a lo largo de su vida, el buen Vicente hubiera sido un émulo del mediático Salvador Dalí, mundialmente aplaudido, rodeado de estridente publicidad y millonario?

¿Tendrían los cuadros de Frida el mismo éxito comercial si en vez de retratarse enferma y sufriente, se hubiera pintado obteniendo la medalla de oro en la carrera de los 100 metros planos? Sea dicho lo anterior sin afán de restar méritos a la obra de uno y de otro.
A pesar de su romanticismo, que no falta quienes califiquen de trasnochado, nuestro poeta suicida, decíamos, conserva intacta su popularidad, y ahora, con motivo del 140 aniversario de su nacimiento se ha organizado una serie de actos culturales. Entre ellos uno en el Panteón de Santiago, donde en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos reposan sus restos.

Plausible la idea de recordarlo y honrarlo. Sin embargo, es injusto que, centrados en la figura de Acuña, no recordemos con similar orgullo y admiración a otros escritores saltillenses, como don Julio Torri y don Artemio de Valle Arizpe, para nombrar solamente dos.

Torri, orfebre de la palabra, fue homenajeado en el centenario de su nacimiento y hasta se colocó su busto en el jardín aledaño a las oficinas del Congreso del Estado. La estatua fue robada, desapareció la placa en la casa donde nació en la calle Victoria –hoy salida de un estacionamiento– y pocos parecen haberse vuelto a acordar del autor de De Fusilamientos, excepto por un festival y un concurso de cuento que lleva su nombre.
A don Artemio le ha ido peor. Nunca tuvo homenaje ni estatua y la última vez que atrajo la atención de sus conciudadanos fue cuando se incendió su biblioteca en el Ateneo Fuente.
25 Agosto 2019 04:02:00
La muerte como espectáculo
“Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio”, escribió Antonio Machado a propósito del sepelio de su amigo Abel Marín. Y así es. Los momentos finales de cualquier ser humano merecen respeto. Por desgracia, en un mundo donde campea la frivolidad y todo, sin excepción, es susceptible de convertirse en espectáculo, no se salva ni la seriedad del golpe del ataúd en tierra machadiano. De esto han dado dos ejemplos las redes sociales en sendas enfermizas y descaradas provocaciones al morbo público.

En la plataforma de Facebook se ofrecían, la semana pasada, fotografías del cuerpo de Marilyn Monroe en la morgue. Naturalmente, quien esto escribe se negó a “abrir la página”, como ahora se dice. ¿Qué interés puede tener el espectáculo de los despojos mortales de una admirada diosa de la pantalla? Ni que fuéramos monjes medievales, que colocaban en su mesa de trabajo una calavera para recordarse –como si eso fuera necesario– el fatal acabamiento de su propia existencia.

Otro caso fue la justa indignación de la familia del señor Celso Piña por la filtración de dos videos de los últimos momentos del acordeonista. Según la información, alguna mente enferma grabó los segundos anteriores al fallecimiento del acordeonista.

En uno, explica la noticia, aparece agonizante en la mesa de operaciones del hospital y en las ansias de la muerte, diría Cervantes, intenta balbucear unas palabras. El otro, siempre según la misma noticia, muestra los inútiles esfuerzos de los médicos por reanimarlo.

Hace años eran comunes las fotografías de muertos, en los que estos aparecen rodeados de sus seres queridos. Sin restarle un ápice a lo macabro que resultan, en las fotografías había un toque de respeto. Los difuntos, la mayoría niños, se preparaban para que su imagen ofreciera el mejor de los aspectos. Los familiares que ordenaban las fotos lo hacían con el afán de guardar un recuerdo del desaparecido.

Esa moda, por fortuna pasajera, estaba emparentada con los sepulcros de reyes, reinas y personajes principales que se ven en las iglesias europeas. En ellos, los escultores tenían buen cuidado de representar de cuerpo completo a los ocupantes del sepulcro, yaciendo sobre un túmulo, pero en plena juventud o en rozagante madurez.

Los rostros trasmiten una sensación de serenidad, de reposo. Se diría que todos murieron jóvenes, plácidamente, aunque en realidad la muerte los haya sorprendido en la ancianidad y quizá tras agonías terribles.

Este arte, falso, si se quiere, entraña una lección de respeto por quienes ya no están entre los vivos. En el fondo se trata del rescate de la dignidad de la persona humana, haciendo a un lado las miserias a la que está expuesto nuestro cuerpo. Las fotografías de Marilyn en la morgue y el video de la agonía del señor Celso Piña ponen en duda la calidad humana de quienes las difundieron, al restarle dignidad a un paso tan trascendente como es el de morir.

Letras sueltas
El diputado local Benito Ramírez Rosas, plurinominal por Morena, decidió abandonar la exigua –eran dos miembros– bancada de su partido y se declaró independiente. Al hacerlo anunció la creación de una fracción del Congreso del Estado, a la que bautizó general Venustiano Carranza Garza. Don Venustiano nunca ostentó un grado militar y personalmente se declaraba antimilitarista en política. Ojalá que ahora que ya es diputado libre, el señor Ramírez Rosas tenga más tiempo de releer sus libros de historia.
22 Agosto 2019 03:50:00
La historia se repite
Resulta lamentable que una de las acciones más anheladas por los ciudadanos, el combate a la corrupción, inicie sus pasos en el presente Gobierno rodeada de sospechas. Siendo candidato, el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, estructuró su discurso de campaña en torno a una promesa de honestidad y a la de poner fin a las prácticas ilegales en la Administración pública. Sin duda, esta oferta le atrajo simpatías e ingente número de votos de ciudadanos hartos de la rampante corrupción blindada con impunidad que campeara durante los años anteriores.

Por desgracia, la primera arremetida legal contra la corrupción de parte del Gobierno lópezobradorista deja un mal sabor de boca. El hecho de que la exsecretaria Rosario Robles, acusada de haber operado desde los mandos medios de su secretaría la llamada Estafa Maestra, fuera encarcelada por un motivo que algunos especialistas consideran endeble, resta claridad al debido proceso.

Y esto ocurre semanas después de la aprehensión del abogado Juan Coll-ado, representante legal de connotados personajes de la política nacional, seguida posteriormente por la detención en Argentina de Carlos Ahumada, acusado de un fraude fiscal cometido años atrás. Todo ello, sumado a que el juez encargado de encarcelar a Robles Berlanga sea sobrino de Dolores Padierna, configura una serie de coincidencias que difícilmente pueden considerarse fortuitas al despedir un fuerte y nauseabundo olor a venganza política.

Como se sabe, Dolores Padierna es esposa de René Bejarano, quien se hizo famoso gracias a un video que lo exhibe recibiendo fajos de billetes de manos de Carlos Ahumada, en aquel entonces pareja sentimental, como ahora se dice, de Rosario Robles. Juan Collado entra a formar parte de esta trama al señalársele como quien convenció a Ahumada de facilitarle los videos, posteriormente difundidos por televisión en el programa de Brozo. Hay quienes aseguran, incluso, que Collado compró a Carlos Ahumada en varios millones de pesos las comprometedoras grabaciones.

Estamos ante la representación en vivo y a todo color de aquel test humorístico de lógica según el cual, si parece pato, nada como pato y grazna como pato, entonces probablemente sea un pato. Si Robles Berlanga, Ahumada y Collado armaron la embestida mediática contra René Bejarano, esposo de Dolores Padierna, a su vez tía del juez que llevó a prisión a la exsecretaria, se necesitará ser muy ingenuo para creer que se trata de una simple coincidencia.

Pero más allá de los rencores personales, quienes armaron este burdo tinglado causaron un enorme perjuicio a la credibilidad de la lucha contra la corrupción enarbolada por el presidente López Obrador. La aprehensión de Robles, Collado y Ahumada –puesto casi de inmediato en libertad por las autoridades argentinas– tiene una clara semejanza con las embestidas contra la corrupción emprendidas por presidentes del hoy vituperado periodo neoliberal.

Recordemos: Carlos Salinas de Gortari ordenó el encarcelamiento del líder Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, no para sanear el sindicato petrolero, cuyo manejo siguió tan sucio o peor que antes, sino por haber apoyado a Cuauhtémoc Cárdenas, su contrincante en las elecciones. Motivos similares movieron a Enrique Peña Nieto para encarcelar a Elba Esther Gordillo, y luego de estos publicitados alardes anticorrupción ni Salinas ni Peña Nieto encabezaron gobiernos distinguidos por su honestidad.

¡Lástima!
18 Agosto 2019 03:52:00
Los medios y el acoso
“Como están las cosas, de ahora en adelante cada vez que vaya a hacer el amor con una mujer tomaré precauciones: voy a contratar a un notario público para dar fe de que se trata de un acto consensuado y haré firmar el acta a mi pareja”. Así bromeaba un amigo a propósito de las acusaciones de acoso sexual hechas a Plácido Domingo por nueve mujeres, quienes con tan buena memoria como mala leche recordaron de pronto que hace como 30 años el famoso tenor se portó en forma indebida o fue muy insistente al invitarlas a practicar el deporte que, aseguran las malas lenguas, costó a Adán y Eva la expulsión del Paraíso Terrenal.

No es la intención, por supuesto, defender al cantante, a quien, por cierto, no han faltado defensores, como una soprano indignada que no dudó de calificar de “canallada” las acusaciones. Se trata, sí, de llamar la atención sobre la celeridad de los juicios condenatorios cuando una o más mujeres señalan a un varón de acosador o, incluso, lo cual es más grave, de violador.

En estos casos no opera la presunción de inocencia, aquello de que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Basta la palabra de la real o supuesta víctima para dejar caer la guillotina de los medios o las redes sociales sobre el cuello del presunto culpable.

Plácido Domingo acaba de sufrir uno de estos juicios relámpago, en los cuales ni siquiera se escucha la voz del acusado. Apenas lo denunciaron ante los periodistas nueve mujeres, ocho de ellas guardando el anonimato, las óperas de Filadelfia y de San Francisco le cancelaron en automático presentaciones programadas. Más cautas y justas, la de Los Ángeles y la Royal Opera House de Londres anunciaron que esperarán el resultado de las investigaciones antes de tomar una decisión.

Resulta condenable que cualquiera que disfrute de poder intente aprovecharlo para obtener favores sexuales. También merece condena la actitud de numerosos varones –machos mexicanos– que se sienten con derechos de vulnerar la dignidad de una mujer. Ambas acciones deben castigarse, cuidándose de no cometer injusticias.

No es necesario acudir al glamoroso mundo de la ópera para buscar ejemplos. Aquí mismo, en Saltillo, hace poco un profesor fue llevado a la hoguera de la inquisición social después de que una mujer lo acusara de abuso sexual y secuestro. El profesor padeció el previsible calvario. Él y su familia vieron su nombre en algunos medios de comunicación, sin faltar índices condenatorios dispuestos a señalarlo.

Poco después, la falsa víctima confesó en las redes sociales que todo había sido mentira. Ella estaba enamorada del profesor y lo asediaba sin ningún resultado. Despechada, con la intención de vengar el desprecio, la muy estúpida urdió la patraña del abuso sexual y secuestro. Luego confesó la verdad. Pero cabe preguntar: ¿Cuántos de los que se enteraron de la acusación supieron del arrepentimiento? Y el daño moral provocado al profesor y a su familia, pues, ya se sabe, el atractivo del escándalo es muy superior al interés que despierta la absolución del inculpado.

Es plausible que las mujeres no callen por falso pudor cuando son víctimas de agresiones. Sin embargo, la repetición de casos similares obliga, creo, a revisar el código ético de los medios informativos sobre el tratamiento de estos temas. ¿Hasta dónde es ético divulgar una acusación que daña severamente el prestigio de una persona con el solo apoyo de una
afirmación?
15 Agosto 2019 04:00:00
Civismo y moral
Una de las preocupaciones fundamentales del presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido la moralización -sea lo que sea lo que ello signifique- de la sociedad. Desde que estaba en campaña, recuerda Sara Sefchovich en reciente artículo publicado en la revista Nexos, ha venido insistiendo en la necesidad de elaborar una Constitución Moral que sirva “como guía de valores que impulse a adoptar nuevas prácticas y mejores patrones de conducta”. Incluso ya se formó una comisión encargada de redactarla.

Antes de esta constitución, a la que numerosas voces se oponen, el Presidente ordenó hacer una edición masiva de la cartilla moral de don Alfonso Reyes, encargando a iglesias evangélicas el reparto de los ejemplares con el previsible deterioro de la porosa frontera que separa al Estado laico del poder religioso.

Al citar los inconvenientes de poner en vigor un documento de esa naturaleza, Sara Sefchovich señala los gravísimos peligros que encierra el proyecto: “…si permitimos que se haga un documento como este, que parece tan inocente y tan de buena fe, ¿lo que sigue será crear los mecanismos para perseguir a quienes no cumplan con las ideas allí plasmadas de lo que es justo, correcto y bueno? ¿Habrá entonces, como ocurrió después de la Revolución Francesa y de las revoluciones rusa y cubana, comités de salud pública, vecinos que acusan a sus vecinos, empleados que denuncian a sus colegas y jefes, parientes que espían a sus parientes?”.

Los defensores del laicismo gubernamental oponen a la pretendida moralización el afianzamiento de la enseñanza de la materia de Civismo, y precisamente a eso apuesta el doctor Luis de la Barreda, coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM y exombudsman del entonces Distrito Federal.

El doctor De la Barreda se echó a cuestas una tarea llena de dificultades: escribir tres textos de Formación cívica y ética para uso de las secundarias, obra editada por Castillo-A MacMillan Education Company. Los tres volúmenes tienen, entre otras muchas virtudes, la de estar pensados poniéndose, digámoslo así, en los tenis de un adolescente mexicano del siglo 21 y los temas que hoy se le plantean y sobre los cuales ha de tomar decisiones: racismo, sexualidad, discriminación, equidad de género, respeto a la ley y demás.

Nada de resecas fórmulas canónicas como en los viejos textos: “El civismo es una rama de la ciencia del Derecho que estudia y trata los fenómenos sociales en relación con el individuo”. Esta parrafada, repetida con sonsonete y todo, es lo único que quien esto escribe recuerda después de 70 años de haber cursado la materia de Civismo en un aula donde revoloteaban los bostezos de los alumnos.  

Nada de eso. Los textos del doctor De la Barreda ilustran al adolescente acerca de situaciones que muchos enfrentan al cruzar una etapa de vida tan cambiante y llena de dudas, cumpliendo a cabalidad los propósitos expresados en la presentación del primer tomo: “El libro ha sido elaborado pensando en ti, en que sea un vehículo que, junto con la guía de tu profesor, te permita tomar conciencia de quién eres, de tu relación con los otros, así como de los valores que promueven la convivencia y el bien común en la sociedad”.

La moral es personal; la ética y el civismo, sociales. Eso queda claro, pues como dice Sefchovich: “Al Gobierno lo pusimos los ciudadanos ahí para ocuparse de las cuestiones públicas que nos afectan como sociedad”. Solamente de eso.
11 Agosto 2019 04:00:00
Violencia en primera página
Era una ley no escrita: al reportero recién contratado se le asignaban las fuentes policíacas, esa sección del periódico conocida también como nota roja. Es difícil que alguno de los viejos periodistas de aquella época no haya iniciado su carrera, libreta y bolígrafo en mano, en la barandilla de una estación de policía o frente al escritorio de un agente del Ministerio Público. “Es recomendable que el reportero joven se endurezca trabajando la nota roja, pero también es aconsejable que no permanezca en eso tanto tiempo como para que se vuelva insensible”, recomendaba un maestro del diarismo.

Historia antigua, pues por desgracia, la nota roja –robos, homicidios, asaltos, secuestros, linchamientos, balaceras y demás barbaridades– abandonaron hace tiempo la sección policíaca y saltaron a las primeras páginas de los diarios. La espiral de violencia y sus cada vez más espeluznantes expresiones volvieron obsoletas las páginas de la nota roja.

Y no se debe acusar de amarillismo y de tendenciosos a los periódicos y los espacios informativos. No. Estos no hacen sino proporcionar un reflejo de la realidad, una realidad capaz de estremecernos. Aterran los acontecimientos y el grado de barbarie de quienes los protagonizan. Desde el fin de la Revolución México no había vivido una etapa tan sangrienta como la de hoy.

Seguir un informativo de la televisión o leer un periódico cualquier día equivale a visitar la cámara de los horrores. Para muestra basta pasar revista a las noticias del pasado jueves: en Uruapan, Michoacán, amanecieron colgados de un paso a desnivel los cuerpos de nueve personas –siete hombres y dos mujeres–. Otros siete cadáveres desmembrados –seis hombres y una mujer– fueron arrojados en un bulevar, en el que también tiraron tres más metidos en bolsas de basura. Total, hasta ahora: 19 homicidios cometidos en un día.

Para seguir el recuento, del que usted seguramente ya estará enterado, en los municipios poblanos de Cohuecan y Tepexco, pobladores indignados lincharon hasta matarlos a siete presuntos secuestradores. La masacre ocurrió frente a más de un centenar de policías municipales, estatales y miembros de la Guardia Nacional.

La cereza del sangriento pastel se encargó de ponerla el recién estrenado gobernador Miguel Barbosa. En una entrevista anunció que irá a esos lugares el domingo –no corre prisa– para advertir a los habitantes de los dos municipios que no deben hacerse justicia por su propia mano. “Sermones, no balazos”, versión poblana de “Abrazos, no balazos”.

Varias son las regiones del país que están prácticamente en manos de los delincuentes. Y lo peor de todo es que el bombardeo cotidiano de noticias de este tipo provoca en el lector, en el radioescucha, el televidente y el seguidor de informaciones por Internet, esa insensibilidad tan temida por el viejo periodista. Estamos acostumbrándonos al clima de violencia y a verlo como algo natural, lo cual abona la apatía, adormece nuestra capacidad de indignación y pone sordina a las voces que exigen acción a los responsables de combatir a los delincuentes y dar seguridad a los ciudadanos.

De no haber una respuesta pronta y efectiva, las cosas irán de mal en peor. La descomposición, ya se ha visto, es progresiva y hasta hoy imparable. Siendo objetivos, resulta desalentador reconocer que por ahora no hay indicios de que las notas policíacas vuelvan a las páginas que antes ocupaban. ¿Lo veremos algún día?
08 Agosto 2019 03:50:00
Él no
Hasta donde ha sido posible averiguarlo, Adolfo Hitler no asesinó a ningún judío. Es decir, nunca disparó contra uno, lo ahorcó o le hizo inhalar gases venenosos. Quizá, incluso, se abstuvo de participar en la noche de los cristales rotos, apedreando comercios y aterrorizando a los habitantes del gueto. Sin embargo, nadie en su sano juicio es capaz de exculparlo de uno de los genocidios más brutales de los muchos que registra la historia.

Él solamente convenció a millones de sus compatriotas -y por supuesto a sus colaboradores- de que los males de Alemania eran culpa de los judíos, a quienes era necesario exterminar en bien de una supuesta “limpieza racial”.

Otros se encargaron de trasladar a familias completas a los campos de exterminio, donde los soldados nazis, antes de dispararles, hacían a los prisioneros cavar las zanjas que les servirían de tumbas. Otros, no él personalmente, diseñaron y construyeron los campos de concentración y las cámaras de gas.

Mientras todo esto ocurría, Hitler se concretaba a sembrar el odio a los judíos en sus discursos ante multitudes delirantes. Terminadas las apoteóticas manifestaciones, se iba a la montaña a cuidar a sus perros y pasear por el bosque.

No se sabe tampoco que Donald Trump haya asesinado a un mexicano. Bueno, ni siquiera hay rumores de que maltratara físicamente a uno. No. Eso sería “políticamente incorrecto”.

Lo que hace Trump es hablar pestes de los mexicanos. Acusarlos de violadores, de envenenar a la ingenua juventud norteamericana vendiéndoles drogas y de cometer toda clase de tropelías. Además, por supuesto, de robar puestos de trabajo a los esforzados obreros del vecino país.

Por ello insiste en la necesidad de construir un muro que aísle a Estados Unidos de esos seres indeseables que, para su mala suerte, Norteamérica tiene de vecinos. El muro en cuestión resulta indispensable a modo de cordón sanitario.

Sin las manifestaciones multitudinarias del Tercer Reich, el presidente Trump difunde sus ideas de manera moderna, a través de la televisión y de las redes sociales, ventaja tecnológica de la que no disfrutó el líder nazi. (¿Se imagina el tono de los tuits que hubiera escrito Hitler?).

Las palabras, afirma un dicho, se las lleva el viento. ¡Mentira! Las palabras encuentran siempre receptores en los oídos de algunos. Para el caso de Alemania, los de los enloquecidos seguidores de la bandera de la esvástica. Aquí, atrás de la frontera norte, los discursos de Trump hallan también oídos complacientes de supremacistas blancos, versión yanqui de la “limpieza racial” de los supuestos germanos arios.

Uno de estos supremacistas blancos decidió subir a su auto, conducir 700 kilómetros desde su casa a una ciudad fronteriza. Iba bien armado. Llegó a El Paso, Texas, donde ocho de cada 10 habitantes son mexicanos o de origen latino. Se metió a una tienda y empezó a disparar. Mató a más de una veintena de hombres, mujeres y niños, la mayoría perteneciente a esa plaga de mexicanos grasosos que amenaza con destruir las bases del “american way of life”. En realidad, desde la torcida mente del sicópata con ametralladora, lo suyo no debe calificarse de crimen. Fue un servicio a su país. Bueno, casi, casi un acto patriótico.

Es cierto, Donald Trump no viajó a El Paso. Tampoco estuvo en Walmart ni accionó una ametralladora. No. Él estaba muy tranquilo en la Casa Blanca. Es cierto, tan cierto que, hasta donde se sabe, Hitler jamás visitó Auschwitz.

04 Agosto 2019 03:59:00
No es un país serio
La frase se le atribuye al doctor Demetrio Sodi Pallares, destacado especialista en electrocardiología y bien recordado maestro de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Se cuenta que en cierta ocasión uno de sus alumnos le planteó un problema surgido debido a la falta de congruencia entre las promesas del Gobierno y la realidad. Con flema británica, el doctor Sodi le aconsejó: “No se quiebre la cabeza, tome usted en cuenta que México no es un país serio”.

Años antes, André Bretón había descubierto rasgos marcadamente surrealistas en el devenir cotidiano de México. Sodi y Bretón, el médico y el escritor, coincidieron en sus apreciaciones, cuya pertinencia es demostrable en forma cotidiana.

El más reciente acontecimiento que avala la falta de seriedad de la sociedad mexicana ha sido la sorprendente y risible noticia sobre el reconocimiento hecho –un doctorado honoris causa, ni más ni menos– a la conductora de televisión Laura Bozzo, quien dirige programas que hacen equilibrio entre lo obsceno y lo nauseabundo.

El doctorado se lo otorgaron dos instituciones fantasmales, el Claustro Universitario y el Centro Universitario Inglés, que son seguramente –se vale sospechar– organismos dedicados a la venta de títulos académicos honoríficos. Hay varios similares funcionando en el país.

Hasta allí la cosa provoca hilaridad, pero el asunto se torna irritante al darse a conocer que la ceremonia de imposición de togas y birretes se llevó a cabo ¡en el recinto del Congreso de la Ciudad de México! Con Bozzo recibieron el honoris causa dos diputados de la legislatura capitalina cuyos merecimientos los conocerán, si acaso, en sus respectivos domicilios.

Resulta inaudito, pero también desalentador, que los señores representantes de los pobladores de la capital de la República se dediquen a organizar tales circos, como si no estuvieran ya bastante desprestigiados.

La señora Bozzo, alguna vez acusada de varios delitos en su país de origen, se hizo merecedora del título por su lucha en pro de las mujeres. Esto quizás porque en algunos de sus programas se dedica a exhibir y ridiculizar a maridos desobligados o infieles. ¡Vaya con la feminista!

Pero, ¿qué se puede esperar en un país donde el hombre que estranguló el tráfico de la Ciudad de México con un plantón de varias semanas en el Paseo de la Reforma, ahora no tiene empacho en defender la “ley garrote” de Tabasco, la cual criminaliza lo que él hiciera tantas veces a escala monumental?

¿O acaso les parece serio que el mismísimo Presidente de la República lance las campanas al vuelo porque el crecimiento de la economía alcanzó un deprimente 0.1 por ciento? Lo único que impidió que se brindara con champaña por tal triunfo en la conferencia mañanera fue el respeto al estricto régimen de austeridad. Sin embargo, poco faltó.

¿Y qué me dicen de la ocurrencia de los señores diputados estatales de Baja California, quienes en un gesto de generosidad le regalaron al candidato electo al Gobierno tres años más de mandato? Los bajacalifornianos lo votaron para un periodo de dos años, los cuales les parecieron pocos. Ellos no son cicateros.

¿Y la Constitución, apá? No sueñe: las constituciones funcionan en los países serios. Aquí, los diputados capitalinos prestan la casa del pueblo para que Laura Bozzo se doctore y sus homólogos bajacalifornianos, quienes juraron defender la Constitución, se la pasen por el arco del triunfo.

Tiene razón, doctor Sodi Pallares.
01 Agosto 2019 03:13:00
¿Por qué 1577?
A propósito de las fiestas del aniversario de la fundación de Saltillo se han externado opiniones acerca de cómo se llegó a la conclusión de que en 1977 se cumplieron 400 años de existencia de la ciudad. Se ha dicho, por ejemplo, que el entonces gobernador Óscar Flores Tapia eligió la fecha en forma arbitraria, para que el cuatricentenario coincidiera con su periodo de Gobierno. Nada más falso. A 42 años de distancia de aquella primera celebración es justo recordar por qué se fijó en 1577 el año de nacimiento.

Al no existir el acta oficial de la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo, como se llamó originalmente la capital de Coahuila, un grupo de historiadores convocados, sí, por don Óscar, validó –a falta de otros datos– lo consignado en el llamado Documento del Parral, un legajo encontrado en 1950 por el historiador Wigberto Jiménez Moreno en la ciudad chihuahuense de ese nombre.

El documento, fechado en 1643, forma parte de un litigio del gobernador del Nuevo Reino de León, Matías de Zavala, con el de la Nueva Vizcaya (hoy Durango), Luis de Valdés, sobre a cuál de las dos provincias pertenecía la Nueva Almadén (Monclova), donde, según falsas noticias propaladas en aquellos días, se habían descubierto ricos yacimientos de plata.

Alegando el derecho de Nueva Vizcaya sobre la Nueva Almadén, el gobernador Valdés señalaba que, en 1577, Alberto del Canto, salido de esa provincia, había fundado la villa de Saltillo y las minas de La Trinidad en la hoy Monclova. En 1977 lo asentado en el Documento del Parral era la única referencia documental acerca de la fundación.

Debido a que el litigio en cuestión había ocurrido 66 años después de la fecha de la fundación señalada por el gobernador Valdés, existían y existen dudas sobre la veracidad del dato, utilizado, además, en medio de un pleito. Sin embargo, como hace 42 años era el único asidero documental para fijar la fecha de la fundación, se dio por bueno, mientras no surgieran otros indicios. Lo que se eligió en forma arbitraria fue el día, eligiéndose el de la fiesta de Santiago Apóstol, patrono de la villa.

La celebración del cuatricentenario se realizó por todo lo alto, y más de cuatro décadas después las autoridades municipales se esfuerzan por darle brillantez a los festejos. Vale recordar que antes de 1977 Saltillo nunca tuvo “fiesta de cumpleaños”, la cual hoy forma parte de la tradición citadina.

Años después, el historiador Carlos Manuel Valdés encontró en el Archivo de Indias de Sevilla una lista de fundaciones en el nuevo continente redactada años antes de 1577, en la cual aparece el nombre de Saltillo. Una importante aportación al mejor conocimiento de nuestro pasado.

Quienes ahora califican de capricho de un gobernante la fecha de fundación olvidan que la historia es, como dicen los angloparlantes, work in process. En otras palabras, trabajo siempre en proceso en el que los asertos de ayer pueden ser invalidados mañana al surgir nuevos datos. Por ejemplo: mucho tiempo se creyó que el fundador de Saltillo había sido Francisco de Urdiñola, con cuyo nombre se bautizó una importante calle, mientas el verdadero fundador, Alberto del Canto, permanece olvidado en la nomenclatura vial de la ciudad.

El afortunado y valioso hallazgo del doctor Carlos Manuel Valdés en el Archivo de Indias es, asimismo, una demostración de cómo se enriquece nuestro conocimiento de la historia. Sin embargo, resulta imposible predecir que esa será la última palabra sobre la fundación de Saltillo.
28 Julio 2019 04:01:00
Acto de justicia
Entre sus más preciadas posesiones, la cual exhibía de vez en cuando con inocultable orgullo, una vieja credencial lo acreditaba como corresponsal en Parras de la Fuente del periódico saltillense El Heraldo del Norte.

Tenía buenas razones para sentirse orgulloso, pues el documento había sido extendido a un muchacho llamado Roberto Orozco Melo, entonces estudiante de secundaria. En él se cumplió la sentencia de los viejos periodistas, según la cual quien huele la tinta de imprenta queda fatalmente inoculado por el amor al oficio.

Al hablar de su primera incursión en el periodismo, siempre reconoció su deuda con quien lo condujo y aconsejó al dar los primeros pasos, José Natividad Rosales, que llegó a ser colaborador de planta de la revista Siempre!, publicación dirigida por el legendario José Pagés Llergo.

Al paso de los años Roberto ocupó la Dirección de aquel periódico del que fue precoz corresponsal. La muerte de esa publicación le clavó una espina que logró sacarse hace ya más de medio siglo, emprendiendo la quijotesca empresa de fundar El Heraldo de Saltillo, un sueño sostenido casi únicamente por el entusiasmo.

El gusanillo del periodismo lo acompañó hasta sus últimos días. Fue una de sus pasiones. Otra, la política, en la que también incursionó desde joven. En ese resbaladizo terreno logró labrarse una carrera exitosa: diputado local, presidente municipal y secretario general de Gobierno, cargo, este último, desde el cual ofreció admirables lecciones de lealtad en medio de la tormenta mediática desatada al final del Gobierno de su jefe, el gobernador don Óscar Flores Tapia.

En ese difícil trance, culminado con la renuncia del Jefe del Ejecutivo coahuilense, Orozco Melo permaneció al lado de Flores Tapia mientras se registraba una vergonzosa desbandada de falsos amigos y excolaboradores convenencieros del hombre en desgracia.

Dato importante: el último libro que alcanzó a publicar Roberto fue de recuerdos de su relación con Flores Tapia, a quien conoció siendo un reportero bisoño con la encomienda de entrevistarlo cuando era dirigente estatal del PRI. Así nació la amistad entre los dos, la cual navegó inalterable a través de triunfos y adversidades hasta la muerte de don Óscar.

Amistad. Esa sería, desde mi perspectiva, la palabra clave para definir como ser humano a Roberto Orozco Melo, a quien tuve el privilegio de llamar mi amigo. Por ello, debo reconocerlo, me es imposible ser totalmente objetivo al escribir estas líneas. Sin embargo, estoy seguro de que decenas de personas que disfrutaron de su amistad avalarán mis apreciaciones.

Poseía, además, la cualidad de trasmitir la alegría de vivir. Ingenioso, ameno contador de anécdotas, era el compañero ideal en noches dedicadas a la música y a recordar poesías. Él mismo fácil versificador, dio a la imprenta un libro de poesía traspasado por el dolor causado por la prematura muerte de su hermano mayor. Pero también, en su vena humorística, jugando con las palabras era capaz de improvisar una muy gozosa oda a las virtudes de las nueces de Parras.

El jueves pasado, el Ayuntamiento otorgó a su memoria la Presea Saltillo, reconocimiento a un hombre que desde los puestos públicos y a través de sus colaboraciones periodísticas luchó siempre por el bien de la ciudad, porque él tuvo el corazón repartido entre su natal Parras de la Fuente y la capital de Coahuila, donde residió la mayor parte de su vida y formó a su familia. Plausible acto de justicia.
25 Julio 2019 04:00:00
Clase gratuita
Obstinado en no abandonar su papel de ave de tempestades mediáticas, el presidente Andrés Manuel López Obrador encuentra casi todos los días la forma de acaparar espacios y críticas con sus declaraciones. La más reciente intervención presidencial controvertida fue el insólito debate armado por el Mandatario y el periodista coahuilense Arturo Rodríguez de la revista Proceso durante la conferencia de prensa mañanera.

Luego de acusar a Proceso de no haberse portado bien con la cuarta transformación, el Presidente pretendió asestarle a Rodríguez y al resto de los periodistas presentes una clase gratuita de ética. Para rematar informó a los informadores que él ya casi no lee Proceso desde que dejó la dirección Julio Scherer García y arremetió contra otras publicaciones, que tampoco se han portado bien.

Para ello se remontó a más de 100 años atrás, demandando de los comunicadores militar bajo las banderas de la 4T. Al hacerlo olvidó, entre otras cosas, la historia del periodismo. En el siglo 19 las publicaciones eran facciosas. Se fundaban con el propósito de defender un partido o una ideología. El cambio surgió a principios del siglo pasado en Estados Unidos con la llamada penny press, cuyo postulado es la búsqueda de la objetividad al ofrecer la información, despojándola, hasta donde ello es posible, de cualquier tinte político, religioso o ideológico.

Hoy, la mayoría de los medios del mundo, salvo contadas excepciones, han adoptado esta forma de hacer periodismo, como bien le recordó Rodríguez al Presidente, quien, por el contrario, piensa en los “buenos” periodistas de la Reforma, poniendo a Francisco Zarco como ejemplo, y a los antiporfiristas hermanos Flores Magón. Los buenos periodistas, remató, palabra más o palabra menos, siempre han apoyado las transformaciones.

Esta dicotomía tabasqueña coloca en el bando de los malos a periodistas tan valiosos como Guillermo Prieto, quien ponía de oro y azul a Juárez cuando buscó una nueva reelección, olvidando también que Ricardo Flores Magón de antiporfirista furibundo pasó a ser antimaderista igualmente furibundo. (¿Acaso don Guillermo Prieto y Ricardo Flores Magón brincaban del bando de los “buenos” al de los “malos, según las circunstancias?).

Bien vista la cosa, la discusión tiene ribetes de bizantina. Sin embargo, lo que sí resulta preocupante es el trasfondo: cómo concibe el Presidente su Gobierno. Se diría que desde su particular punto de vista, la 4T, armada sobre buenas intenciones, es una suerte de bloque pétreo sin fisuras, errores o desviaciones, merecedor de críticas, con un lugar de privilegio asegurado desde ahora en la Historia. Así, con mayúscula.

Esta posición recuerda al viejo catecismo del padre Ripalda y su incuestionable sentencia, según la cual “fuera de la Iglesia no hay salvación”, o bien la advertencia de Trotski refiriéndose a los enemigos de la revolución después de la toma del Palacio de Invierno: “A los que se han ido y a los que nos hacen tales propuestas [contrarias al bolcheviquismo] les decimos: ‘¡Ustedes son gentes aisladas y tristes [conservadores, fifís y neoliberales]; han fracasado; su papel ha terminado! ¡Váyanse a donde pertenecen: al basurero de la historia!’”.

Mesianismo crudo. Pero eso sí, expresado “con todo respeto”.



Viejo cuento

Un hombre austero intentó enseñar a su caballo a no comer. Cada día reducía el pienso que daba al animal. Todo iba muy bien, pero cuando el caballo ya casi había aprendido a no comer, se murió.
21 Julio 2019 04:00:00
Desfiguros
Es por demás, ya no hacen a los expresidentes como antes. Los que dejaron recientemente el cargo se dedican, dirían mis tías, a hacer puros desfiguros.

Ernesto Zedillo es el último de los expresidentes del viejo estilo. De aquellos que al salir de Palacio Nacional eran conscientes de que concluía su mandato y con ello terminaba el periodo de estar a la mitad del foro con los reflectores encima. A partir de ese momento el papel principal tocaba al sucesor. Hubo, por supuesto, excepciones.

Fue el presidente Lázaro Cárdenas el encargado de trazar la frontera entre el pasado y el presente. Cansado de las intromisiones de Plutarco Elías Calles y los callistas en su Gobierno, la madrugada del 10 de abril de 1936 un piquete de soldados sacó de la cama al hasta entonces Jefe Máximo de la Revolución
Mexicana y lo condujo a un avión que lo llevaría a Estados Unidos.

Ese mismo día Cárdenas exigió la renuncia a todos los altos funcionarios ligados políticamente. El mensaje era claro: gobierna el Presidente en turno y el que dejó de serlo se va a su casa.

Sin embargo, al terminar su sexenio rompió la regla que él mismo impusiera. Ocupó cargos públicos, entre ellos la Secretaría de la Defensa Nacional en un momento crítico: cuando México había declarado la guerra al eje Alemania-Japón.

Posteriormente, su simpatía por la Revolución Cubana y su admiración por Fidel Castro lo llevaron a encabezar una manifestación en el zócalo de la Ciudad de México. Allí anunció su intención de viajar a la isla que en esos momentos sufría la invasión de Playa Girón.

Después de un cambio de impresiones con el presidente Adolfo López Mateos, según se dijo entonces, Cárdenas volvió a la penumbra del segundo plano tras asegurar que su visita a Cuba resultaba innecesaria, pues el Gobierno de Castro había aplastado ya a los invasores de Playa Girón.

A su vez, López Mateos fue fugaz presidente del comité organizador de las Olimpiadas de 1968, puesto que abandonó debido a su mal estado de salud.

Cuando José López Portillo consideró que su antecesor, Luis Echeverría, asumía un papel en exceso protagónico con el tema del Tercer Mundo, lo mandó de embajador a las Islas Fiji, al no encontrar en el mapa lugar más lejano.

Miguel de la Madrid escenificó comentado desliz en una entrevista con Carmen Aristegui, señalando actos de corrupción cometidos por Carlos Salinas de Gortari. De inmediato lo desmintió su propia familia, achacando la indiscreción a problemas de la edad del expresidente.

En todos estos casos la ruptura de la regla de oro impuesta por Cárdenas puede calificarse de episódica. El Presidente en turno se ocupó, de una manera u otra, de meter al orden a quienes contravenían el acuerdo no escrito.

Hoy, en cambio, los expresidentes hablan hasta por los codos; opinan, critican, participan en la televisión, forman partidos políticos, se enzarzan en controversias por tuits –y el Presidente les responde–, presumen en las redes sociales sus pasos de baile o acaparan las portadas y las páginas de las revistas del corazón en fotografías con su pareja cargada de rosas.

Empeñados en hacer sus aportaciones al desconcierto nacional, los expresidentes Fox, Calderón y Peña Nieto se dedican únicamente a meter ruido, mucho ruido —Joaquín Sabina dixit—, sin aportar nada constructivo, ninguna idea, no digamos original, ni siquiera sensata, Exhibicionismo puro.

Perdón por usar una frase muy gastada, pero adecuada al caso: “Calladitos se ven más bonitos”.
18 Julio 2019 04:05:00
Mi querida maestra
Leer la noticia fue entrar en una imaginada y nostálgica máquina del tiempo. Las hojas del calendario desaparecían con una rapidez vertiginosa, volviendo un parpadeo los años que se sucedían con numeración en orden descendente. De pronto me vi de nuevo en el pequeño pupitre color café del salón de segundo año en el primer patio del antiguo edificio del Colegio Zaragoza.

Iniciábamos una nueva aventura. Expectantes, vimos a la maestra colocarse de espaldas al pizarrón. Muy joven y muy bella se dirigió a la veintena de moconetes que, estrenando libros y cuadernos, la veían entre fascinados y temerosos.

“Buenos días. Yo soy Magdalena Garza Treviño y seré su profesora este año”. Han pasado más décadas de las que yo quisiera, pero todavía recuerdo, como si la estuviera oyendo, su cálida bienvenida cargada de bondad. Ella, como dicen de Afrodita los poetas, continuamente nos regalaba el esplendor de su sonrisa. El mío, lo confieso, fue amor a primera clase, sin saber todavía a mis 7 años qué era eso que llamaban amor.

Resultaba cautivante su serenidad. Jamás la escuché alzar la voz; vaya, ni siquiera endurecer el tono. Carácter acorde a su hermoso rostro clásico. Mucho tiempo después, al contemplar esculturas griegas en la gliptoteca de la Academia de San Carlos, seres humanos de rostros inmutables viendo, no sabe uno si al horizonte o a la eternidad, la recordaba, diciéndome: “Yo he tenido la fortuna de conocer a una dama de brillantes y grandes ojos cuya mirada es igual a estas de mármol”.

Pasó el tiempo –que es lo que mejor sabe hacer, dice Benito Pérez Galdós– y cierta noche la encontré a la salida de un teatro de la Ciudad de México. Iba con su esposo, el licenciado Salvador González Lobo. Pareja perfecta, pues don Salvador merecía, parafraseándola, aquella línea de Manuel Machado dedicada a Felipe IV: “Nadie tan caballero ni pulido”.

Fue amantísima esposa. El licenciado Salvador González Lobo perdió la vista y se contaba que en el hogar de ambos la maestra Magdalena tenía prohibido cambiar de lugar, así fuera un centímetro, muebles y objetos, para que su marido pudiera moverse utilizando la memoria. Enviudó joven y volvió a contraer matrimonio.

La reencontré mucho tiempo después. Seguía tan bella como aquel lejano día en el Colegio Zaragoza. Nunca le abandonó esa cualidad indefinible que mi señora abuela llamaba “clase”. Llevaba su belleza con sencillez ajena a cualquier rasgo de ostentación. Formó una maravillosa familia y no hace mucho le organizaron un festejo con motivo de su cumpleaños número 90.

Hay seres que se vuelven inolvidables. La profesora Magdalena es una de esas personas. Siempre le estaré agradecido por aquel curso que debió principiar nerviosa, pues seguramente acababa de terminar sus estudios en la Escuela Normal. Decían los viejos y severos profesores que la letra con sangre entra. Nada más contrario a su forma de enseñar. Uno bebía el conocimiento envuelto en amabilidad, ansioso de resultarle agradable y merecer su aprobación.

No sé si lo siguiente sea una alabanza para ella, pero quien esto escribe no sería lo que es si no hubiera estado, hace ya muchos años, en aquel pequeño pupitre color café del Colegio Zaragoza mirando a una bellísima mujer cuyas primeras palabras fueron: “Buenos días. Yo soy Magdalena Garza Treviño y seré su profesora este año”.

Se equivocó: fue y será mi maestra siempre…. siempre.
14 Julio 2019 03:00:00
Tiempos atípicos
¡Vaya semana! Parecería que los acontecimientos se aceleran sin dar tiempo a la reflexión y al análisis. Los días anteriores han sido de sorpresas. La primera de ellas, la renuncia a la Secretaría de Hacienda de Carlos Urzúa, lo cual ya es para cimbrar al país.

A esto agregó la atípica manera de hacerlo, al señalar las razones por las cuales dejaba el cargo, culpando al manejo errático del Gobierno de las finanzas públicas y a la intromisión de otros poderosos funcionarios que le incrustaron en el equipo personas carentes de los más elementales conocimientos relativos al manejo de Hacienda.

No cabe duda de que la Cuarta Transformación ha traído cambios, cuando menos en la forma de actuar de los servidores públicos. Antes, los funcionarios renunciaban –o los renunciaban– “por motivos de salud” o “motivos personales”, aunque todavía llevaran pintada la suela del zapato de la patada que les dieron allá donde les platiqué.

Hoy no. Funcionario que se va, da a conocer las razones por las cuales lo hace, todas ellas –es el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social y la Secretaría de Hacienda– acompañadas de una lista de las fallas derivadas de la mala conducción del Gobierno, lo que les impidió realizar correctamente la tarea encomendada.

También nos enteramos de la atípica decisión del Congreso de Baja California, a cuyos diputados se les ocurrió la puntada de regalarle tres años más de poder al recientemente electo gobernador, Jaime Bonilla. No les importó a los señores legisladores que los bajacalifornianos hayan votado para conceder al candidato triunfador un periodo de dos años. Se les hizo poco y de un plumazo alargaron el periodo a cinco. ¡Faltaba más! ¡Qué tanto
son 36 meses!

Pésimo precedente. Si tal cosa prospera, al Congreso federal podría ocurrírsele cualquier día que los diputados amanezcan dadivosos, que seis años son muy pocos para desarrollar un programa de Gobierno, y alargarlo a ocho o 10 o, para no verse roñosos, declarar que la Presidencia de la República es vitalicia. ¿Por qué no?

Ya fuera como distractor o cortina de humo, las autoridades detuvieron y encarcelaron al licenciado Juan Collado, uno de los más conocidos del país por ser o haber sido abogado de personajes prominentes, como Carlos Salinas de Gortari. Se le acusa de lavado de dinero y otras lindezas. Su aprehensión se hizo en público de la gente, como reza el famoso corrido, mientras comía en un restaurante de lujo con Carlos Romero Deschamps, el impresentable y eterno líder de los petroleros, quien, entre paréntesis, tampoco es un dechado de honradez.

Me disculpo con mis lectores por volver a noticias de las que seguramente se enteraron en los periódicos, la televisión, la radio o las redes sociales, pero lo hago a modo de terapia, tratando de asimilar lo ocurrido en tan corto tiempo.

Esta acumulación de acontecimientos empieza a dibujar el perfil de una Cuarta Transformación llena de sorpresas. Ya no se hacen las cosas como antes. No sabemos si será para bien o para mal, pero lo cierto es que en México vivimos tiempos atípicos, inéditos.

Un México donde el presidente López Obrador dice una cosa y luego se contradice –remember el metrobús lagunero–, y sus excolaboradores se le lanzan a la yugular después de presentar la renuncia. Nada es como solía ser y debemos irnos acostumbrando a las sorpresas. Para completar la lista de casos atípicos: ¡No llovió en la inauguración de la Feria de Saltillo!
11 Julio 2019 04:05:00
De no ser por México
Este año se cumplen 80 de uno de los capítulos más brillantes de la historia de la diplomacia mexicana: el arribo a México de miles -algunos calculan 25 mil- de refugiados españoles, a los que el Gobierno del general Lázaro Cárdenas les abrió las puertas. Los exiliados huían de su país después del fin de la República y el triunfo de Francisco Franco, que iniciaba ya una cruenta cacería de sus enemigos. Los fusilamientos estaban a las órdenes del día.

Como parte de las conmemoraciones del aniversario, José María Muriá, hijo de un catalán refugiado en México, ha publicado De no Ser por México, libro en el que recupera episodios fundamentales de la época.

Nadie mejor que Muriá para emprender esta tarea. En él se conjugan dos factores que le proveen de idoneidad: su historia familiar -la Guerra Civil y el exilio están en su ADN- y la larga lista de investigaciones que ha realizado acerca de la inmigración auspiciada por el presidente Lázaro Cárdenas, decisión que hizo agigantarse la estatura moral de México. Además, sus años como director general del Archivo y Bibliotecas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, le brindaron la oportunidad de familiarizarse con los documentos relacionados con esta época, en la cual esa secretaría jugó un papel fundamental.

El doctor Muriá no escribió De no Ser por México pensando en la actualidad del tema. Su intención fue muy otra: participar con su pluma en las conmemoraciones del octogésimo aniversario del arribo de los exiliados españoles a tierras mexicanas. Sin embargo, como dice el clásico, los libros tienen su destino, y el de este fue aparecer en un momento en que la migración y sus punzantes aristas de sufrimiento encabezan la agenda de muchos gobiernos y de los medios de comunicación masiva.

En el libro aparecen mexicanos y españoles cuyos destinos se entrelazaron en un momento de crisis. En esta, la diplomacia mexicana alcanzó altísimas cotas de humanitarismo.

El exilio, lo ha dicho Javier Garciadiego, fue “para España una tragedia y para México un regalo”. Espléndido regalo, pues vino a ensanchar horizontes culturales y artísticos, cuya concreción tangible fue obra de un mexicano, Daniel Cosío Villegas, y de un trasterrado, el filósofo José Gaos, piedras fundamentales de lo que fue la Casa de España, hoy El Colegio de México.     

Dos de las muchas virtudes del libro son la tersura de estilo y la variedad de los temas. Por sus páginas desfilan republicanos, diplomáticos, mexicanos que se unieron a las Brigadas Internacionales, los niños de Morelia y hasta el futbol con las visitas a México del Barcelona y una Selección Vasca.

Dato curioso: el blaugrana jugó en México durante una gira mundial organizada para recabar fondos que ayudaran a sacar a flote las maltrechas finanzas del equipo, deterioradas por la Guerra Civil. La gira fue un éxito deportivo y económico.

La presentación de De no Ser por México, anoche en el Centro Cultural Vito Alessio Robles, dio la oportunidad de recordar a un exiliado español, catalán para más señas, don Wifredo Bosh Pardo, quien vino a Saltillo a enriquecernos culturalmente. Llegó a estas tierras después de estar recluido en el campo de concentración Le Barcarés, en Francia. Fue un abogado y periodista, al que debemos, entre otras muchas aportaciones, el primer rescate y publicación del texto de una pastorela coahuilense. Personaje inolvidable por su saber y su bonhomía.

(Excerpta de la presentación de De no Ser por México).
07 Julio 2019 04:04:00
La CNDH en la mira
La feroz arremetida del Gobierno de la Cuarta Transformación contra la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha vuelto nebuloso el futuro de esta institución y el de las similares de los estados.

Al responder a una recomendación de la CNDH sobre la desaparición de las estancias infantiles, en vez de argumentar los motivos por los cuales no la aceptaba, la subsecretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, la acusó de que “durante el periodo autoritario neoliberal en lugar de ser la institución que defendiera al pueblo de las atrocidades cometidas por las autoridades y sus protegidos”, se convirtió en un “instrumento de simulación para mantener la impunidad del régimen de injusticias, corrupción y privilegios”.

Lo peor vino después, cuando el propio Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, avaló la andanada de la subsecretaria Montiel, señalando que la recomendación era “una vergüenza” y que su Gobierno no la aceptaba por ser “violatoria de los derechos humanos”.

En otro flanco de la embestida, Morena y el Partido del Trabajo presentaron en el Congreso una iniciativa de ley para desaparecer a la Comisión y los organismos estatales homólogos, sustituyéndolas por una Defensoría del Pueblo con delegaciones en todo el país.

La tormenta se desata cuando en Coahuila acaba de tomar posesión el nuevo presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Hugo Morales Valdés. Y lo hace bajo la amenaza legislativa de desaparecer el organismo para crear una Defensoría del Pueblo, lo cual no es una novedad pues en algunos países, España entre ellos, al ombudsman se le conoce como Defensor del Pueblo.

A 27 años de existencia, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Coahuila enfrenta lo que podría configurar su peor crisis y extraña que no se hayan alzado más voces para defenderla de los ataques de las altas esferas del Gobierno federal.  El exombudsman de la Ciudad de México, Luis de la Barreda Solórzano, ya lo hizo: publicó en Excélsior un fundamentado artículo recordando lo que han representado las comisiones en la cultura de los derechos humanos, calificando de aberración el deseo de suprimirlas.  

Esta posición deben secundarla otras instancias, como los Congresos estatales. El de Coahuila hace apenas unos días designó al nuevo titular del organismo, por lo que con la desaparición de las comisiones quedaría en un papel muy desairado.

La situación puede tornarse más difícil aún debido al saldo negativo en el estado al revisarse el número de recomendaciones emitidas a distintas autoridades y las que se han cumplido. Según noticias aparecidas en la prensa, de 2015 al pasado mes de julio solamente 17 de las 456 recomendaciones hechas han sido atendidas, lo que representa un pobrísimo 3 por ciento.

Ante este desdén se ha revivido la vieja idea de convertir en vinculatorias las recomendaciones, es decir, volverlas ordenamientos legales cuyo incumplimiento acarrearía sanciones a los incumplidos. El desaparecido Jorge Carpizo McGregor, primer presidente de la CNDH, consideraba impracticable esto, pues decía que, al volverse obligatorio por ley cumplir las recomendaciones, cabría la posibilidad de que quienes las recibieran acudieran al amparo.  

La fuerza del ombudsman no está en la ley, sino en su fuerza moral, para que el incumplimiento de las recomendaciones resulte costoso al prestigio de la autoridad remisa. En esto, la sanción de los medios de comunicación juega un papel de primera importancia.
04 Julio 2019 04:00:00
Biblioteca Saltillo
En 1977 un grupo de historiadores, basado en los datos contenidos en el llamado Documento del Parral, fijó en el año de 1577 la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo, a reserva de que se encontrara información más confiable que la ofrecida por el mencionado documento. Así, a partir de ese año la capital de Coahuila celebró por primera vez su cumpleaños. En los 399 anteriores no hubo ni pastel ni Mañanitas para la ciudad.

Es justo recordar que fue el entonces gobernador de Coahuila, don Óscar Flores Tapia, quien convocó a los historiadores y organizó los muy lucidos festejos del cuatricentenario.

Esta ya venerable ciudad ha dado tema a numerosos libros y ensayos, aunque, debe decirse, todavía hace falta una historia que actualice las ya publicadas nutriéndose en los archivos, modelos de organización, que ahora existen y antes eran poco menos que inaccesibles.

Los primeros apuntes sobre la hoy pujante capital de Coahuila se los debemos al sacerdote Pedro Francisco de la Fuente, quien fuera párroco de San Esteban y luego de Santiago, hoy catedral. El padre Fuentes, como se le conoce, escribió unos apuntes sobre la historia de Saltillo en 1792, considerados el primer intento de rescatar el pasado de la ciudad. Don Javier Guerra Escandón los publicó en 1976.

En su Catecismo de Coahuila (1886), Esteban L. Portillo dedica un capítulo a Saltillo, aderezado con noticias históricas y estadísticas de la época. Fue él quien siguió la ruta trazada por el padre Fuentes hacía ya 94 años.

Habría que esperar el siglo 20 para que alguien más acometiera la tarea. Don Tomás Berlanga, famoso como orador, es el autor de una Monografía Histórica de Saltillo (1922). El plausible esfuerzo de don Tomás incluye noticias transmitidas oralmente.

Los hermanos Vito y Miguel Alessio Robles también se ocuparon del tema. Don Miguel le dedicó a su población natal dos pequeños volúmenes, La Ciudad de Saltillo (1932) y Perfiles de Saltillo (1933), que conoció una segunda edición cuatro años después. En Saltillo en la historia y en la leyenda (1934), don Vito recoge estampas del pasado con un estilo ligero. El libro tuvo recientemente una segunda edición.

Sería imperdonable no consignar en este quizá incompleto esbozo de bibliografía los sabrosos Relatos e historias de Saltillo (1947) de don José García Rodríguez, primer cronista de la ciudad, poseedor de un estilo inigualable. Otra crónica, enfocada a la mitad del siglo pasado, se debe a don Óscar Flores Tapia, quien en su Herodes hace un recorrido por las calles y los personajes saltillenses.

Promovido por doña Margarita Talamás de Gutiérrez Treviño, en los años 70 del siglo anterior apareció En Saltillo, Dijeron y Dirán, compilación de textos de varios autores. El volumen resulta especialmente interesante por contener una historia de la pintura local de Mario Herrera. La Crónica del Saltillo Antiguo, de J. de Jesús Dávila Valdés apareció en 1974.

Debemos al ingeniero Pablo M. Cuéllar la Historia de la Ciudad de Saltillo (1975), la más completa de las escritas hasta ahora, que continúa siendo de obligada consulta. En 2000, el profesor Jesús Alfonso Arreola dio a la imprenta una Breve Historia de Saltillo, y en Los Ojos Ajenos (1993), quien esto escribe compiló descripciones de la ciudad hechos por viajeros.

Magnífico regalo para la cumpleañera sería que a alguien decidiera formar con estos títulos, ya inconseguibles, una Biblioteca de Saltillo. ¿Quién dijo yo?
30 Junio 2019 03:00:00
Allende, herida abierta
Ofrecer disculpas hubiera resultado un recurso simplemente retórico. Insuficiente, por supuesto. En nada ayudaría, ni mucho menos serviría de consuelo a los deudos de las víctimas, a quienes perdieron un hermano, un padre, un hijo, un sobrino o un amigo. Ante tragedias de esa magnitud sobran las palabras, pero gracias a un punto de vista compartido por los tres niveles de Gobierno, la ceremonia habida en Allende, Coahuila, el jueves anterior, pasó de ser un acto meramente protocolario para convertirse en un compromiso expresado en público y difundido por los medios de comunicación.

El que el Estado –considerado como un todo incluyente de todas las instancias de Gobierno– reconozca que en un momento quienes lo formaban fueron omisos ante un acto delictivo o, en el peor de los casos, estuvieron coludidos con quienes lo perpetraron, es ya un primer paso. Es, en otras palabras, el reconocimiento de la culpa, la cual seguirá viva mientras no se haga justicia.

En Allende se fue más allá con la promesa de investigar en serio qué ocurrió y qué autoridades se vieron presumiblemente involucradas. Al hacer uso de la palabra, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, fijó la posición del actual Gobierno frente a los días de terror y muerte que vivieron los habitantes de Allende hace ocho años:

“Estas autoridades –dijo–, durante la masacre y a pesar de las llamadas de auxilio, tomaron la decisión de no intervenir; peor aún, funcionarios públicos levantaron a pobladores y los entregaron a esta organización criminal (la de los Zetas) sabiendo cuál sería su destino”. Más adelante se comprometió a “seguir investigando hasta encontrar a los
culpables”.

El gobernador del Estado, ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, compartió la postura y el compromiso de la secretaria Sánchez Cordero al reconocer que la matanza fue ejecutada “con la complicidad del Estado”.

Habrá quienes, escépticos, consideren que estos fueron solamente discursos, palabras pronunciadas al calor del cumplimiento de una recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Sin embargo, lo que en Allende se dijo el jueves quedó documentado en los medios impresos y por lo tanto podrá en cualquier momento reclamarse a las autoridades el incumplimiento de sus
compromisos.

La masacre de Allende es una de las páginas más negras en la historia de Coahuila. La vesania de sus ejecutores y la pasividad de las autoridades, ya fuera por omisión, por miedo o por complicidad, potencia su horror. El único crimen masivo comparable fue la matanza de los chinos en Torreón en mayo de 1911 durante la Revolución Maderista. El número de víctimas fue de 303. (En Allende, a ocho años de distancia, aún no se conoce la cifra exacta de personas asesinadas).

Las autoridades federales y locales tienen la ineludible obligación de ahondar las investigaciones de lo ocurrido hasta donde ello sea humana y técnicamente posible, y castigar a quienes resulten culpables, sean delincuentes o autoridades.

Es ilusoria la tentación de dar vuelta a una hoja que, como esta, chorrea sangre, lágrimas y justa indignación. Allende es un capítulo denigrante en la historia de Coahuila. Por la salud mental y social del estado resulta necesario que se cumplan las promesas hechas el jueves anterior. El compromiso está hecho y publicado y contra lo que opinan muchos, los mexicanos sí tenemos memoria y la tenemos más cuando se trata de heridas que se niegan a cicatrizar.
27 Junio 2019 04:04:00
Lluvia de renuncias
A poco más de tres meses de tomar posesión del cargo, Abraham Nuncio Limón renunció a la Dirección de la Biblioteca Vasconcelos. Una renuncia más en esta tormentosa temporada de dimisiones. Fue una mala experiencia para el catedrático e investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien llegó a la biblioteca con decenas de planes en la cabeza y se topó con un movimiento de empleados y trabajadores que desembocó en el cierre del recinto. Todo por obra y gracia del programa de austeridad de la cuarta transformación.

El problema empezó a incubarse incluso antes de su nombramiento con el despido del promotor de lectura Daniel Goldin, el cual provocó una fuerte reacción en los círculos culturales. Artistas e intelectuales calificaron de injusta la salida de Goldin, por el gran papel de promotor cultural que realizó cuando estuvo en la Vasconcelos. Debido a ello, el arribo de Nuncio Limón se dio en una atmósfera enrarecida anunciadora del posterior conflicto.

Con hondas raíces coahuilenses –es de los Nuncio de Arteaga–, Abraham vino a Saltillo a cursar la carrera en la entonces Escuela de Leyes de la Universidad de Coahuila. Inquieto, congruente con sus ideas de izquierda, demostró siempre un activismo social que lo llevó a encabezar en 1968, junto con otros saltillenses, un movimiento estudiantil local, réplica del de la Ciudad de México. Lo detuvieron y fue recluido en la Sexta Zona Militar. Enemigo de dramatizar, al salir del cuartel que le sirvió de prisión habló del trato respetuoso del que fue objeto por parte de los militares.

Se avecindó en Monterrey, donde se ha convertido en un destacado miembro de la intelectualidad regiomontana, y a donde regresará a su cubículo y a los estudios sociales que le apasionan. Su salida de la Vasconcelos es un signo ominoso más en el horizonte cultural de México y ejemplo de los perjudiciales recortes realizados sin ton y son a los presupuestos de las instancias dedicadas a la promoción del arte, la literatura y el desarrollo de la ciencia. Como se sabe, el machetazo tocó ya al Instituto Mexicano de la Radio, que perdió una de sus voces más inteligentes, la de Ricardo Raphael.



Viejas nuevas lecciones

El interés de los políticos actuales por las encuestas que real o supuestamente miden su popularidad, se les ha vuelto manía. Leyendo Mendizábal, novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, se encuentra un párrafo que se diría cortado a la medida para quienes tanto se preocupan por su popularidad. Pérez Galdós escribe esto a propósito de Juan Mendizábal, fugaz hombre fuerte de España en 1835, pero podría resultar ilustrativo a muchos hombres públicos que hoy se mueven en el escenario nacional:

“El motivo de estas pequeñeces es que el grande hombre considera la popularidad como el principal fundamento de su fuerza, y le saca de quicio todo lo que puede mermar o poner en peligro ese fantástico y vano poder. ¡Qué error! Fíjate en esto para que vayas aprendiendo. La fuerza la da el buen gobernar, el cumplimiento de lo que se ha ofrecido, la energía, la rectitud; de todo esto sale al fin el aura popular. Pero pretender el calor de la opinión cuando no se hace nada, o se hacen las cosas a medias, es grande ceguedad... La confianza en un prestigio ilusorio perderá a este buen señor, que podría indudablemente regenerar el país si se cuidara menos de aspirar el incienso que le echan sus aduladores y paniaguados”.
23 Junio 2019 03:00:00
Contrasentido
La decisión del Presidente de la República de suspender el proyecto del Metrobús de la Comarca Lagunera, que conectaría de manera rápida, cómoda y eficiente a Matamoros, Torreón, Gómez Palacio y Lerdo, fue un duro golpe que afecta a uno de los problemas más urgentes de los muchos que enfrentan las grandes ciudades y los núcleos urbanos en crecimiento explosivo: la conectividad.

El incremento del número de vehículos, aunado al desastroso sistema de transporte colectivo, constituye un binomio fatal.

Por un lado, dispara el número de horas-hombre improductivas debido a la lentitud de los traslados, y por el otro aumenta el consumo de carburantes con el consiguiente recrudecimiento de la contaminación.

Las grandes urbes, llámense Ciudad de México, Monterrey o Guadalajara, ya sufren periódicas crisis por la contaminación del ambiente. Hace unas semanas, en la capital de la República las autoridades se vieron precisadas a tomar medidas drásticas debido a la peligrosa presencia de contaminantes. Monterrey ya bordea el riesgo del colapso. No es necesario ser un especialista para predecirlo: basta ver la ominosa nata gris que cubre diariamente a la capital nuevoleonesa para darse cuenta de la gravedad de la situación.

Y no es válido alegar que las mejoras en la conectividad benefician únicamente a clases medias y altas. Falso. En principio, el aire que respiramos no distingue narices proletarias y narices “fifís”. El oxígeno o la falta de este es absolutamente democrático. El cada vez más frecuente congestionamiento vehicular perjudica tanto a los automovilistas como a obreros, estudiantes y amas de casa que usan el transporte colectivo. Los atascos hacen perder tiempo a todos.

Lo ocurrido en Gómez Palacio, Durango, amenaza con tener consecuencias insospechadamente peligrosas al retrasar, o de plano desalentar, inversiones en obras semejantes. Por lo pronto, el Metrobús de Saltillo quedó en suspenso ante la muy probable negativa del Gobierno federal de facilitar los fondos necesarios para la obra.

Es fatal que el crecimiento del sector industrial y demográfico de la ciudad potencien el problema, cuando ya hay planes de coinvertir el núcleo fabril del valle de Derramadero en una ciudad satélite. ¿Cómo podrán conectarse en forma rápida y segura los dos centros de población, cuando la carretera que los une registra atascos vehiculares un día sí y otro también?

Resulta incomprensible que el Gobierno federal busque urgentemente el incremento de las inversiones tanto nacionales como extranjeras y la creación de empleos, mientras suspende de un plumazo proyectos tendientes a movilizar a empleados y obreros de las industrias que ya hay y las que sus gestiones, de ser exitosas, atraigan. Eso es tanto como querer meterse a la alberca sin querer mojarse.

Como los griegos

Al responder a las críticas de lo ocurrido en Gómez Palacio, donde a mano alzada suspendió el Metrobús, en la conferencia mañanera el Presidente acusó a sus críticos de no ser demócratas, pues, afirmó, palabras más, palabras menos, que así funcionaba la democracia en Grecia. En efecto, los atenienses se reunían en el ágora para resolver asuntos públicos, pero asistían todos los interesados en cuestiones atañederas al Gobierno de la ciudad, no quienes iban solo a recoger tarjetas que les permiten recibir subsidios gubernamentales. Además, votaban después de escuchar a oradores, arguyendo en pro y en contra del tema.

Hay diferencias, creo.
20 Junio 2019 04:00:00
Está en campaña
Imposible no establecer comparaciones, guardando las distancias, por supuesto. Cecil B. de Mille y sus costosísimas producciones cinematográficas en versión casi indigente. El Circo Romano repleto de millares de extras. En el palco principal, con gesto de cruel aburrimiento, el emperador Nerón contempla el espectáculo que enardece a la multitud. Ha sido una tarde llena de emociones. En el primer número, cumpliendo con su papel, una manada de leones hambrientos convirtió en brunch a media docena de cristianos.

En este momento combaten dos gladiadores. Uno, armado con espada. El otro maneja una red. La lucha es encarnizada. El de la red atrapa a su contrincante, lo desarma, lo somete y amenaza con degollarlo. Antes de proceder a rebanarle el cuello, vuelve la cara hacia el palco del emperador en espera de instrucciones. Nerón mira al público. Solicita silenciosamente su veredicto. A mano alzada, el gentío condena a muerte al vencido y el emperador traduce el sentir popular levantando la mano con el pulgar hacia abajo. El gladiador derrotado muere víctima de una consulta popular dizque democrática.

(Cualquier parecido con hechos y personas de la vida real es simple mala leche).

La semana anterior, el presidente Andrés Manuel López Obrador, cual César vestido de guayabera, preguntó a la multitud si era conveniente construir el Metrobús que conectaría a cuatro municipios de la Región Lagunera, o mejor destinar ese dinero a otras obras. El alborozado gentío rechazó el proyecto y el Presidente, sin mostrar la mano derecha con el pulgar hacia abajo, declaró la muerte del Metrobús en el tramo correspondiente al estado de Durango.

Los gobernadores de Coahuila, ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, y el de Durango, José Rosas Aispuro, hicieron pública su molestia por la decisión tomada. La suspensión del proyecto completo del Metrobús, alegan con razón, pone escollos al futuro de La Laguna, causando perjuicios directos a cuatro municipios: Matamoros, Torreón, Gómez Palacio y Lerdo.

¿Fue esta decisión mero capricho u ocurrencia del Presidente? Difícil creerlo. Aquello pareció desarrollarse conforme a un programa: la oportuna aparición de las pancartas, el salvaje abucheo al gobernador José Rosas Aispuro y la consulta a la multitud.

¿Qué motivó a López Obrador a actuar de esa manera? Pensar en un capricho resulta difícil, pues, meditándolo un poco, lo ocurrido despide un inconfundible tufo a política electorera.

Intentaré explicarme: Miguel Ángel Riquelme Solís y José Rosas Aispuro tienen algo en común: los dos pertenecen a partidos (PRI y PAN) distintos al del Presidente (Morena). Entonces, con los ojos puestos en la próxima renovación del Congreso de la Unión, ¿a qué partido político podría beneficiar que dos gobernadores procedentes de partidos de oposición encuentren dificultades para llevar adelante obras que consideran con buenas razones prioritarias o, como en este caso, echarlas al bote de la basura en un mitin popular evidentemente manipulado?

No se requiere pensar demasiado la respuesta. El mensaje no llega a subliminal, es clarísimo: los mandatarios surgidos de Morena son quienes cuentan con el camino pavimentado para llevar adelante sus planes y convertirlos en realidad. Los que no pertenecen a ese partido podrán toparse en el momento menos pensado con manos alzadas dispuestas incluso a desbaratar obras presupuestadas y en marcha. Es falso que, como suele decir el Presidente en tales casos, ya terminó la campaña. No. El Presidente está en campaña.
16 Junio 2019 04:05:00
Vivir en el pasado
De regreso a Buenos Aires después de estar en México, un periodista preguntó a Jorge Luis Borges cómo había encontrado a nuestro país. El autor del Aleph respondió con una frase: “Los mexicanos siguen como siempre, volcados en su pasado”. Quizá la anécdota sea apócrifa, pero desafortunadamente nos retrata de cuerpo entero, como lo afirma Octavio Paz en Posdata: “La historia nos obliga a vivirla; es la sustancia de nuestra vida y el lugar de nuestra muerte. Entre vivir la historia e interpretarla pasan nuestras vidas”.

La supuesta anécdota de Borges y la frase de Paz adquieren actualidad en el México de la sorprendente Cuarta Transformación. Nunca antes, por lo menos en tiempos recientes, el poder acudió a la historia para afirmarse en el presente y hacer promesas de futuro. Era usual que los presidentes de la República invocaran el amparo de su Gobierno a un héroe nacional, con el que se identificaban o decían identificarse, pero hasta allí.

Hoy, en el logotipo utilizado por el actual Gobierno aparecen cinco personajes: José María Morelos, Miguel Hidalgo, Benito Juárez con la bandera nacional, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. Son los santones históricos de la cuarta transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien gusta de hacer constantes referencias a hechos y personajes históricos.

Fue él quien revivió, siglo y medio después, el calificativo de “conservador”, aplicable a los que no están de acuerdo con las miras y los procedimientos de su Gobierno. En estas referencias al pasado suele dar resbalones, como cuando atribuyó a la nación 10 mil años de antigüedad y la dotó de universidades, mientras en la isla de Manhattan pastaban unos pintorescos bisontes.

Por desgracia, unos meses después de esto, un sujeto que vive en ese retrasadísimo sitio donde hace 10 mil años pastaban manadas de bisontes mientras los mexicanos acudían a clases en las universidades, amaneció una mañana con la malsana idea de colocarnos al borde de una crisis con la amenaza de aplicar aranceles a los productos mexicanos que importa su país.

Tampoco resultó muy airoso ese volver la vista al pasado para solicitar al Gobierno español una disculpa por las atrocidades cometidas por los conquistadores hace 500 años. La respuesta no tardó en llegar. Tampoco los comentarios, que fueron desde la franca censura hasta la burla irreverente.

Resulta peligroso trasladar a la política la sentencia de Paz acerca de que la historia nos obliga a vivirla, porque, recurriendo a citas bíblicas a las que es tan afecto el presidente López Obrador, voltear hacia atrás puede convertirnos en estatuas de sal, como la mujer de Lot.

Lo aconsejable es vivir el presente y hacer frente a los retos que surgen día con día. Recurrir a la historia como inspiración puede ser un ejercicio positivo, pero no lo es revivir agravios o intentar un remake –perdón por el anglicismo– de las luchas de liberales y conservadores que tanta sangre costaron hace ya siglo y medio.

¿Y todo para qué? Luego de arremeter contra los neoconservadores, el Presidente acude a firmar alianzas con ellos, invitándolos a colaborar en la tarea de sacar al país en el bache económico en que cayó.


Letras sueltas

¿Quién iba a decirlo? Frente a macilentos partidos de oposición y algunos opinadores, ha sido en las filas de la misma Morena donde se dejó escuchar, en voz de Porfirio Muñoz Ledo, la crítica directa, sin ambages, a los compromisos migratorios contraídos con Estados Unidos.
13 Junio 2019 03:59:00
Manoseando el pasado
La novela histórica cuenta con una larga tradición e incontables lectores. El lugar de nacimiento de este popular género literario fue Gran Bretaña, en cuya nómina de autores se hallan nombres tan ilustres como el de Walter Scott (Ivanhoe), Charles Dickens (Historia en Dos Ciudades) y más recientemente Robert Graves (Yo, Claudio).

Ellos hicieron escuela y numerosos escritores de todo el mundo les siguieron y les siguen los pasos, desde León Tolstoi y su genial La Guerra y la Paz, hasta las aportaciones mexicanas de Juan A. Mateos (El Sol de Mayo), Francisco L. Urquizo (Tropa Vieja), Martín Luis Guzmán (La Sombra del Caudillo) y Fernando Benítez (El Rey Viejo), quienes estructuraron sus novelas en torno a trascendentales hechos de nuestra historia.

Prolífico como ninguno, Benito Pérez Galdós acometió la gigantesca tarea de escribir los Episodios Nacionales, para contar en 46 novelas la historia de España, desde 1805 hasta 1880. Y lo hizo magistralmente.

Max Aub, periodista y crítico avecindado en México, dijo de los Episodios Nacionales: “Perdiérase todo el material histórico de esos años [el siglo 19] salvándose la obra de Galdós, no importaría. Ahí está completa, viva, real, la vida de la nación durante los 100 años que abarcó la garra del autor”. Y concluye con una frase lapidaria: “Galdós ha hecho más por el conocimiento de España por los españoles –por el pueblo español– que todos los historiadores juntos”.

En efecto, leer los Episodios Nacionales enseña más y mejor la historia de España en el turbulento siglo 19 que un montón de sesudos volúmenes escritos por especialistas. Con Pérez Galdós seguimos paso a paso el innoble proceder de Carlos IV y de Fernando VII, la promulgación de la Constitución de Cádiz, la invasión de la península por el ejército napoleónico, el restablecimiento de la monarquía y la persecución y presidio de los diputados liberales autores de la Constitución. Por allí aparece nuestro paisano don Miguel Ramos Arizpe, citado como Arispe (sic) entre los diputados aprehendidos por el despótico Fernando VII.

Sin embargo, hay que distinguir entre novelas históricas y novelas históricas. En los últimos años se ha registrado en México un boom de este tipo de ¿literatura?, cuyo fin no es rescatar episodios del pasado, sino provocar el morbo del lector torciendo los hechos o degradando a los considerados héroes mediante la exhibición de sus peores defectos, reales o ficticios. En alguna de estas seudonovelas históricas se insiste hasta la náusea en la paternidad de don Miguel Hidalgo y Costilla, mientras otro exitoso autor sorprende a sus ingenuos lectores describiendo a Emiliano Zapata sosteniendo relaciones homosexuales. Basura, pues.

Lo lamentable es que buen número de lectores de este tipo de bazofia la confunda con la historia y considere que el autor se basa en documentos. Esto trae como consecuencia la falsificación del pasado y una percepción errónea de lo que hemos sido en el transcurrir de los siglos.

Las editoriales, que solo ven por el negocio y miran la caja registradora, publican libro tras libro de estos autores, todos ellos productores en serie de patrañas. Dos posibles vacunas contra esta infección literaria sería que los libros de los historiadores resultaran más amables de leer y que se incrementara la producción de los divulgadores capaces de atrapar al lector, al contarnos sin torcimientos lo que ocurrió. La revista Relatos e Historias en México, Alejandro Rosas y Julio Patán son tres buenos ejemplos de esto último.
09 Junio 2019 03:59:00
El porqué y el cómo
El draconiano régimen de austeridad casi franciscana que intenta imponer al país el presidente Andrés Manuel López Obrador ha provocado reacciones, muchas de ellas de franco repudio. Uno de los sectores más castigados ha sido el académico. Los recortes presupuestales afectan su funcionamiento y obligan al despido de personal. La feroz tijera ya redujo los dineros destinados al Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y al Instituto Mora.

En la reciente Feria del Libro de Coahuila, dos miembros de El Colegio Nacional —estrella mayor del universo académico mexicano— hablaron en privado de la reducción presupuestal al Colegio. El más optimista la calculó en 50%, mientras el otro supuso una cifra más alta: 60 por ciento.

Una de las medidas más controvertidas en esta área ha sido la orden de que los viajes al extranjero de los académicos sean autorizados directamente por el Presidente. La razón aducida: terminar con lo que se ha llamado “turismo académico”. Es decir, constantes viajes de científicos y profesores para asistir a congresos en los lugares más insospechados donde se tratan temas de lo más esotéricos.

Allí está el porqué de la decisión presidencial. Dígase lo que se diga, el turismo académico era un hecho. No hablo de oídas. En alguna ocasión quien esto escribe fue invitado a moderar una mesa en un rimbombante “Congreso Internacional”, en el cual participaban especialistas de México, Estados Unidos y Canadá.

Dispuesto a cumplir con la encomienda entró al salón donde deberían leerse tres ponencias de igual número de especialistas. Primera sorpresa: el lugar estaba prácticamente vacío. Además de las tres ponentes, esperaban el inicio de la sesión un acompañante del moderador, una historiadora amiga de este y un gringo que sospecho andaba detrás de la historiadora. Asistencia total: tres personas, dos de las cuales abandonaron el lugar, pues la historiadora salió a participar en otra mesa seguida del silencioso gringo.

Aquello rayaba en el ridículo. Tres ponentes y el moderador sobrepasaban en uno al público asistente. Cuando las tres especialistas iban a subir a la mesa, el moderador les pidió leyeran una a una sus valiosas aportaciones al conocimiento, para que cuando menos las escucharan abajo las otras dos.

No todos los congresos son iguales, aunque cuando circulan fotos de las participaciones de los ponentes, lo más común es que estos aparezcan en aulas más vacías que en una clase de Epistemología a las tres de la tarde.

En este caso, el porqué está justificado. Sin duda muchos de esos congresos, tanto nacionales y extranjeros, podían suplirse con video conferencias. Otros no, por supuesto. Justificado el porqué, lo criticable es el cómo. Cortar de raíz no parece ser la mejor medida, pues afecta a instituciones y personas que prestan valiosísimos servicios a la cultura, a la enseñanza y el conocimiento.

Letras sueltas

“¿Puedo tomarme una foto con usted para comprobar que vine a entregar los carteles?”, preguntó a una sorprendida funcionaria estatal la encargada de distribuir la convocatoria de un concurso convocado por un ente federal. Otra vez el porqué: la corrupción. Antes, quizá, ni siquiera mandaban imprimir los carteles, pero sí los cobraban, y mucho menos los distribuían. Otra vez el cómo. Se antoja exagerado exigir una fotografía para probar que se cumplió con el trabajo. El péndulo se mueve de un extremo al otro. Esperemos que pronto encuentre el centro equilibrado.
06 Junio 2019 04:08:00
¡Así es Adolfo!
Poeta, ensayista, narrador, académico de la Lengua, gastrónomo, traductor, editor, conocedor a profundidad de las obras de Michel Montaigne, Alfonso Reyes y Octavio Paz, Premio Nacional de Periodismo, Premio Xavier Villaurrutia, Premio Mazatlán de Literatura, Premio Internacional Alfonso Reyes, Premio Manuel González Ramírez concedido por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México por el rescate de fuentes documentales, viajero incansable, charlista incomparable y dueño de una erudición abrumadora en tres o cuatro idiomas…

Luego de leer su síntesis biográfica, uno no puede menos que preguntarse: Pero, ¿qué no ha hecho Adolfo Castañón? Pregunta difícil de responder cuando se habla de un hombre, la amabilidad personificada, cuya vida ha transcurrido entre libros –leyéndolos y escribiéndolos– y dejando huella de su cultura y creatividad en quién sabe cuántos países del mundo.

El año pasado estuvo una vez más en Saltillo a presentar Grano de Sal y otros Cristales, un libro sobre sus andanzas por los fogones del mundo, que incluye el interesantísimo recetario de uno de sus antepasados, que nos permite asomarnos a las mesas mexicanas del siglo 19.

Sin embargo, aunque preparados para cualquier sorpresa al seguir los pasos de su fructífera y multifacética existencia, Adolfo Castañón conserva la capacidad de sorprendernos. Y lo ha hecho de nuevo con su más reciente publicación: Alfonso Reyes en una nuez, trabajo que representa miles de horas de acuciosa revisión de la oceánica obra del regiomontano.

Alfonso Reyes en una nuez es, ni mas ni menos que el índice consolidado de nombres propios de personas, personajes y títulos que aparecen en sus obras completas. ¡Y cuando hablamos de obras completas alfonsinas hablamos hasta ahora de más de 25 gruesos volúmenes!

Adolfo Castañón se echó a cuestas una tarea merecedora sin exageraciones del adjetivo de titánica. Son miles de nombres y títulos de obras, con indicaciones, cada uno, del tomo y la página de las Obras Completas donde se encuentran. El libro, editado por el Colegio Nacional cuenta con 611 páginas, y constituye una utilísima herramienta no solo para los estudiosos de la obra de Reyes, sino para quienes se dedican a otras disciplinas, como la historia.

Por ejemplo: ¿Qué pensaba y qué escribió don Alfonso acerca de Manuel Acuña? Pues bien, Castañón nos informa que lo cita en siete ocasiones, empezando en el primer tomo y por última vez en el 26. El coahuilense con mayor número de citas, 27, es el historiador saltillense Carlos Pereyra. Esto se explica porque Reyes y Pereyra coincidieron y trataron en Madrid después de que ambos se autoexiliaron de México a raíz de la revolución. Por cierto, en algunos de sus textos el regiomontano deja traslucir poca simpatía por el saltillense.

El segundo lugar entre los coahuilenses corresponde a Julio Torri, citado 25 veces. Como se sabe, don Julio y don Alfonso fueron amigos y juntos emprendieron importantes tareas editoriales. La amistad se enfrió por un mal entendido, al asegurar Reyes haber prestado a Torri una primera edición (1611) del Tesoro de la lengua española o castellana de Sebastián de Covarrubias, que no le devolvió.

Amante de los retos para cualesquiera imposibles, Castañón parece alzar la vara en cada nuevo proyecto. Al telefonearle para agradecerle el envío de Alfonso Reyes en una nuez, de inmediato informó: “Y ya estamos trabajando en un libro similar de las Obras Completas de Octavio Paz”. Ese es Adolfo.
02 Junio 2019 03:59:00
Monclova y AHMSA
La marcha multitudinaria –unos hablan de 9 mil, otros de 10 mil participantes– registrada en Monclova a raíz de los problemas que enfrentan Altos Hornos de México (AHMSA) y su presidente del Consejo de Administración, Alonso Ancira, es una manifestación de la singular simbiosis Monclova-AHMSA. La ciudad y la empresa están tan estrechamente unidas, que no es posible desasociar la una de la otra.

Por eso no es de extrañar la participación en la marcha de obreros, familias completas, autoridades de los municipios ubicados en el área de influencia de la acería y de nutrido grupo de empresarios.

Fue una reacción lógica ante las medidas adoptadas por el Gobierno, entre ellas la congelación de las cuentas bancarias de la siderúrgica, después descongeladas, que puso en peligro la operación del gigante del acero.

En 1942, al llegar a Monclova la primera remesa de maquinaria para lo que sería Altos Hornos de México, el ingeniero Harold R. Pape, encargado del proyecto, tuvo que hospedarse en un hotel de la vecina Ciudad Frontera. El motivo: en Monclova, entonces con alrededor de 6 mil habitantes, no existía un hotel con las mínimas comodidades.

Esa era la situación de una ciudad que sobrevivía en el centro de Coahuila, cuyo estancamiento se agudizaba frente a la pujanza de la vecina estación de Frontera, a 7 kilómetros de su Plaza de Armas. El movimiento ferrocarrilero y los sueldos pagados a los empleados del riel provocaron un trasvase de las actividades económicas de la antigua Monclova a la recién nacida población en torno a la estación ferroviaria. Monclova y sus tres siglos de historia languidecían.

La instalación de Altos Hornos detonó un crecimiento inusitado en la ciudad, la cual, por decirlo de alguna manera, tuvo que reinventarse. Se crearon fraccionamientos para dar cabida a los recién llegados y a toda prisa se empezó a buscar la forma de cubrir la demanda de bienes y servicios.

Muchos cambiaron arado y sombreros de palma de ala ancha por relucientes cascos metálicos. La reconversión hubo de hacerse a pasos acelerados mientras desembocaba diariamente un río de migrantes atraídos por las oportunidades de trabajo.

La fundación de la siderúrgica coincidió con una crisis en la Región Carbonífera, donde la modernización de los sistemas para la extracción del mineral agudizó el desempleo.

La Caravana del Hambre de 1951 fue una manifestación de esa crisis. Cientos de participantes en la ya legendaria marcha de Nueva Rosita a la Ciudad de México fueron puestos en la lista negra de las compañías mineras y hubieron de buscar trabajo en la floreciente Monclova.

El número de habitantes se disparó y las autoridades municipales enfrentaron graves problemas a una creciente demanda de servicios públicos que resultaba difícil proporcionar a las nuevas colonias que aparecían casi de un día para otro en la periferia.

Esta historia contada en unas cuantas palabras revela la relación de la que se hablaba líneas arriba. En ninguna otra parte de Coahuila se da el fenómeno de que una compañía sea a la vez pivote y motor de la economía de toda una región, porque si bien la Carbonífera depende de la minería, no lo hace de una sola empresa. Hay multitud de grandes, medianos y pequeños empresarios del carbón.

Los problemas que aquejan y puedan aquejar al futuro a la siderúrgica merecen una estrecha vigilancia, pues no se trata de un negocio cualquiera, es una empresa cuyo desempeño, para bien o para mal, afecta a buena parte de Coahuila.
30 Mayo 2019 04:00:00
Llamada de atención
Con un sentido adiós a don Carlos Robles Nava

La idea de colaborar dos veces por semana en Zócalo era dedicar el texto del jueves a temas relacionados con libros y cuestiones culturales. Sin embargo, parafraseando lo escrito en los “vales de buena conducta” del antiguo Colegio Zaragoza: “El hombre propone y la realidad dispone”. En los vales el que disponía era Dios, por supuesto.

Así ocurre ahora, cuando se ha registrado un vertiginoso aceleramiento en los acontecimientos, muchos de los cuales con repercusiones en el entorno inmediato. Libros y actos culturales se quedan en lista de espera al aparecer nubes de tormenta sobre el porvenir de la industria motor de la economía de Monclova, así como de buena parte del centro de Coahuila y de la Región
Carbonífera.

El congelamiento de las cuentas bancarias de Altos Hornos de México (AHMSA), ya descongeladas ayer por orden presidencial, y la aprehensión del director general de la acería, parte del Grupo Acerero del Norte, Alonso Ancira, pusieron una interrogación sobre el futuro de Monclova y su área de influencia.

La inmediata reacción del Gobernador del Estado, Miguel Ángel Riquelme Solís, respaldada por legisladores coahuilenses, despresurizó el impacto de las medidas adoptadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. El presidente Andrés Manuel López Obrador entendió el efecto devastador inmediato que traería consigo el congelamiento de las cuentas, y lo revocó en su conferencia de prensa cotidiana.

El detonador del escándalo que involucra a Alonso Ancira fue la venta de una planta productora de fertilizantes que a partir del sexenio de Carlos Salinas de Gortari ha tenido “mal fario”, como dicen los gitanos. Petróleos Mexicanos la adquirió a AHMSA a un precio escandalosamente inflado. Al seguir la pista del dinero, se descubrió una triangulación de sobornos de la famosísima Odebrecht en la que participó Ancira, sobornos que terminaron en los bolsillos del exdirector de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya Austin.

Por ahora no hay temor sobre el futuro de Altos Hornos y de Monclova. Ya en el sexenio de Vicente Fox, Ancira se vio envuelto en un problema con la Secretaría de Hacienda. En aquella ocasión, para evitar ser detenido optó por un prolongado autoexilio en Israel, estancia forzada que aprovechó para comprar las míticas minas del Rey Salomón.

Entonces quedó demostrado que nadie es indispensable, cuando se trata de una empresa tan poderosa como AHMSA. Lo que resulta claro es la necesidad de pensar seriamente en la diversificación de la economía de al menos tres regiones del estado: Sureste, dependiente de la automotriz; Carbonífera, que vive de la minería, y Monclova, sustentada en la producción de acero.

Existen ejemplos dramáticos de las terribles consecuencias de esta dependencia. Detroit, la antes orgullosa capital mundial del automóvil, atraviesa actualmente por momentos muy difíciles debido a la emigración de las plantas armadoras más allá de las fronteras de Estados Unidos.


Letras sueltas

La disparidad de la inversión extranjera entre el Sureste –Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga– y la Región Lagunera revive los afanes separatistas de algunos torreonenses. Es un sentimiento que cobra vigencia cíclicamente. En los años 60 del siglo anterior, cuando incluso se intentó un sondeo entre los parrenses para saber si estaban de acuerdo con la creación del estado de La Laguna. Hubo abrumador apoyo al proyecto, pero con una condición: ¡Que Parras fuera la
capital!
26 Mayo 2019 04:08:00
La industria del ‘chayote’
Eran parte del folclore periodístico de la época. Una práctica que, si bien no merecía la aprobación, resultaba comprensible, propia de reporteros mal pagados o editores de pequeños periódicos que aparecían no cuando Dios quería, sino cuando Dios se descuidaba, decíamos entonces. En verdad, aquello no causaba indignación. Finalmente era una forma muy triste de sobrevivencia. Hubo gobernador –no me lo contaron, lo vi en la Región Carbonífera– que entregaba un billete a cada uno de los periodistas formados en fila.

Al igual que toda práctica oscura nimbada de indignidad, esta industria del periodismo picaresco ha recibido diferentes nombres. “Embute”, le llamaban hace un medio siglo. Después se le aplicó un término supuestamente eufemístico y menos brutal: “el sobre”. Hoy, quién sabe por qué, se le conoce como “el chayote”. Mañana quizá estrene un nuevo nombre.

La costumbre es histórica. Ya don Porfirio Díaz, al explicar los ataques de los que era objeto en la prensa, solía decir: “Esos gallos quieren maiz”. (Así, sin acento). Cuando presidente, José López Portillo casi, casi elevó el maiceo porfirista a norma gubernamental. “Yo no pago para que me peguen”, advirtió a la revista Proceso al retirarle toda la publicidad oficial.

Tiempo atrás, el soborno a periodistas podía considerarse una ordeña hormiga de los presupuestos gubernamentales. El “maiceo” era individual y de poca monta. Pero todo cambia y avanza, y el embute, el sobre o chayote se volvió una industria de gran escala. Los reporteros y conductores de programas informativos de radio y de televisión crearon agencias de publicidad, empresas comerciales, oficinas especializadas en manejo de imagen o proyectos más o menos sociales, más o menos culturales, para obtener apoyo oficial. De esa manera la dádiva de antaño se tornó caudaloso río de dinero destinado al bolsillo de periodistas-empresarios.

En su escalada del enfrentamiento contra los periodistas no afines a la Cuarta Transformación, el presidente Andrés Manuel López Obrador arremetió frontalmente contra lo que llamó “el hampa periodística”. Esta vez no se quedó, como en el caso de los corruptos, en el simple enunciado. No. En esta ocasión filtró nombres y cantidades. ¡Y qué cantidades!

De acuerdo con la información proporcionada por el Instituto Nacional de Acceso a la Información (ICAI), Joaquín López Dóriga recibió durante el pasado sexenio “contratos” por 251 millones de pesos. En la larga lista aparecen decenas con cantidades ligeramente menores.

Naturalmente, los contratados, por mucho que lo nieguen, debieron de adecuar sus colaboraciones periodísticas al gusto y las necesidades del contratante. De allí que hayamos atestiguado cambios drásticos en los enfoques de columnistas sobre tal o cual funcionario, que de impresentable pasó de un día para otro a modelo de eficiencia.

La revelación, sin duda alentada por el presidente López Obrador, es un golpe demoledor a la credibilidad, de alguna manera, a todo el ejercicio periodístico.

Lo que antes fueron escaramuzas con este u otro informador, el Presidente las convirtió, sin ambages ni simulaciones, en guerra abierta, sin cuartel. Resulta difícil prever las consecuencias de este choque frontal, aunque por lo pronto hay ya un saldo negativo: colocar bajo sospecha, sin exclusión de nadie, a cuantos critiquen al Gobierno o le señalen sus errores, dejando en exclusiva al Primer Mandatario el uso de la voz.

Nada positivo, por cierto.
23 Mayo 2019 03:59:00
Curas peligrosas
Extrañamente no tuvo eco perceptible en los medios y entre los comentaristas una declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien diagnosticó que la corrupción es una “enfermedad”, por lo cual resulta necesario implementar “terapias” para curar a quienes la padecen.

Es posible que muchos de los opinadores profesionales hayan considerado las palabras del Primer Mandatario como una de las muchas ocurrencias que suele soltar en las mañaneras. Pero, ¿si no lo es? ¿Qué podemos esperar si AMLO cree realmente lo que dijo y un día de estos decide actuar en consecuencia?

Pueden tacharme de alarmista, sin embargo, cada vez que oigo hablar de instaurar programas terapéuticos para sanar enfermedades sociales, la memoria me transporta a los gulags soviéticos. Y de ser afirmativas las respuestas a las preguntas anteriores, se perfila en el horizonte el nacimiento de gulags versión lopezobradorista. Es decir, los corruptos no irán a la cárcel, que es a donde debieran estar si se aplicara correctamente la ley, sino a “clínicas” para ser sometidos a tratamiento.

Los miembros de la actual generación quizá tengan una idea muy vaga de lo que fueron y cómo funcionaban los gulags soviéticos en la era de Stalin, cuyos horrores fueron revelados al mundo por Alexandr Solzhenitsyn, en su libro El archipiélago gulag. Allí cuenta los horrores de estos campos de concentración donde, se decía, “reeducaban” a los acusados de actividades antisoviéticas o de desviaciones ideológicas, pero en realidad se practicaba un sistema de esclavitud en condiciones aterradoras.

Solzhenitsyn sabía de lo que hablaba. Estuvo preso en un gulag de 1945 a 1956. Sobrevivió de milagro. Tuvo mejor suerte que los 20 millones de “reeducados” muertos en esas “clínicas” de hambre y extenuación. Gracias a su libro, el mundo conoció en un relato en primera persona los crímenes cometidos por Stalin, posteriormente documentados en el vigésimo Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956.

La época del terror estalinista se puso de manifiesto en ese congreso, cuando Nikita Kruschev, futuro dirigente de la URSS, enumeraba los crímenes de Stalin. Molesto, otro diputado le disparó a voz en cuello la pregunta: “¿Y dónde estaba usted, camarada, mientras José Stalin cometía esos crímenes?”. A lo que Nikita respondió: “Entonces estaba sentado al lado suyo e igual que usted orinándome de miedo, porque las ‘purgas’ se hacían a capricho de Stalin y en cualquier momento uno podía ser condenado”.

El combate a la corrupción, la cual se propaga como epidemia, pero no es contagiosa ni es enfermedad, debe hacerse con las armas que los códigos ponen en manos de las autoridades, no con terapias que despiden un peligroso tufo a proto fascismo. Los corruptos, apuntaba antes, deben ser juzgados como criminales y pagar con prisión los delitos cometidos contra el país.

Sin embargo, el pronunciamiento encuadra bien en el discurso de Andrés Manuel, empeñado en imaginar inocentes víctimas de las circunstancias y ahora las enfermedades. Así, los narcotraficantes lo son por la pobreza en que les sumió el neoliberalismo, y ahora los corruptos son seres que actúan a causa de un virus o una deformación de carácter provocada por el entorno social.

¿Y si la enfermedad llegara atacar a quienes no están de acuerdo con la Cuarta Transformación? ¿No estar con AMLO puede ser algo así como una gripe?
19 Mayo 2019 04:00:00
Salón de fiestas
Lo ocurrido en el Palacio de Bellas Artes no es, de ninguna manera, asunto menor. El haber permitido la celebración de un homenaje disfrazado de concierto en honor de un líder religioso sienta un mal precedente con indeseables repercusiones políticas y culturales.

En lo cultural, la fiesta en honor del dirigente de la Iglesia Universal convierte el máximo foro del arte en un simple salón de fiestas, cuyos espacios pueden ser utilizados por quien lo desee y tenga el suficiente dinero para pagarlo.

Las explicaciones –justificaciones– de las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de la Secretaría de Cultura (SC) resultan risibles.

Como escribió alguien, el personal de ambas instituciones debe de estar tan ocupado que no tiene tiempo de echar un vistazo a las redes sociales, donde durante varios días se estuvo bombardeando con mensajes invitando al acto, señalando explícitamente que se trataba de la celebración del cumpleaños.

De la efectividad de los mensajes hablan los centenares de personas que se reunieron en las afueras del Palacio a demostrar su aprecio al feliz cumpleañero.

Por lo visto, solamente los directivos y burócratas de la SC y el INBAL no estaban enterados, aunque algunos de ellos asistieron al evento. También estuvieron allí representantes de la clase política: diputados y funcionarios públicos, que por cierto olvidaron la austeridad de la 4T y se disfrazaron de fifís con trajes de etiqueta.

Desde el punto de vista político, la utilización del Palacio de Bellas Artes para celebrar el cumpleaños de un líder religioso vulnera gravemente la ya de por sí porosa división entre el Estado y las iglesias, separación que históricamente costó tanta sangre al país. Los hombres de la Reforma, encabezados por don Benito Juárez y don Melchor Ocampo deben de estar revolcándose en sus tumbas.

Igual estarán haciendo José Luis Martínez, Carlos Chávez, Salvador Novo y tantos otros que se afanaron por hacer de Bellas Artes el recinto cultural por excelencia.

No es necesario ser un jacobino a ultranza para lamentar esa paulatina desaparición de la frontera entre Estado e Iglesia, nítidamente trazada desde hace siglo y medio.

Más, debido al reciente anuncio del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien manifestó la posibilidad de concesionar canales de televisión a las iglesias. Como si no fueran suficientes los programas de “publicidad pagada”, en los que predicadores, brujos y chamanes asestan a televidentes desvelados promesas de salvación eterna hasta la solución de problemas domésticos.

Históricamente, el involucramiento de los representantes religiosos en la política ha sido en México fuente de grandes calamidades.

Borrar esa separación puede resultar clientelarmente productivo, pero políticamente muy peligroso. Las alianzas Estado-iglesias terminan en fascismo, como sucedió en la España de Francisco Franco.

Los drásticos recortes presupuestales a la ciencia y la investigación se suman ahora a estas pifias –roguemos que sean únicas– de las autoridades culturales, diseñando un panorama poco alentador. La plausible austeridad de la Cuarta Transformación no debe incluir a la inteligencia y la creatividad.

Letras sueltas

La 22º edición de la Feria Internacional del Libro Coahuila mostró la maduración de un proyecto cultural que año con año ha ido consolidándose. Felicitaciones a la Secretaría de Cultura y a la Universidad Autónoma de Coahuila, encargadas de su realización.
16 Mayo 2019 03:35:00
Donde la piel
La recuerdo en el aula: ojos brillantes denunciando avidez de conocimientos. Tenaz, sensible, apasionada de la vida y de las letras, dueña de la envidiable capacidad de pulir como orfebre las frases sin que pierdan frescura adánica. En su más reciente libro, Donde la Piel, Claudia Luna se describe exacta en una sola línea, exigiendo ser llamada “mujer con la cabeza en llamas”. Autobiografía en seis palabras.

Siempre me ha parecido que el primer apellido de la poeta complementa un oxímoron perfecto: Luna. Oxímoron, porque ella, muy lejos de aproximarse a una personalidad selenita, es criatura solar.

En la nota de la cuarta de forros, José Luis Rivas hace atinada referencia a la devoción –¿fervor?– que Claudia guarda hacia Emily Dickinson, a quien dedica el primer poema del volumen. (Usé el término poema cuando quizá sería más exacto decir plegaria dirigida a la deidad-poeta norteamericana a la que se encomienda: “a ti mi alma encomiendo”, le ruega).

Esta suerte de contrasentido lo encuentro también en la afinidad que ella construyó, siente y vive con Emily Dickinson, mujer volcada en sí misma, que, como bien se sabe, pasó los últimos años de su existencia encerrada en su habitación, la cual abandonaba esporádicamente para arriesgar unos pasos por el jardín de su casa, acotada prolongación vegetal de su aislamiento.

A Claudia, en cambio, solo parecen palpitarle las pupilas y el corazón en la montaña y en el desierto. Lo suyo son los dilatados horizontes huérfanos de escollos que impidan el viaje sin fin del sentir y de la mirada.

Ahora, en un giro no exento de sorpresas, su espíritu de puertas afuera viaja ajustándose a un itinerario interior, cuya última frontera es su propia piel, ¿acaso sucedánea de las cuatro paredes de Emily?

En esa exploración de sí misma se permite ocasionales escapatorias hacia los recuerdos, en un intento de perfilarse de manera más nítida, como puede intuirse en El Valle de las Monjas: flotan mis cabellos// el manantial pasa un manto cálido por mi nuca// el sol atraviesa el agua// ilumina mis ojos// ilumina los peces// estos mis nueve años// para siempre. Capacidad de síntesis: aparenta sencillez enigmática que llega definitivamente a lo profundo.

Enclaustrar al yo en nuestra piel es un esfuerzo vano. El yo es producto también de las huellas de la memoria. Atenta a la recomendación de Dickinson: “Aprecia a tus padres, porque es un mundo aterrador y confuso sin ellos”, Claudia vuelve los ojos a la casa de sus mayores y pregunta a la madre: “¿dónde estás? // dónde tu sonrisa sostenida como nota de aridez”.

“El decir nada a veces dice más”, escribió Dickinson, y Claudia suscribe la frase en uno de sus poemas: “me miras// vuelves// me miras largo rato// y es ese tu decirme// anulando el lenguaje”.

Hay poesías que vuelven estrepitosamente sonoro el silencio, como vajilla de porcelana precipitada al suelo. Claudia conoce el secreto, posee la piedra filosofal capaz de dar sonoridad a los silencios.

En su transitar por las palabras, ha ido decantando el estilo, despojándolo de lo superfluo hasta dejar el verso en la médula. Donde la piel es madurado fruto de ese proceso depurador, en el que el lector se sumerge en un fluir de palabras-imágenes, que por momentos adquieren un ritmo jazzístico.

Continente y contenido se hermanan, pues la edición, con el sello de Mantis Editores, es de impecable buen gusto. (Fragmentos de la presentación de Donde la piel,13 de mayo de 2019, Feria Internacional del Libro Coahuila).
12 Mayo 2019 04:00:00
Como en feria
La edición número 22 de la Feria Internacional del Libro Coahuila 2019 inició con el pie derecho. Para quienes aman los libros, este tipo de celebraciones recuerdan el cuento de Pinocho, cuando el muñeco de madera creado por Gepetto entra a Jauja, el País de los Juguetes. Las tentaciones son las mismas. Faltan ojos para disfrutar de las maravillas que las repletas estanterías ofrecen y resulta difícil elegir entre tantas y tantas tentaciones.

Sin embargo, la diferencia entre las ferias de libros y el País de los Juguetes es que los niños entregados a los excesos en este acaban transformándose en burros, mientras a las ferias como esta acudimos con la idea optimista de poder desburrizarnos un poco.

La Secretaría de Cultura y la Universidad Autónoma de Coahuila, a cargo de la organización de la Feria, se preocuparon por ofrecer a los visitantes no solo la posibilidad de adquirir volúmenes, a veces inconseguibles en la ciudad, sino también poder elegir entre una amplia baraja de espectáculos artísticos.

Este año, la Feria tiene como invitados especiales a Japón, al estado de Sinaloa y El Colegio Nacional. Decenas de instituciones y casas editoriales aprovechan el espacio de la Ciudad Universitaria de Arteaga para exhibir sus novedades. La lista de autores, tanto locales como nacionales y extranjeros, es extensa y puede decirse que los hay para todos los gustos.
Contra mi costumbre, y contraviniendo mis reiteradas recomendaciones de evitar el uso de la primera persona del singular, tema en el que tanto insistía en las clases de periodismo, en esta ocasión acudiré al odioso yo. La justificación, si la hay, es el deseo de expresar públicamente mi agradecimiento a autores e instituciones que tuvieron la gentileza de invitarme como presentador de cuatro obras.

La lista de agradecimientos la haré por orden cronológico. Hoy domingo, el doctor Vicente Quirarte me ha hecho el honor de invitarme a acompañarlo a las 19:00 horas en la presentación de su más reciente libro, Los primeros mexicanos, espléndida y disfrutable colección de ensayos sobre la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano.

Igual distinción recibí de mi admirada Claudia Luna Fuentes, quien mañana lunes, también a las 19:00 horas, dará a conocer Donde la piel, poemas de una intimidad sin concesiones donde se escuchan ecos de la poesía de Emily Dickinson. La autora ha vivido un proceso de maduración cuyos frutos se plasman en este su nuevo libro.

No puedo más que sentirme honrado por la invitación del doctor Javier Garciadiego, expresidente de El Colegio de México, actualmente director de la Capilla Alfonsina y recién estrenado miembro de El Colegio Nacional. Él nos trae la Cartilla moral de don Alfonso Reyes, edición de El Colegio Nacional, a la que agregó un documentado estudio sobre este texto alfonsino que el gobierno federal pretende repartir masivamente. Será el miércoles 15 a las 7 de la tarde.

Tres horas antes, ese mismo día tendré el gusto de acompañar a Guadalupe del Río en la presentación de su acuciosa tesis doctoral Rafael del Río. Cauce poético, dedicada a uno de los más altos poetas coahuilenses del siglo anterior.

LETRAS SUELTAS
La cereza en el pastel del yoyo: El 18 de mayo, el rector de la UAdeC, Salvador Hernández Vélez, y el historiador Lucas Martínez Sánchez harán el favor de hablar de mis Coahuilenses olvidados, cinco ensayos biográficos publicados por la UAdeC.

¡A ver si no me va como en feria en la Feria!
09 Mayo 2019 03:37:00
Casas a 20 pesos
El Centro Histórico de Saltillo –bueno, así le dicen– es un espacio plagado de antiguas casas habitación que no se han desplomado solo gracias a la sabiduría constructiva de nuestros mayores. Algunas, no falta quien le lleve a uno la contraria, ya se cayeron y son hoy informe montón de tierra. No pocos propietarios de estas fincas optaron por tapiar puertas y ventanas, a fin de evitar la entrada de intrusos. Protegidas o no, estas casas dan tan triste aspecto como las otras, las abandonadas.

Y ni siquiera se trata de vestigios de edificios prestigiosos, de ruinas capaces de inspirar a poetas como Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/campos de soledad, mustio collado,/fueron un tiempo Itálica famosa”. No, nuestras ruinas son ruinitas modestas, carentes de poesía, subproducto del abandono, de la muerte de los dueños o de la emigración de las familias a las colonias del norte o del sur. A ellas, quizá, podrían cantar nuestros citaredos municipales: “Estas ruinas que ves, oh Fabio, fueron alguna vez el hogar de mi tía doña Chonita, hermana soltera de mi abuela, quien entregó el alma al Señor hace 30 o 40 años”.

En muchos casos, el abandono se debe a que los abuelos o bisabuelos no se tomaron la molestia de redactar su testamento y lo heredado a sus descendientes quedó en ese limbo que los abogados llaman intestado. ¿Y cómo dividir una propiedad dos generaciones después, cuando el número de personas –nietos y bisnietos– con presuntos derechos a los bienes se cuentan por docenas? Además, ¿quién quiere comprar un lío judicial que posiblemente devenga en demandas y contrademandas?

Así, debido a que los señores y señoras de antes no hacían testamento, las viejas casas se entregan resignadamente al tiempo, la lluvia, la polilla y el viento, para dejarlos hacer lo que mejor saben hacer: deteriorarlas hasta destruirlas. De esa manera, el Centro Histórico, en lugar de hablar orgullosamente de nuestro pasado, se ha vuelto una exhibición impúdica de incuria y dejadez.

El problema, según se lee en los periódicos, no es privativo de Saltillo. En Italia, un buen número de pueblos se está cayendo a pedazos, por lo cual las autoridades decidieron tomar medidas drásticas: vender las casas abandonadas a un euro, alrededor de 20 pesos mexicanos. Quien las adquiera se obliga a hacerles las reparaciones necesarias hasta volverlas habitables.

“‘Case a 1 euro’ –informa El Financiero (4-20-2019)– es un programa del Gobierno con el que se busca rescatar, además de hogares abandonados, faros, torres, estaciones de tren y otros edificios en desuso para mejorar la imagen de las ciudades”. Si usted está interesado en adquirir una casa histórica en el centro de Mussomeli, por ejemplo, entre a la página 1eurohouses.com y escoja la que más le guste.

¿Una idea loca? Es posible, pero algo parecido debe hacerse aquí si no queremos legar a nuestros descendientes un montón de escombros o, en el mejor de los casos, manzanas completas de improvisados estacionamientos, en lugar de Centro Histórico.

Ser propietario en un pueblo o una ciudad conlleva la obligación de pagar impuestos prediales, pero debería haber también otras obligaciones de carácter estético respecto al entorno.

En una medida digna de aplauso, el Ayuntamiento de Saltillo obligará a los dueños de lotes baldíos a mantenerlos limpios. No es fácil, pero ¿por qué no incluir las casas abandonadas en los planes para mejorar el aspecto de la ciudad?






05 Mayo 2019 03:55:00
Odisea bancaria
La minúscula sucursal bancaria está repleta. Largas filas en las dos cajas que funcionan en ese momento y por lo menos una veintena de personas de todas las edades y condición esperan ser atendidas por quienes el banco identifica pomposamente como “ejecutivos de cuenta”. Para su comodidad, la clientela dispone de un único y miserable sillón a punto de jubilación, donde caben, casi obscenamente apretujadas, cinco personas. El resto espera pacientemente –bueno, es un decir– de pie.

Una señora de edad, delgada, con gesto que puede ser de aburrimiento o de enojo, hace equilibrios en el filo del malhadado sillón cuya resistencia al peso humano desapareció mucho tiempo atrás.

Cansados, los de a pie tratan de recargarse en una porción de pared o se sostienen en una y otra pierna de manera alterna, con la idea de ofrecer momentáneo descanso a sus extremidades inferiores. Mientras, un niño de 8 o 10 años se distrae haciendo acrobacias en el piso entre las filas frente a las cajas. Su madre, aún joven, de pantalón floreado, intenta inútilmente detener la vigorosa movilidad del chico, a quien las llamadas de atención maternas le hacen lo mismo que dicen le hizo el aire a Juárez.

Con solamente dos cajas funcionando, las empleadas no se dan abasto para atender a la fila, que en lugar de disminuir crece con la llegada de más clientes. La velocidad de la atención es superada ampliamente por los requerimientos de servicio.

Dos ejecutivos de cuenta y una mujer vestida de azul marino y zapatos negros de altos tacones atienden a la de-sesperada clientela. Bueno, eso en el mejor momento de la jornada, porque, de pronto, una de las ejecutivas abandona su puesto y sale del banco con rumbo desconocido. Seguro la reclamaría un asunto de suma importancia, pues no volvió a aparecer en la siguiente hora y media.

La mujer de azul y altos tacones es funcionaria importante. Esto lo delatan un letrero pegado a espaldas de su escritorio donde se lee: “Subdirectora”, y el hecho de que la única copiadora de la sucursal está en su espacio. A la copiadora acude cualquier miembro del personal del banco necesitado de obtener copias de un documento. Y todos los empleados del banco tienen urgencia de copiar algo.

Finalmente, hora y media después, el cliente “N” es llamado al cubículo de la subdirectora. Uno, ingenuo que es, piensa que, gracias a la computadora, internet y demás chimastrajos de la modernidad, las operaciones se agilizan. ¡Error! Nada de eso. La señora subdirectora teclea y teclea en su computadora y tarda no menos de 15 minutos en localizar la cuenta del señor “N”.

El hombre, optimista que ha sido siempre, pensaba que sus dos asuntos, la obtención de una copia del estado de cuenta y el reclamo de una veintena de cargos indebidos a su tarjeta de crédito, se resolverían rápido.

¡Qué ingenuidad! La subdirectora tarda más de media hora en localizar los errores y después de hacerlo le hace una recomendación: “Llame a tal teléfono de la Ciudad de México”.

Ni para qué alargar el relato con los avatares de la conferencia telefónica, durante la cual una señorita de voz dulce repitió dos docenas de veces: “Espere, señor ‘N’, estoy generando su folio”.

Epílogo tragicómico: Luego de perder más de tres horas, “N” se quedó con la promesa de reembolso de cargos indebidos, la tarjeta de crédito cancelada y la idea de dar una variante al Sermón de la Montaña, “Bienaventurados los pobres, porque ellos no tienen que lidiar con los bancos”.

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